ASUNTOS PROPIOS

Amarna Miller: "Hay que convencer a los hombres desde el deseo"

  • La exactriz de cine para adultos y activista feminista publica 'Vírgenes, esposas, amantes y putas'

  • Invita a los hombres a examinar los aspectos de la masculinidad hegemónica que les perjudican

Amarna Miller, en Barcelona.

Amarna Miller, en Barcelona. / RICARD CUGAT

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Trabajo sexual y feminismo parecen antitéticos. Amarna Miller (Madrid, 1990) -"obsesionada con la naturaleza, el arte y el crecimiento personal"- se sumó al feminismo después de ser actriz de cine para adultos, y deshace este y otros prejuicios en 'Vírgenes, esposas, amantes y putas' (Martínez Roca).

-Usted, dice, descubrió el poder de la feminidad gracias al trabajo sexual.

-Cuando era trabajadora sexual aún tenía esa idea de "ni machismo ni feminismo", pero me marcó un extracto de 'Teoría King Kong' de Virginie Despentes en el que narra el momento en que se hizo prostituta. Verse con tacones y minifalda, dice, y ver lo que provocaba, le supuso una suerte de liberación. Me sentí identificada, porque el porno es la performatización de la ultrafeminidad. Podía ser abiertamente sexual, sin rendir cuentas a nadie. En tu día a día, si te muestras sexualizada, los resultados son catastróficos.

"En el porno podía ser abiertamente sexual, sin rendir cuentas a nadie. Mostrarte sexualizada en tu día a día tiene resultados catastróficos"

-El porno cosifica y mercantiliza el cuerpo de las mujeres, ¿no cree?

-Conviene hacer una aclaración: yo no era una actriz porno al uso. Creé mi productora, rodé mis cositas y actué durante dos años y pico. Mi discurso, entonces, era que las cosas había que cambiarlas desde dentro. Fui poniendo mis notas en la industria, como rodar sin depilar. El porno 'mainstream' es una industria machista, sí, como lo es cualquier industria en la que no hay una regulación.

-Habla de porno ¿feminista?

-Es un mundo en el que no hay un convenio al que acogerse, todo se paga en negro, no te dan alta en la Seguridad Social. Lo primero es garantizar derechos. Pero una parte del feminismo tiene reticencias a la hora de intentar cambiar las cosas desde dentro. Y yo creo que para romper con el amo hay que hacerlo con las herramientas del amo. 

-Corrija a las abolicionistas.

-No es mi voluntad. Solo siento que, en el contexto económico que vivimos, dedicarse a lo que es vocacional es un privilegio que te cagas. Hay gente cuyo rango de opciones para llevar dinero a la mesa es mucho menor. Me parece tremendamente paternalista intentar reducirlas aún más. Estamos hablando de un contexto en el que hasta la actriz porno más glamurosa está en una precariedad que usted nunca verá en su vida. En el debate del trabajo sexual hay muchísimo clasismo, condescendencia, paternalismo. Estamos 'salvando' a una supuesta mayoría invisibilizada a la que no damos voz.

Amarna Miller, en Barcelona.

/ Ricard Cugat

-Aun así, es lástima que sea un modelo de iniciación sexual.

-Los jóvenes no aprenden a conducir con el Grand Theft Auto.

-Muy cierto.

-La educación sexual debe venir de los padres y los educadores, que siguen teniendo miedo a hablar de sexo con los niños, sobre todo porque su edad de descubrimiento sexual es cada vez más temprana. Tanto en el porno como en las series tiene que haber una responsabilidad a la hora de mostrar una realidad que sea diversa.

-Porno aparte, usted reconoce que le costó construir su amor propio.

-Desde pequeñas nos enseñan que nuestra valía depende de cómo los otros juzgan nuestra valía. A diferencia de los hombres, cuya valía está más orientada hacia el entorno laboral, el dinero, las propiedades, incluso -irónicamente- las mujeres que les acompañan, en nosotras todo se centra en nuestro aspecto. El ser una mujer tiene que ver con embellecerse. Mis problemas de autoestima, como en la mayoría, dependían de la concepción del género.

"De niña, recuerdo darme cuenta de que ya no podía salir en braguitas a recibir a los amigos de mis padres. Nacía el miedo constante a la violencia sexual"

-Hasta que llegó el día en que se cansó de verse "con los ojos de los otros".

-No hubo una epifanía. El primer clic lo tuve en el momento en que pasé de ser niña a adolescente. Recuerdo darme cuenta, de una forma violenta, de que ya no podía salir en braguitas a recibir a los amigos de mis padres. Apareció de repente el miedo constante a la violencia sexual, que modificó por completo mi tránsito por el espacio público.

-Más clics.

-A los 18 años me empecé a plantear cosas como por qué me depilaba desde los 13, cuando ni siquiera tenía pelos. Eso me llevó a pensar cómo de interiorizadas tenía unas ideas con las que no estaba de acuerdo. Cuanto más mayor me hago, más me da igual lo que piensen de mí.

-¿Qué mujer es a los 30?

-Siento que he crecido y he aprendido a empatizar más, a no ser tan rígida en mis opiniones. Yo busco cómplices, busco comunidad. Lo que me hace más feliz en el mundo es discutir. Cuando no existe espacio para la objeción, hablamos de totalitarismo.

-Descubra su palanca de cambio.

-Estoy muy centrada en la inteligencia emocional. Yo llegué al psicólogo después de vivir una relación de maltrato y aprendí a identificar cosas que eran supertóxicas. Por ejemplo, era una persona muy celosa.

-¿Siente miedo y culpa, como la mayoría de mujeres?

-Me repito mantras que me ayudan a sentir que lo que hago es legítimo. Una es: "Mereces lo que tienes".

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-Va, a horas del 8-M, recomiende alguno para que los hombres abracen el feminismo.

-A veces el feminismo cae en un círculo un tanto identitario. Eso de "tenéis que renunciar a vuestros privilegios" es una aproximación agresiva. Pocos se sienten apelados cuando los recriminas. Hay que convencerlos desde el deseo. Decirles que la perspectiva de género también les va a ayudar. Ellos tienen que hacer una reflexión sobre sus experiencias y comprender qué aspectos de la masculinidad hegemónica no les vienen nada bien.