ASUNTOS PROPIOS

Joan Matabosch: "Prefiero un buen musical a una ópera de medio pelo"

  • El Teatro Real de Madrid, del que es director artístico, ha sido bendecido por los International Opera Awards como la mejor ópera del mundo.

Joan Matabosch, el director artístico del ’mejor teatro de ópera del mundo’.

Joan Matabosch, el director artístico del ’mejor teatro de ópera del mundo’. / JOSÉ LUIS ROCA

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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El Teatro Real de Madrid es la mejor ópera del mundo. Lo ha dicho esta semana los International Opera Awards, que vienen a ser como los Oscar de la lírica. El ebullescente cerebro que está detrás del coliseo –abierto durante el repliegue pandémico de la cultura– es Joan Matabosch (Barcelona, 1961), su director artístico. Un hombre divertido, enciclopédico y astuto que ya había elevado el listón del Liceu.

-¿Rompió la distancia social para celebrar la noticia?

-Nuestros 'botellones' dan pena. En el estreno de 'Peter Grimes', hicimos una fiesta apoteósica: repartimos un benjamín a cada miembro del equipo artístico, nos fuimos a casa, nos conectamos por Zoom y brindamos.

-En las antípodas del "libiamo" de 'La Traviata'.

-Si tomas la decisión de intentar tener el teatro abierto en pandemia, debes seguir el protocolo de manera implacable. Con mucha cintura y capacidad de adaptación, hemos podido hacer el 85% de la programación.

"La felicitación de Banderas me hizo una ilusión loca. Soy fan desde que, en 1983, le vi en el 'Eduardo II' de Lluís Pasqual"

-Banderas, Ayuso y el Liceu le han felicitado. ¿Quién le ha hecho más ilusión?

-[Ríe] La felicitación de Banderas me hizo una ilusión loca, porque soy fan de él desde que lo vi haciendo de Gaveston en el 'Eduardo II' que dirigió Lluís Pasqual en el María Guerrero, en 1983...

-Su fama de memorioso le precede. 

-... La de Ayuso también fue bienvenida. Es la presidenta de la Comunidad, una de las instituciones que apoyan el teatro. Y la felicitación del Liceu, ¿qué le voy a contar? La primera vez que fui tenía 5 años –vi una 'Fedora' de Giordano, con Giuseppe Di Stefano–, desde entonces no he faltado a una sola temporada y trabajé en él durante 17 años.

Matabosch, en el Teatro Real, el pasado lunes.

/ Chema Moya / EFE

-Sin usted, no habría premio.

-Hay que ser imbécil para creer que es un premio dirigido a una persona. Se supo la noticia minutos antes de que acabara la última función de 'Peter Grimes'. Inmediatamente, fue considerado como propio por los técnicos del escenario, y luego por los artistas. La regidora lo anunció al público, que también estalló en aplausos. ¡No puede estar más socializado! 

-Échese alguna flor, hombre.

-Un director artístico debe tener lo que los ingleses llaman una visión, saber cuál es el discurso artístico que hay detrás del teatro. La nuestra es la calidad de la orquesta–también nominada en los Opera Awards– y el coro, y la renovación del repertorio.

-Dicen que tiene mano con los divos. ¿Algún cotilleo jugoso?

-¡No acabaríamos nunca! A ver... Cuando empecé a trabajar como director artístico del Liceu, Caballé estaba al final de su carrera. En uno de los últimos recitales, una señora del quinto piso le gritó: "¡Cantaaa 'Vissi d’arteee'!". Y ella contestó: "¡Ay nena, qué más querría yo!".

"He estado en la gestación de entre 250 y 300 óperas. Eso me empieza a impresionar"

-¿Ha lidiado con quejas por abusos machistas o de poder?

-No he tenido cerca nada de eso.

-Un alivio. ¿Cuántas óperas habrá visto?

-Lo que me empieza a impresionar es el número de óperas en las que he estado detrás de su gestación: entre 250 y 300. Lo que pone de manifiesto es que comienzo a tener una edad.

-También que empezó increíblemente pronto, por 'culpa' de sus padres.

-Mis padres son bibliófilos militantes, y en casa siempre hubo una gran sensibilidad por la literatura, el teatro, las artes. Nos hicieron estudiar música y los veranos consistían en viajar a festivales. Salzburgo, Aix-en-Provence, Edimburgo, Orange...

-Montaban veladas musicales en el salón.

-De manera informal. Pero sí, por casa pasaron cantantes que luego hicieron carreras impresionantes, como Stefano Palatchi.

"Entre amigos cantaba muchas arias, y buena parte del repertorio del Paral.lel"

-Y usted, en esas 'soirées', cantaba arias.

-Entre amigos cantaba muchas. Y no solo arias, también buena parte del repertorio del Paral.lel. Todos tenemos un pasado, ¿no?

-No le hacía un gusto popular.

-Pues me gustan el jazz y los musicales. A veces las fronteras son absurdas. Si hay calidad en un espectáculo alejado de lo que convencionalmente entendemos por ópera, bienvenido sea. Prefiero mil veces un buen musical de Sondheim a una ópera de medio pelo.

-¿Habrá equivocado el camino?

-Lo que me fascinaba a los 20 años eran los medios de comunicación y la sociología. Trabajé como periodista, hasta que Albin Hänseroth, director artístico del Liceu, me dijo: "Tu mundo no es el que tú piensas, es este". Ahora tengo clarísimo que tenía razón.

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-¿Más días de plenitud que de agobio?

-Los de plenitud han coincidido con los momentos en que las instituciones en las que he trabajado tuvieron auténtica ambición. El Liceu, después de la reconstrucción, la tuvo y se convirtió en el modelo de gestión. Y el Real se deja guiar y respalda esa visión de la que le hablaba. El premio lo viene a confirmar.