14 ago 2020

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ESCENARIOS ABIERTOS EN VERANO

El Camp Nou, más grande y más íntimo

El estadio del FC Barcelona acoge los inéditos microconciertos del Cruïlla XXS, conectando con su tradición musical y valiéndose de sus enormes dimensiones para dar seguridad

Jordi Bianciotto

Una imagen del concierto de Sopa de Cabra, del pasado viernes, dentro del festival Cruïlla XXS.

Una imagen del concierto de Sopa de Cabra, del pasado viernes, dentro del festival Cruïlla XXS. / FERRAN SENDRA

Nunca un recinto tan grande había acogido a un volumen de público tan pequeño, pero, aunque sea aceptando pulpo como animal de compañía, Sopa de Cabra ya se puede anotar en el currículum la gesta de haber “fet un Camp Nou”, y no uno, sino dos, ya que, al concierto del pasado viernes, se sumará otro el día 23. Es el truco de magia salido de la chistera del Cruïlla XXS, el festival que primero reaccionó ante la pandemia llevando la música a nueve enclaves urbanos, la mayoría inéditos, o casi.

El escenario se planta en el gol sur, donde siempre, aunque ahora no se encara al césped sino a la grada situada a sus espaldas, ocupada en una pequeña porción, tan solo 800 localidades distanciadas entre sí. Apenas un 1% del aforo que permitiría una actuación en el estadio: insólita intimidad ante las moles de cemento, a medida que cae el sol, entre los ecos de las viejas ceremonias de la canción y el rock’n’roll que podemos intuir manifestándose como fantasmas. Hay una memoria en el ambiente que nos retrotrae a las noches épicas de Bruce Springsteen, U2, Michael Jackson... Quizá la presientan los artistas que vayan desfilando por allí: esta semana lo harán el cantautor Ismael Serrano (martes y miércoles) y las bandas Fuel Fandango (viernes) y León Benavente (sábado), así como Michael League, del grupo Snarky Puppy (domingo). Y ocho bolos más se sucederán en adelante.

Un bautismo reivindicativo

El alma del Camp Nou estará hecha de desesperados tiros a puerta en tiempo de descuento y de copas plateadas llevadas en volandas, pero también de descargas de electricidad puño en alto y de baladas conmovedoras ante la grada estrellada (cuando los puntos de luz los ponían los mecheros al viento y no los móviles). Y de canciones trenzadas con causas sociales, políticas o culturales. Ahí está el primero de los conciertos que acogió el estadio, el titulado ‘Som una nació’, a cargo de la Crida a la Solidaritat, el 24 de junio de 1981, cuatro meses después del 23-F, y en el que actuaron cuatro figuras de la ‘cançó’ y el folk, Lluís Llach, La Trinca, Al Tall y Marina Rossell, así como el ‘cantaor’ sevillano Manuel Gerena. Campan por las redes valiosas imágenes tomadas por la pionera Televisió de Cardedeu. Llama la atención que el público se situó exclusivamente en las gradas, dejando el césped libre, lo cual dejó el escenario un tanto apartado del calor popular. Efecto que se corrigió en el recital que Llach, en solitario (con Rossell y Maria del Mar Bonet como invitadas), ofreció cuatro temporadas después.

El gran año del Camp Nou a efectos musicales fue 1988: citas con Springsteen (3 de agosto), Michael Jackson (9), Julio Iglesias (8 de septiembre) y la caravana de Amnistía Internacional, encabezada por el mismo Bruce (10). Se acarició entonces la idea de que este fuera nuestro Wembley, la meca de las estrellas pop a su paso por Londres, pero esa plaza la acabó ocupando el Estadi Olímpic, inaugurado al año siguiente y más pequeño y manejable.

Desde entonces, el campo del F. C. Barcelona está solo al alcance de los gigantes: Los Tres Tenores (1997), Josep Carreras (1999), U2 (2005 y 2009) y el mismo Springsteen (2008 y 2016). Y de acontecimientos que trascienden la música: el ‘Concert per la llibertat’ promovido por Òmnium (2013). También, en el otro extremo, para esos aforos tan minúsculos como los que maneja el Cruïlla XXS, cuando ir en busca de lo más grande resulta ser lo más cabal.