11 ago 2020

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Que no pare la música

La Paloma resiste al 'discjockey'

La centenaria sala se prepara para reabrir poniendo la orquesta en el centro de la foto, disponiéndose a acoger conciertos y aniquilando la vieja idea de que los pinchadiscos iban a terminar con la música en directo

Jordi Bianciotto

La sala La Paloma.

La sala La Paloma. / ARCHIVO / FERRAN SENDRA

Ya que cada vez que un local histórico baja la persiana le damos tratamiento de tragedia griega, porque somos unos sentimentales, sin preguntarnos cuánto tiempo hacía que no poníamos los pies en sus dependencias, quizá sea justo celebrar las flamantes aperturas y los renacimientos. Las buenas noticias deberían tener más prestigio, pero es posible que estemos ante una batalla perdida. Y bien, todo apunta a que, ahora sí, pronto volverá a la vida La Paloma, la más que centenaria sala de la calle del Tigre, que se dispone a dejar atrás 13 años de cierre (anunciado en su día como “temporal”) y a inyectar un poco de acción a la noche barcelonesa, que buena falta le hace.

La Paloma cuida estas semanas de los últimos detalles para poder volver a abrir las puertas, en este primer trimestre del año, al millar de clientes al que podrá dar cobijo en cada sesión. Como han sido varias las falsas alarmas en los últimos cuatro años, la dirección se abstiene de poner una fecha precisa a la reapertura, si bien Mercè March, la heredera de esta empresa familiar, deja caer cruzando los dedos que las fechas de Carnaval serían de lo más simpáticas. No solo está lista la sala, con sus relieves dorados y su tapicería roja felizmente restaurados, sino que está en marcha la recuperación de la orquesta de baile, en connivencia con el vecino Taller de Músics. “Sí, una orquesta, como siempre tuvimos”, recuerda la señora March.

La historia

Esta sala abierta en el año 1903 por la asociación La Camelia Blanca las ha visto de todos los colores: guerras, epidemias, hambrunas, y lo que es peor, la invasión de los ‘discjockeys’, enemigo al que tuvo que aliarse en un tiempo, los años 90, en que parecía que la música electrónica iba a terminar con la música a secas tal y como la habíamos conocido. Recordemos que hubo una época, y no hace tanto, en que los músicos profesionales clamaron contra el auge de los sonidos pregrabados y los pinchadiscos, asociados a las siete plagas. Pero La Paloma leyó bien los tiempos y combinó las actuaciones en vivo con las nuevas tendencias colocando a los ‘dj’ Professor Angel Dust y su hermano, Diego de Lippo, a cargo de las noches ‘Bongo lounge’, pasto de náufragos de la noche y estudiantes de Erasmus.

Pero, aunque para muchas generaciones, la mención a La Paloma equivale a tardes y noches de abnegado sonambulismo erótico-festivo al bello son del chachachá, el pasodoble y el chotis, hay otra clase de barceloneses que asocian la sala al goteo de conciertos de todos los palos que se abrieron paso en su salón. Destaca una época intensa, la que se abrió en 1999 y duró hasta el cierre, cuando la holandesa Inge Huygen, refugiada de Bikini, se encargó de la programación y La Paloma vino a convertirse en un epicentro oficioso de las músicas del mundo y los mestizajes.

En esos años actuaron en la sala artistas internacionales como Emir Kusturica, Transglobal Underground, Arto Lindsay, Moreno + 2 (el grupo de Moreno Veloso, hijo de Caetano), Vinicius Cantuária o los ya fallecidos Rachid Taha e Issa Bagayogo, así como Kiko Veneno, Martirio y los paladines del entonces boyante y portuario ‘sonido Barcelona’, como Ojos de Brujo Dusminguet. La sala “disponía de buenas condiciones de sonido, los camerinos eran grandes y cómodos para los artistas, y mucha gente se enganchó”, recuerda vivamente el promotor Javi Zarco.

La nueva versión de La Paloma estará igualmente abierta a los conciertos, sumándose así al circuito de salas. Y con todo ello constatamos que el ‘dj’ no ha matado ni al grupo musical ni a la orquesta de baile. Esta última se prepara para lucir rearmada, con una tripulación rejuvenecida y lista para demostrar que las músicas latinas de siempre, el swing o el rock and roll pueden ser géneros rematadamente modernos. El ejemplo es todo un incentivo para contar hasta diez antes de diagnosticar cambios profundos que luego, con el tiempo, quizá no lo son tanto.

A punto para que comience el baile

La Paloma está a salvo de las excavadoras desde que fue catalogada como bien de interés urbanístico y patrimonio artístico de la ciudad, lo cual fuerza a los propietarios a conservar todo su interiorismo "de inspiración versaillesca", desliza Mercè March. No tuvo la misma suerte otro local un día propiedad de la familia, el Salón Cibeles, de la calle Còrsega, que se cerró en el 2005 y fue demolido cuatro años después. Al igual que La Paloma, el Cibeles, más allá de su función de salón de baile, acogió recordados conciertos de artistas como Marillion, Peter Hammill, Les Rita Mitsouko o Tania Libertad.