ASUNTOS PROPIOS

Servando Rocha: "En el futuro la gente pagará por perderse"

Servando Rocha: "En el futuro la gente pagará por perderse"

Joan Cortadellas

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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Inauguramos el año con un hijo de La Palma, la isla que más deseaba olvidar el 2021. Se trata de Servando Rocha (Santa Cruz de La Palma, 1974), un hombre luminoso al que le fascina lo oscuro. Experto en movimientos de vanguardia y contracultura, es editor de La Felguera y ha comisariado la exposición del CCCB 'La máscara nunca miente', una historia subterránea del último siglo (no apta para prejuiciosos). 

¿Quién hay detrás de su máscara?

Hay un canario que llegó hace 30 años a Madrid. Alguien que piensa que todavía hay secretos que desvelar. Me interesa la anomalía.

Raro en alguien de una isla pequeña y solar, ¿no?

Los mitos son apenas tres o cuatro. ¿Por qué nos fascina lo horroroso, lo singular, lo negro? ¡Porque pueden ser bellos! Fantômas sedujo a los surrealistas porque hacía cosas con las que todos fantaseamos: trepar por los tejados, transformarse, no dejar rastro. Hoy nos atrapa el 'true crime', por ejemplo, y eso no quiere decir que compartamos las intenciones de los criminales. 

¿No hubo un capítulo tenebroso en su infancia?

[Ríe] No, no. Tuve una infancia muy normalita. El interés viene de la conciencia de un mundo en declive en el que el misterio desaparece. En el futuro la gente pagará por perderse.

Estamos ultralocalizados, sí.

El anhelo de lo invisible, de lo no escrito todavía, está en nuestra naturaleza. De algún modo, es el motor del progreso. La actual conquista del espacio no es más que una revisitación de la conquista de América, por ejemplo.

¿La pandemia tendrá una clave oculta?

En todo caso, nos ha habituado a hablar con rostros mutilados por una máscara, y sublimamos lo que no vemos. Nos acostumbra a un futuro que no controlaremos.

Usted viene del punk, nos lleva ventaja.

Crecí en un ambiente de caos y drogadicción, de gente muy al límite, pero nunca fui así. Yo soy creyente, no ateo.

¿Y eso?

Soy partidario de crear un sistema de ideas, no de adscribirme a una ideología. No podría ser seguidor de una iglesia fundada por Aleister Crowley, pero sí por William Blake. El 'hazlo tu mismo' no deja de ser punk, ¿no?

Hábleme de la última cosa que ha cosquilleado el cerebro.

Mi libro 'Todo el odio que tenía dentro' trata de evitar parte de la desmemoria de la posguerra. El franquismo fue una dictadura, pero había un submundo por el que circulaban mercenarios del GAL y tipos que fundaban la modernidad. No hay nada más reaccionario que ver el pasado como pasado. Los muertos del pasado deben pasear por el presente de los vivos, para explicarnos quiénes somos.

¿Los bajos fondos cuentan cosas?

Sí. Durante 20 años ejercí como abogado y en el turno de oficio defendí a asesinos y a narcotraficantes. Descubrí que no hay un 'ellos' y un 'nosotros', que en determinadas circunstancias o simplemente por azar, cruzas la delgada línea. Yo no he matado a nadie con mis manos, pero mi expediente no está del todo limpio.

¿De veras?

Alguna cosa ilegal he hecho. Estuve con ángeles del infierno negros en Oakland, para escribir un libro; y en los primerísimos 90 sufrí violencia de todas partes. De la policía, de los nazis –la cicatriz en la cara me lo recuerda–, me intentaron apuñalar. El dolor físico pasó, la sensación de vulnerabilidad no. Pero todo eso me ha ayudado a no banalizar, a comprender. 

¿Dónde está la contracultura ahora?

Es complicado. La contracultura interesante es aquella que se anticipa, y ahora todo va muy rápido y es reapropiado. Cuando lo nombramos, ya ha pasado. La máscara de V de Vendetta, por ejemplo, ha sido utilizada en manifestaciones de policía. Los jóvenes lo tienen todo y no tienen nada. Hay una nefasta promoción del esfuerzo.

¡Ay, el punky...!

Hay programas de televisión en los que les arrebatan incluso el derecho a no ser una estrella, a no tener talento. ¿Un niño de 7 años haciendo unos fettuccine Alfredo o cantando como Luciano Pavarotti? ¡Debería estar prohibido! A mi hija le insisto en la importancia de hacerse preguntas en una época en la que casi no hay enigmas.

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