01 abr 2020

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Que no pare la música

¿Un planeta sin conciertos?

Después de tanto hablar de la burbuja de festivales y del exceso de oferta, ahora viviremos justo lo contrario, un apagón de la música en directo, con contadísimas excepciones en formatos de muy pequeño aforo. El colapso nos invitará a reflexionar

Jordi Bianciotto

Público de la edición del 2018 del festival de Coachella (California).

Público de la edición del 2018 del festival de Coachella (California). / KYLE GRILLOT / AFP

De repente, la agenda de conciertos se ha quedado muda, o casi, y tenemos el privilegio de experimentar una circunstancia inédita, que tan solo unos pocos días atrás nos habría parecido una chaladura o el argumento de una película distópica: un mundo sin música, sin música ejecutada en directo, con su escenario, su público, y (por lo general) sus aplausos y sus bises.

La larga lista de suspensiones y persianas bajadas durante, al menos, las próximas dos semanas, es conocida, para desgracia de promotores, salas, músicos y autónomos de todo signo, lo cual somete al dicharachero enunciado de esta página semanal, ‘Que no pare la música’, a una prueba que no había sido ni tan solo contemplada cuando fue concebida. Sí, las actuaciones en vivo han sido poco menos que demolidas por un tiempo, y no solo en nuestro país. Debimos presentir lo peor cuando cayó el South By Southwest, de Austin (Texas), punto de encuentro del ‘show business’ mundial, que arrancaba este viernes. Le ha seguido un rosario de bajas sonadas: Madonna en París, la gira de Pearl Jam por Estados Unidos, la de Avril Lavigne en Japón (no, en cambio, la de Bob Dylan, ese valiente) o el aplazamiento a octubre de uno de los festivales más macanudos, el californiano de Coachella, con Frank Ocean y Rage Against the Machine entre sus reclamos.

En este panorama, dan ganas de abrazar (aunque no mucho) a los responsables de locales que, contra viento, marea, decretos y virus, se obstinan (por ahora) en mantener conciertos dentro de las severas limitaciones vigentes, que reducen a un tercio los aforos disponibles. Pero cada hora que pasa son menos: cayó la programación de Barnasants de estos días, con la excepción de los recitales en el Harlem Jazz Club, sala que mantiene en paralelo su oferta propia, con sesiones de jazz y swing a cargo de Chino Swingslide & The Sharps Swing (este viernes) y de son y chachachá por parte de Ray Cuza & Septeto Sazonando de Cuba (sábado).

Los plazos se acortan vertiginosamente y una semana parece una eternidad, pero, a la espera de qué ocurrirá a partir del lunes, para este sábado se prevén servicios mínimos en las salas Bóveda (con los grupos metaleros Sirius y Nozink) y Freedonia (el cartel electrónico ‘Golden Karma’, el sábado). La resistente sala Wolf ha terminado rindiéndose y suspendiendo el pase de Javier Corcobado del sábado. Y en Olot, un festival de pretensiones modestas y refinado criterio, El Mini, Festival de Butxaca de la Garrotxa, mantiene en pie sus propuestas de este fin de semana, con Ferran Palau, Senior i el Cor Brutal y el británico Adam Giles Levy.

Tratar de encontrar el lado positivo a esta catástrofe es un chiste sin gracia, pero el apagón bien puede hacernos valorar un poco más lo que tenemos en condiciones ordinarias. Después de tanto hablar de la burbuja de festivales y del exceso de oferta, ahora sabremos lo que es vivir justamente lo contrario. Quizá añoremos los días de vino y rosas, y las bondades de la música en directo: esa experiencia que, como indicaba un estudio del psicólogo británico Patrick Fagan, es portadora de felicidad y puede llegar a alargarnos la vida hasta nueve años al realzar la autoestima y ese sentimiento ahora tan en boga conocido como empatía.

El concierto invita a compartir y a celebrar emociones universales, y nos puede hacer sentir un poco mejores durante una o dos horas. Música, también, como antídoto contra el miedo, ese agente paralizante que hoy puede confinarnos en casa para que todo se frene un poco más todavía. Veremos cosas extrañas, pero disfrutemos de los contrastes que nos reserva la vida: mientras, este miércoles, llorábamos la lluvia de cancelaciones, un festival, el de Pedralbes, celebraba su fiesta de presentación añadiendo nuevos nombres al cartel, Chic, Miguel Bosé y ‘Carmina Burana’. Más tarde o más temprano, la música no se  parará, por mucho que se empeñe un maldito virus.

Kiss congela sus 'meet and greet'

Entre las últimas cancelaciones a escala internacional figuran la del ‘tour’ europeo de Santana, ‘Miraculous 2020’, que debía arrancar el martes que viene en Cracovia (Polonia), y la de Miley Cyrus en Australia, país al que iba a volar esta semana. La prevención ante el coronavirus se expresa también de otras maneras, como la supresión, por parte de Kiss, de los ‘meet and greet’, los encuentros informales con sus fans antes o después de los conciertos, que representan una importante fuente de ingresos para el grupo (hasta 4.000 dólares, 3.536 euros, por el pase más exclusivo, ‘Ultimate Kiss Army Experience’).