21 oct 2020

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DESDE SANT MARTÍ

El Clot con ojos de 'flâneur'

Volviendo de vacaciones me sorprende encontrar comercios nuevos; me alegro de ver que la vida sigue

Liliana Arroyo

Los nuevos Encants Vells, cerrados durante el confinamiento, el pasado 23 de abril.

Los nuevos Encants Vells, cerrados durante el confinamiento, el pasado 23 de abril. / XAVIER GONZÁLEZ

Semana sí, semana también, doy un paseo por la arteria peatonal. Volviendo de vacaciones me sorprende encontrar comercios nuevos. Curioseo un poco las novedades, que se resumen en helados creativos, comida rápida y libros. Me sorprenden las aperturas en esta época rara, pero me alegro de ver que la vida sigue. De hecho la oferta gastronómica y cultural de esta parte del distrito crece, cada vez más diversa y cosmopolita. Paso cerca de la estación de tren y, menos mal, la mítica churrería sigue ahí. Uno de los puntos de encuentro más recurrentes, el café Zúrich del barrio digamos.

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Es la última semana de agosto y en la plaza del mercado parece un domingo por la mañana, cuando las terracitas están repletas a la hora del vermut y sale música en directo de varios locales. Compruebo que la pastelería emblemática –pronto tendrá un siglo- sigue en su lugar, y me imagino a Loquillo de pequeño comprándose la merienda.

Sigo rumbo al mar y cruzo el parque, lleno de criaturas, familias con sus perros, jóvenes fieles a las canastas y menos jóvenes que se dan cita ante la pared del frontón. Esto que hoy es un pequeño pulmón urbano fue durante décadas la estación en superficie y un taller de Renfe. En los 80 las vías del tren dejaron de ser una cicatriz sobre el asfalto, se construyó la estación subterránea y el taller se convirtió en un parque. Por suerte, alguna de las chimeneas sigue en pie, y los límites del jardín se dibujan con arcos de altura.

Dejo lo verde a mi espalda y llego a la Gran Via. Sin sorpresas, sigue en obras. Avisto la plaza de las Glòries, el Museu del Disseny y el singular techo de los nuevos Encants VellsSe nota que las visitas internacionales están aún por llegar. Debo esquivar material de construcción y algunos bolardos amarillos, sigo la señalización que me indica por dónde cruzar esta vez, convencida que la semana siguiente cambiará de nuevo. Me doy cuenta de que lo temporal es perenne mientras dura y que lo único que nos acompaña siempre es el cambio.