ASUNTOS PROPIOS

David Guetta: "Vendrán años de fiesta como no hemos visto nunca"

El DJ número uno del mundo ofrece hoy un concierto en 'streaming' desde Dubái en favor de la educación 'online' universal

David Guetta, en Dubái, donde reside.

David Guetta, en Dubái, donde reside. / Autorretrato

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Siempre ha funcionado como la inyección de adrenalina que reanimaba al más indolente en los festivales (¿recuerdan?). Y pese a los 50 millones de discos vendidos, los 13.000 millones de streams y los 20 millones de seguidores en Twitter, David Guetta, parisino de ascendencia sefardí, 53 años, es un caballero entrañable. Este sábado oficia un concierto global (a las 15 horas en España) desde el helipuerto suspendido en lo alto del Hotel Burj el Arab de Dubái, ciudad donde reside. La finalidad: recaudar fondos para el acceso universal a la educación 'online'.

-¿David Guetta sin público es como Michael Phelps ante una piscina de goma?

-¡Amo estar sobre el escenario! Es terrible no poderme expresar. Pero leo los miles de mensajes de la gente que me dice «gracias», «nos das felicidad», «haces que nos olvidemos de todo» y, cuando empiezo el 'show' en 'streaming', pienso en todos ellos haciendo la fiesta en sus casas.

-¿Qué sonido quiere lanzar al éter?

-El de una película de ciencia ficción. Los instrumentos electrónicos dan a mi música un toque sombrío, pero también muestro luz al final del túnel. Amo el yin y el yang, mezclar emociones.

-¿El covid ha mezclado las suyas?

-Es curioso, poco antes de la pandemia, y inauguré un nuevo sonido, el future rave, que retorna a mis orígenes: la música electrónica. Al mismo tiempo, mientras la mayoría de DJs y productores se inhibían ante la falta de expectativas, sentí que debía dar sin esperar a recibir. He hecho aún más música y me he enrolado en proyectos benéficos como 'United at Home'.

-¿Alguien como usted nota las crisis?

-Está claro que soy un privilegiado. Tengo dinero. No sufro el estrés de no saber qué voy a comer mañana o cómo pagaré el alquiler. Pero detrás de mí hay técnicos, mánagers, seguridad. Espero que la gente se vacune.

-¿Se ha vacunado?

-Sí. Resido en Dubái, el segundo país que ha ido más rápido en la vacunación.

-¿Por qué vive ahí un parisino?

-Solía vivir en un avión, pero en este momento estoy mejor en Dubái, donde aún existe un poco de vida social, hay restaurantes abiertos y el virus está más o menos controlado. Además, mis hijos están conmigo porque siguen sus estudios 'online'.

"Si la gente no se quiere vacunar, es libre; pero que se queden en casa"

-Sin fiesta, ¿hay vida?

Hay responsabilidad. El pasado verano le dije a los dueños de los clubs de Ibiza: «Estoy aquí para dar felicidad a la gente, no para que enfermen». No actué. Espero que este verano abran todos, pero, mientras, no entiendo la negativa de muchos en Europa sobre el pasaporte covid. Si la gente no se quiere vacunar, es libre; pero que se queden en casa. No pueden impedir que existan los festivales por no querer figurar en una lista. La entrada en un club debe estar prohibida si no eres negativo o no estás vacunado.

-Quién le ha visto y quién le ve.

-No creo en los políticos, pero sí en que cada individuo puede hacer algo para mejorar la sociedad. Mi responsabilidad social es ofrecer música y, aún teniendo buena salud y no siendo demasiado viejo, vacunarme.

-Igual, cuando todo pase, ya no habrá ganas de verbena.

-Cuando pase la pandemia, vendrán uno o dos años de fiesta como jamás hayamos visto. Me darán el toque y allí estaré.

-Es un hombre confiado. ¿Y qué más?

-Soy alguien normal que ha elegido una vida un poco alternativa, pero no entro en el cliché del rock star. Eliges ser artista por el estilo de vida o por la música, y yo lo hice por esto último. Cuando en la discoteca los otros se pasaban de rosca, yo me sentaba al lado del DJ para ver como 'mixeaba' y tomaba notas. Era el rarito que no consumía.

"Crecí en una familia de intelectuales de izquierda y en la adolescencia, por rebelión, opté por el capitalismo"

-También era la oveja negra de una familia de intelectuales de izquierda.

-¡Total! Pero tuve la suerte de poder vivir de mi pasión y es como si hubiera hecho un pacto con la vida: ella me daba mucho y yo no podía ser irrespetuoso.

-Se ha zafado de la cuestión familiar, ¿eh?

-Durante la adolescencia, por rebelión, opté por el capitalismo. [Ríe]. Pero, es curioso, huí de la educación 'hippy' y a los 45 años tuve la 'crisis de los 40' y volví a ella yo solo.

-¿Sus hijos quieren matar al padre?

-¡Qué va! Elvis y Angie, de 17 y 13, son unos chicos muy serios. Los primeros de la clase. «Sed un poco más cool», les digo a veces.

-Si ellos no le inquietan, ¿qué hay de la camada de 'disc jockeys' que le pisan los talones?

-Siempre trato de rodearme de gente joven. Yo tengo la experiencia y ellos, nuevas vueltas creativas. Si mejoran mi música, son bienvenidos a la aventura. Mi ego no está sobredimensionado.

"Solo hago bailar a la gente, no he inventado la vacuna"

-¿No se mira al espejo y dice: «Soy el 'fucking master' (perdón)»?

-Puedo ser el número uno en mi microcosmos, pero no he inventado la vacuna contra el covid. Estoy orgulloso de lo que he conseguido, pero tiene una importancia relativa. Solo hago bailar a la gente. Seguramente, cuando hoy esté en lo alto del Burj el Arab diré: "'Voilà', soy David Guetta".

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-¿A quién le gustaría gustar hoy?

-Una vez, mi compañera me dijo: "¿Por qué tienes la necesidad de gustar todo el tiempo?". Y honestamente, si encuentra a un artista que le diga que pasa de gustar, es un mentiroso. Yo necesito que todos me quieran. Y creo que no soy el único.

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