29 oct 2020

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RINCONES DE CIUDAD

Una escuela de naturalistas en la ciudad

Los voluntarios del Zoo de Barcelona han retomado su labor de sensibilización junto a los educadores del parque

Carme Escales

Montse Santamarina es voluntaria del Zoo de Barcelona.

Montse Santamarina es voluntaria del Zoo de Barcelona. / JOAN MATEU

Familias, grupos de casales de zoología y toda clase de visitantes van devolviendo poco a poco la afluencia habitual de público entre jirafas, pingüinos y leones. El Zoo de Barcelona sigue organizando actividades que motivan una mirada diferente de su interior, sus labores educativas conforman una escuela con ventanas abiertas al planeta a partir de cada especie que vemos.

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Una tarde de primavera, del 2015, se presentaba en el Zoo de Barcelona la novela gráfica 'Primates, la intrépida ciencia de tres primatólogas, Jane Goodall, Dian Fossey y Biruk Galdikas', tres mujeres que dedicaron su vida a la preservación y estudio de chimpancés, gorilas y orangutanes. Entre el público estaba Montse Santamarina, una esponja del saber, que aquel día reconectaba con ese vínculo emocional de la infancia. Pasear con su padre de niña por el zoológico era siempre una fiesta y, aquella tarde, conocer el trabajo de aquellas primatólogas que ya admiraba le hizo sentir ganas de vincularse de nuevo a este espacio de la ciudad de Barcelona. Como especialista y profesora de comunicación audiovisual, quería aportar su grano de arena. “Aquella presentación despertó en mí el gusanillo por conocer las diferentes especies, su situación actual de riesgo y qué podemos hacer para protegerlas. Los zoos han evolucionado con el tiempo y se han convertido en aliados en la protección y conservación de la biodiversidad del planeta”, explica.

Santamarina buscó cómo ser voluntaria del zoo, pasó una entrevista y sesiones formativas, y se convirtió en una AZ, miembro de los 'Amics del Zoo', personas voluntarias que dan apoyo a la tarea del Servei d’Educació i Sensibilització del Parc Zoològic de Barcelona. Acompañan las actividades divulgativas y formativas de los educadores del parque. Son sesiones abiertas a todo el mundo, niños y adultos, incluidas en la entrada, o de pago especial, siempre con el objetivo de concienciar sobre la necesidad y maneras de proteger la biodiversidad y, por qué no, formar a pequeños naturalistas. Además de asistir, fotografiar y filmar, ayudar a preparar el material educativo, un comedero de pájaros o un hotel de insectos son el tipo de tareas que ha desarrollado como voluntaria. Sábados de aventura o aniversarios de aprendizaje en los que ella presta su apoyo dan a conocer la vida de animales como el órix cimitarra, un antílope africano extinguido ya en la naturaleza que ha criado en Barcelona -el último, durante el confinamiento-, y de ahí la importancia de los zoos como reservorios genéticos.

Montse guarda como un tesoro la libreta en la que anota cada sesión de los educadores con la gente. Lo mejor de cada una está en sus notas. “Se habla de los tres pilares del zoo: conservación, investigación y educación”, señala. Algunos AZ –en la actualidad son una decena- participaron de niños en los casales del zoo, luego fueron voluntarios y terminaron estudiando biología o veterinaria y trabajando como cuidadores o educadores del zoo.

Tras los meses de confinamiento, Santamarina se ha reencontrado con un parque mucho más frondoso. “Esto es casi como un botánico”, afirma. En él tiene a sus animales más estimados como Miná, un pájaro exótico de la India, víctima del mascotismo. “Es muy popular en el zoo por sus animadas conversaciones con los visitantes”, dice. Allí donde viaje, esta voluntaria visita un zoológico. Se ha comprado unos buenos prismáticos y lupa de naturalista para observar mejor la naturaleza. “Tengo entrenados mis sentidos para olerla, sentirla y escucharla. Somos uno con el planeta y debemos respetarlo como a nosotros mismos. 'Trabajamos por la naturaleza' es nuestro lema como voluntarios del zoo”, apostilla.