ASUNTOS PROPIOS

Jordi Sánchez: "Ser más infeliz que cobarde me hizo salir adelante"

Jordi Sánchez, a caballo entre la televisión, el cine y la escritura.

Jordi Sánchez, a caballo entre la televisión, el cine y la escritura. / ELISENDA PONS

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Serenidad, trabajo, dolor. Ese podría ser su resumen del 2020 al fin clausurado. Jordi Sánchez (Barcelona, 1964) -el Antonio Recio de 'La que se avecina'- tiene una obra en cartel –'Kràmpack' está en el Aquitània Teatre hasta el día 22-, este mes emiten la serie 'Señor dame paciencia' y en febrero estrenará pieza teatral, 'Asesinos todos'. Una racha empañada hace apenas dos semanas. 

-Ha dejado atrás un año ambivalente.

-Los meses en casa los viví bien. Pasé largas horas delante del ordenador, conectado por Zoom con Pep Antón Gómez, escribiendo la obra de teatro 'Asesinos todos', y ultimando un libro, 'Nadie es normal', que saldrá en marzo. Pero hace 15 días enterré a mi padre. Sufría alzhéimer desde hacía casi 10 años y cogió el covid. Es extrañísimo y muy doloroso no poderse despedir.

-¿Consuela que estuviera orgulloso de usted?

-Era muy fan mi padre. No se perdía ni un capítulo de 'Plats bruts'. Cuando acababa, me llamaba para comentarlo.

-Pensar que puso un cirio a Santa Llúcia para que no aprobara el ingreso en el Institut del Teatre...

-Era normal. Yo había acabado la carrera de Enfermería, trabajaba en el Hospital de Vall d’Hebrón y me dijeron: «Te puedes quedar aquí los próximos 47 años». Me asusté y salí corriendo. 

-Ahora le habría tocado lidiar con el coronavirus.

-Durante el confinamiento algunos de mis antiguos colegas enfermeros me dijeron: «Vuelve».

-¿Se lo pensó?

-¡No habría sabido por dónde empezar! Después de no haber pisado un hospital durante 28 años habría sido una temeridad. Le tengo mucho respeto a la profesión.

"No me educaron para ganar el Oscar, sino para ser funcionario. En mi casa tenían miedo por mi futuro"

-Aquel salto al vacío suyo tuvo un resultado inmejorable.

-Jamás pensé que protagonizaría 'Plats bruts' en TV-3, que haría 'La que se avecina' en Telecinco o la serie 'Señor, dame paciencia', que se estrena en Antena 3. A mí no me educaron para ganar el Oscar, sino para ser un funcionario. En mi casa tenían miedo por mi futuro. Así que cuando estaba en el Institut del Teatre pensaba que con solo ser profesor ya tendría suficiente. Siempre me ha sorprendido lo que he conseguido.

-¿Han cambiado mucho sus interiores en estos años?

-Estoy más cómodo conmigo mismo –seguramente el secreto es aceptarte como eres–, y sé que es muy importante hacer aquello que te gusta. Yo tuve clarísimo qué quería desde el principio y ahora, a los 56 años, pienso que fue un acierto brutal perseverar. Ser más infeliz que cobarde me hizo salir adelante. Fue como querer ser astronauta y un buen día decirle a tus padres que te vas a la Luna.

-Era un chico de Montbau, sin artistas en el horizonte. ¿Qué le disparó la vocación?

-Me fascinaba la serie 'Doctor Caparrós, medicina general', protagonizada por Joan Capri. Quería formar parte de las historias, o escribirlas. Me libera mucho escribir. Cuando me ha preocupado algo, lo he escrito. Y me cuesta menos hacerlo a través de la comedia.

-La comedia también cura.

-Nos lo repiten mucho. Antes te decían que se reían contigo, ahora te dan las gracias, te dicen que les ayudas a soportar situaciones dolorosas.

-¿Quién se ocupa de sus dolores?

-Me alivia compartirlos con mi pareja y mis hijos. Somos una familia muy familiar. Y disfruto caminando con el Spotify. Ando muy rápido, unos 9 o 10 kilómetros, oyendo rumba, boleros, El Cigala, Serrat.

"Disfruto caminando rápido, 9 o 10 kilómetros, conectado a Spotify, oyendo rumba, El Cigala, Serrat"

-Es un poco Jekyll y Hyde, ¿no? Dramaturgo y estrella de ‘La que se avecina’.

-Intento hacer todo lo que me gusta y tengo una facilidad extrema para encontrar lo bueno en lo que me gusta menos.

"Antonio Recio es una lacra el pobre, pero es un bombón de personaje. Y de algún modo me salvó"

-¿No le agota cargar a cuestas con un personaje como Antonio Recio?

-Recio es fascista, homófobo, sexista. Una lacra el pobre. Pero es un bombón de personaje. Y de algún modo, me salvó.

-¿Salvó?

-En 2008, cuando salió 'La que se avecina', tuve la intuición de que debía aceptar. En los años de crisis económica, junto a 'Aída', fue la única serie que aguantó.

-La emiten a todas horas. Sánchez en bucle.

-[Ríe] Rodamos 13 capítulos al año, pero como cada capítulo lo repiten 5.000 veces a través de las plataformas, da la sensación de que siempre estamos haciéndola. Si hago zapping, no me paro. Pero sigo estando muy agradecido, a todo. Me lo paso muy bien interpretando.

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-Y ya tiene un barniz de glamur.

-Hay glamur en los Goya y en la cola del paro. Hay muchísimos colegas sin empleo. Incluso se han creado bancos de alimentos para actores. No puedo más que sentirme un gran afortunado.