Desde Sarrià

Sarrià tiene dos almas

La calle Canet del núclea antiguo de Sarrià.

La calle Canet del núclea antiguo de Sarrià. / DANNY CAMINAL

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Anna Gener Surrell
Anna Gener Surrell

CEO de Savills Aguirre Newman Barcelona. Comité editorial de EL PERIÓDICO

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Sarrià tiene dos almas; el alma de pueblo y el alma de ciudad. El alma de pueblo es la del Sarrià histórico, que resistió como municipio independiente hasta 1921. Sus habitantes no querían formar parte de Barcelona, pero acabaron siendo anexionados por real decreto. Las calles del antiguo Sarrià, a ambos lados de la calle Major, conservan su personalidad, con un comercio diferenciado y un fuerte tejido asociativo, que muestra todo su nervio durante la fiesta mayor, en la que los comercios salen a la calle y las asociaciones abren sus locales a todo el mundo.

Si la primera alma es la de un pueblo, la segunda es la de una ciudad; conformada por altos edificios de oficinas, una oferta comercial sofisticada, escuelas de negocio de prestigio internacional y restaurantes, hoteles y locales nocturnos con buen sello arquitectónico. Si bien todas las ciudades europeas relevantes han erigido una zona de estas características, suelen pecar de soberbia al querer marcar distancia, y no acostumbran a estar tan bien integradas urbanísticamente con el resto de ciudad. 

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Hay ciudades que nos resultan interesantes por lo que fueron en el pasado; es el caso de Roma o Viena. En cambio, hay ciudades que nos resultan atractivas por como son en la actualidad; por las cosas que pasan en sus restaurantes, por lo que se ofrece en sus comercios, por los negocios que se hacen en sus distritos financieros y por muchas otras cosas que conforman la energía de una ciudad. Este es el caso de Berlín o Amsterdam. Y también el de Barcelona.

Una ciudad es un proyecto exitoso cuando conserva su personalidad histórica, sin quedar anclada en ella, para poder evolucionar sin complejos. Esto es lo que debe ser Barcelona; y en Sarrià lo consigue con creces.

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Estos días todo es distinto, es un verano con el pulso débil. Las calles están vacías y no nos reconocemos en ellas. Nos falta el ritmo, el vigor, la energía, la vida tal y como era... No nos quedemos de brazos caídos; recuperar lo que añoramos también depende de nosotros.