28 sep 2020

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La música favorita de...

Alejandro Sanz, entre el 'heavy' y la sevillana

El cantante nos confiesa sus pasiones: desde el metal y el rock duro de los 80 hasta el flamenco, las sevillanas y el canto mágico de Joni Mitchell

Jordi Bianciotto

Alejandro Sanz, con una guitarra eléctrica.

Alejandro Sanz, con una guitarra eléctrica.

Los 80 fueron la edad de oro del heavy metal y el hard rock, y el retrato robot del fan es muy preciso: adolescente varón de barrio, carne de tribu urbana, ávido de emociones fuertes y de relato heroico. Como aquel Alejandro Sanz que vivía con sus padres en Moratalaz y que se venía arriba con los himnos de Barón Rojo, Obús o Leño. Y de los gigantes internacionales. “Me encantaba Deep Purple y me encantaba AC/DC. ¡Y Ronnie James Dio! ¡Y Motörhead! Los discos de esas bandas siguen pareciéndome potentísimos pasados tantos años”, confiesa con énfasis. De acuerdo, la obra de Sanz tiene poco de ‘heavy’, pero es posible detectar algún que otro guiño: rescaten esa canción titulada ‘Hoy que no estás’, del popular álbum ‘Mas’ (1997), con aquella introducción a toda guitarra (y a toda distorsión).

De rock duro se alimentó aquel quinceañero Alejandro, y del culto a los mitos del ramo, algunos de ellos ya caídos. “El batería Cozy Powell, de Rainbow, o el teclista Jon Lord, de Deep Purple y Whitesnake. Músicos que ahora quizá mucha gente no conocerá, pero que fueron importantísimos”, hace notar. Y sí, Alejandro Sanz tuvo incluso su período juvenil como cantante ‘heavy’, al frente de un grupo llamado Jinete Inmortal, que más tarde, ya sin él, derivó en Hiroshima (con un disco publicado en 1989), y en cuyas filas figuraba Carlos Rufo, hoy guitarrista de Melendi.

Tras los pasos de Vince Mendoza

Pero ese corazoncito ‘heavy’ es compatible con otras muchas debilidades musicales que han ido configurando al adulto Alejandro Sanz. Nos cuenta que estas semanas, en su casa de Madrid, donde le pilló el estado de alarma (desde ahí ha maquinado su nuevo proyecto, el documental participativo ‘El mundo fuera. La película’), ha recurrido a los mágicos poderes del canto de Joni Mitchell. “He estado escuchando mucho su disco ‘Both sides now’ (2000), un álbum fantástico, con una parte orquestal. Me lo pasó mi pianista, Alfonso Pérez, y me he fijado en él porque quiero trabajar con su arreglista, Vince Mendoza”, revela Sanz, que a la pregunta de “qué le dirías a un artista que empieza” hace como Frank Sinatra cuando se limitaba a aconsejar: “busca siempre las mejores canciones”. Su receta es comparable: “rodéate de buenos músicos, de buenos ingenieros y de la gente más profesional”.

Joni Mitchell, canadiense hecha como trovadora en el dorado Laurel Canyon californiano de la era ‘hippie’, reconoce haberla escuchado poco. “Pero un encierro como este te da para descubrir cosas para las que no habías encontrado el momento. Ahora quiero dedicarle tiempo a toda su discografía”, confiesa. De la autora de la sencilla y conmovedora ‘A case of you’ le atrapa lo más intangible. “Esa especie de pureza que hay en su música, que me llama muchísimo la atención. Porque la música puede ser todo lo sofisticada que quieras, pero la pureza es muy difícil de alcanzar”.

Salmarina y su "disco magistral"

Heavy rock, Joni Mitchell, y desde luego, flamenco, sobre todo el de Paco de Lucía y Camarón, “que no pueden faltar nunca”. ¡Y sevillanas! Las del grupo Salmarina, de Sanlúcar de Barrameda, que recomienda sin rodeos. “Hay un disco suyo llamado ‘Callejón de los trapos’ (1995), que es magistral, con unas composiciones y arreglos de Isidro Muñoz y José Miguel Évora que elevan la sevillana a obra de arte”, remarca. ¿Disco alegre, para levantar los ánimos? “¡Disco magistral!”, resume. “Te recomiendo encarecidamente que lo escuches, y la próxima vez que hablemos me lo cuentas”.