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UNA ENTIDAD DE LES CORTS

Sonrisas voluntarias

La fundación Soñar Despierto asesora y entretiene a niños y jóvenes en riesgo de exclusión social La oenegé cuenta con un equipo de 900 voluntarios en varias ciudades españolas

ANNALISA PALUMBO / BARCELONA

Camisetas blancas con el lema "Hoy es un buen día para empezar a soñar", una vez al año invaden el parque de atracciones del Tibidabo. La fundación Soñar Despierto, con sede en Deu i Mata, 42, en el barrio de Les Corts, lleva años apoyando a niños y jóvenes en riesgo de exclusión social y, entre otras cosas, organizando para ellos un día soñado en el parque de atracciones del Tibidabo.

"Soñar Despierto nació en México en 1998 -explica el director Quim Guinot- gracias al compromiso de un chico, David Margain". Un año más tarde, Margain vino a estudiar a Barcelona, siguió con el proyecto e involucró a algunos de los compañeros de universidad. En el 2007 pasó de ser asociación a fundación y desde entonces no ha parado de crecer. Ahora, está en Madrid, Sevilla, València y Barcelona, su sede central.

El objetivo principal de la fundación, que cuenta con 350 socios y 900 voluntarios en España, es proporcionar a niños y jóvenes en riesgo de exclusión todo lo que necesiten, tanto en el aspecto material como en el emocional. Por ello, la fundación busca recursos para financiar actividades extraescolares para niños que estén en centros de acogida, residenciales o centros abiertos, o ayuda a los centros a encontrar lo que necesitan, como carritos para bebés o bicicletas.

PARQUE DE ATRACCIONES

Trabajadores, socios y voluntarios permiten que Soñar Despierto desarrolle tres tipos de actividades: Educar sonrisas, donde un voluntario asesora al niño con los estudios; Amigos para siempre, pensado para actividades lúdicas semanales, y Pequeños grandes momentos, para necesidades individuales del menor, como un curso de natación o asistencia psicológica.

En la última edición de la Fiesta del Niño, el pasado 3 de junio en el Tibidabo, fue evidente el despliegue de voluntarios. Una de ellos, Valeria Irace, administrativa de la empresa Zurich, explica: "Es la primera vez que participo y ha sido un día realmente inigualable, una caricia al alma". A su lado, Marina Arjona, educadora del centro Dida, de Badalona, destaca: "Los niños se lo pasan bomba y si no fuera por la fundación muchos no podrían permitirse según que tipo de actividades".

Pero los voluntarios no solo dan. También reciben. "Hace tres años que soy voluntaria de Soñar Despierto -cuenta Aurora Rosales, adjunta de la dirección artística del Teatre Lliure- y con ellos aprendí que si quieres, puedes". Según Rosales, uno de los méritos de la fundación es dar espacio a las necesidades afectivas que todo el mundo puede cumplir: "No hace falta saber nada, solamente estar dispuesto". Y los niños lo agradecen. "Los mayores, de familias desestructuradas, reconocen el valor de una persona que va a verlos para pasar tiempo con ellos sin ser su trabajo", afirma. "Lo mejor es que te dan las gracias todos los días", añade Guinot.