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Pierre Charbonnier: "Tienen que saber cómo funcionan las infraestructuras básicas en caso de catástrofe"

Pierre Charbonnier.

Pierre Charbonnier. / ELISENDA PONS

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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La cumbre de Glasgow que empieza este domingo decidirá el mañana. Pero también nosotros, todos, tenemos alguna responsabilidad. El filósofo Pierre Charbonnier, autor de 'Abundancia y libertad' –una historia medioambiental de las ideas políticas–, explicó esta semana en el CCCB la necesidad de una transformación ecológica de las ideas.

Ilumine al ciudadano que enfile hacia el 2050.

Debe saber protegerse frente a las catástrofes naturales...

¡Qué dice!

En el sistema escolar contemporáneo el conocimiento de las estructuras técnicas de abastecimiento de luz y gas es tan básico como saber leer. Hay que entender cómo funcionan para saber a qué o a quién dirigirse en momentos de crisis.

"Se debe promocionar al que es capaz de reducir costes ecológicos más que al que aumente la productividad"

Suena muy extremo, la verdad.

Y hay que exigir que el coste de la transición ecológica sea repartida de forma equitativa. Hoy hay un tremendo analfabetismo ecológico –más grave entre los menos favorecidos–. Es urgente, por ejemplo, inventar un sistema de promoción del que sea capaz de reducir costes ecológicos más que del que aumente la productividad. Reconocer socialmente al agricultor y el albañil.

Un 1% decide, en general, no ellos.

Un sistema democrático es aquel en el que las élites que quiebran pierden el poder. El problema es que las élites han quebrado y no lo pierden. Hay que hacerlas caer.

¿Habla de un escenario de conflictos?

Es lo esperable. Si no hay polarización, nada trascendental puede pasar. 

Una parte de esa élite habla de la conveniencia de las medidas autoritarias.

Mi hipótesis es que no habrá un agente del Estado que te encarcele sin motivos, pero sí que te proteja de los fenómenos naturales. Para que eso pueda durar en el tiempo, el sistema jurídico debe interiorizar unos límites ecológicos, como el control sobre las formas de propiedad de los recursos o la prohibición del abaramiento sin fin de los vuelos.

"Hay que reaprender que la libertad es un fenómeno colectivo, no individual"

¿Adiós a la libertad?

Hay que reaprender que la libertad es un fenómeno colectivo, no individual. Cuando se hable de limitar el tráfico aéreo o el consumo de carne, mucha gente lo vivirá como un ataque a la libertad, pero será un ataque a formas de consumo para preservar una mayor libertad. De hecho, los sistemas públicos de salud y educación están llenos de restricciones en beneficio de la libertad común. La ecología enfrenta la libertad social a la individual.

La libertad social no es una idea digerida.

Algo que permitiría una mayor economía de recursos es la mutualización de los bienes, pero el individualismo es un muro antropológico contra el que chocaremos. La construcción de la idea según la cual la libertad no es un fenómeno social está ligada a una especie de utopía económica según la cual si cada uno se comporta como un pequeño economista, engendra el bien común. El problema es que olvida a ciertos grupos sociales e instrumentaliza a otros a través del trabajo. Las dos guerras mundiales y las grandes crisis pueden ser leídas como consecuencia de un imperialismo capitalista completamente loco.

"No es cuestión de abolir el capitalismo, sino de corregirlo, de manera que exista sin destruir a la sociedad"

¿Qué sugiere?

No es cuestión de abolir el capitalismo, sino de corregirlo, de manera que exista sin destruir a la sociedad. El gran sistema de protección social se construyó en un momento en el que la demanda material de la economía era gigantesca. El capitalismo integró a la maquinaria económica petróleo, carbón y gas. Pero el círculo virtuoso de extensión de la productividad se ha convertido en un círculo vicioso: destruye el planeta y empobrece a la gente, pero a la vez provee la redistribución.

¿Cómo acabar con el círculo vicioso?

Hay que salir sin instrumentalizar la cuestión social para mantener la productividad, ni instrumentalizar la cuestión climática para desembarazarse de la cuestión social.

Pues ya dirá.

A corto plazo, la respuesta a los problemas climáticos pasa por el modelo de sustitución de una economía fósil a una renovable. Crea un nuevo problema ecológico –las baterías de los coches eléctricos exigen minerales y cantidades gigantescas de agua–, pero tiene una ventaja incontestable: permite la participación de los inversores. Eso hace la transición factible.

"Cuando haya un compromiso con otro modelo de producción, el espacio democrático se ampliará"

¿Una solución tímida?

Es la posible. Y como soy optimista, creo que cuando haya un compromiso con otro modelo de producción, el espacio democrático se ampliará y la sociedad civil querrá ir un poco más lejos.

Ojalá tenga razón.

La cuestión es quién va a pagar por nuestra precariedad energética, que a la vez es ecológica. El movimiento de los 'chalecos amarillos' en Francia no era ecologista, clamaba contra un sistema en el que la voluntad de responder al desafío climático se cargaba en los más pobres.


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