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UN VECINO DE LES CORTS

Xavier Solà, de 'La nit dels ignorants': "La calidez de Les Corts me caló poco a poco con los años"

CARME ESCALES / BARCELONA

En el silencio profundo y sereno de la noche en Les Corts, el motor de una bicicleta eléctrica, oxigenado por el pedaleo, es el único silbido, suave y relajado, que se balancea en la calma del paseo que lleva a Xavier Solà hasta su casa. Las agujas del reloj sobrepasan las tres de la madrugada y el periodista deja a sus espaldas la radio donde dirige y presenta el programa La nit dels ignorants 2.0.Han pasado 30 años desde que Xavier Solà (Sant Feliu de Guíxols, 1960) aparcó su Vespa junto a la barcelonesa avenida de la Diagonal, camino de una prueba como pinchadiscos en la radio en la que Josep Cuní lo había convocado. "Soy hijo de panaderosMi madre siempre estuvo frente al mostrador con mis hermanas -son tres chicos y dos chicas-, y mis hermanos y yo, con mi padre, hacíamos el pan en el obrador", explica el periodista.

"Yo era muy parlanchín. Siempre tenía ganas de hablar. Mi padre, de broma, le decía a la gente, cuando yo todavía era un niño: 'Miren a este hijo mío, le pagan por hablar'", rememora Solà, al que después de aquella prueba en Catalunya Ràdio, y hasta hoy, le han pagado siempre por hablar. En su sexta temporada ya del programa en el que los oyentes formulan preguntas para que otros las respondan, el periodista, que anteriormente había presentado El Suplement, en la misma emisora, siente que la vida procuró por él.

CAMINOS QUE SE ABREN

Ganas de charlar y su pasión por la música se subieron con él a la Vespa rumbo a la ciudad. "Es un consejo que les doy ahora a mis hijas -la mayor de ellas estudia Bellas Artes-: 'Dejaros llevar por la vida, que la vida tendrá un lugar para vosotras'", dice Solà. El suyo estaba en Les Corts.

"Al principio, para mí este barrio fue exclusivamente dormitorio", precisa el periodista radiofónico. "Hasta al cabo de muchos años no sentí la conciencia de que este es mi barrio. Al fin y al cabo, yo no lo había elegido, fue la radio la que me trajo a él», reflexiona. «A veces pienso que a la radio le debería dedicar un homenaje porque ella me trajo y por ella mis hijas nacieron aquí; aquí tengo un piso -primero de alquiler y luego en propiedad- y, sobre todo, porque gracias a ella, llenamos la nevera", formula el vecino de Les Corts.

De los cinco hermanos que son, él ha sido el único que dejó Sant Feliu. Pero gracias a su dedicación, se puede decir que nunca ha abandonado ni a la población, a donde siempre llega su voz, ni a los suyos. "Mi hermano que heredó el negocio familiar, escucha mi programa mientras hace pan", explica Xavier Solà. A él tampoco le falta el contacto con sus raíces, su olfato es el nexo con él. El olor a panes y cruasanes acabados de hornear y otros aromas de la pastelería matutina invaden su camino de vuelta a casa, al salir de la radio, conectándolo con ese pasado entre harina y levadura.

"Estos olores forman parte de la calidez de Les Corts que -dice- sigilosamente ha ido calando en mí, poco a poco, con el paso de los años". Así, hasta que hoy este vecino del barrio ya puede afirmar rotundamente: "Soy de Les Corts, y me gusta», dice quien considera que «Barcelona es muy respetuosa con todo el mundo". Con él lo ha sido siempre. "Yo vine a la ciudad para comunicar, para trabajar en Catalunya Ràdio. Ese era mi cometido y el barrio, un lugar práctico, cercano, cómodo para retirarme a descansar", explica.

VOZ RECONOCIDA

En el restaurante L'Altre Caliu de Finestrelles, uno de sus restaurantes predilectos en el barrio, Lina y Àngels, las propietarias, lo reconocieron por su voz. No hacía falta abrir los ojos, como tampoco no les hace falta a los clientes de estas dos hosteleras. Algunos de ellos localizan el establecimiento guiándose, en la calle, por los aromas de sus elaboraciones. "El interior, igual que el trato, es muy acogedor, y tienen algo que pienso que si yo abriera un restaurante, copiaría. Una carta sencilla, con esqueixada, ensaladas, pies de cerdo, caracoles y carnes a la brasa, y bien atendido", dice. Siempre que puede, Solà elige una mesa redonda en el local. "De Gaudí aprendí que no hay en la naturaleza ángulos rectos, creo que por eso me gustan las mesas redondas", declara el vecino.

En el paseo por sus lugares habituales o preferidos en Les Corts, la naturaleza le guía. "Fíjate, cortan el tronco de un árbol y la vegetación sigue surgiendo a su alrededor. La naturaleza se sigue imponiendo", dice, quien antaño fue copiloto de trial. Lo cuenta mientras camina por la calle que lleva su apellido, Solà. "Creo que no tiene nada que ver con mi familia, pero tampoco lo he investigado", precisa el periodista que, gracias a su horario laboral -entra a las 8 de la tarde y sale pasadas las 3 de la madrugada- disfruta de la luz, los silencios y las mañanas que no todos los vecinos de Les Corts conocen.

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