10 ago 2020

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Patio de butacas

Un tronchante saco de pulgas

Los cines Icaria y Comedia proyectan `Fleabag¿, el monólogo teatral del que nació la exitosa serie

Olga Merino

Phoebe Waller Bridge, en la versión teatral de ’Fleabag’.

Phoebe Waller Bridge, en la versión teatral de ’Fleabag’. / JASON HETHERINGTON

Aunque se hace extraño entrar a un cine para ver teatro del bueno, los avances tecnológicos favorecen esta suerte de trucos. ¿Quién puede permitirse, así como así, una escapada a Londres para sentarse en una butaca del West End? Nadie. O muy pocos. O rara vez. Pues resulta que ahora traen las producciones a casa, como la pizza barbacoa, sin necesidad de rebañar aún más el monedero ni soportar las trastadas de Vueling en El Prat. Si les apetece la excursión virtual, atención, redoble de tambores, porque la cita es para este mismo jueves: en pases a las ocho de la tarde y a las diez y cuarto de la noche, los cines Icaria y Comedia proyectan en pantalla grande ‘Fleabag’, el monólogo teatral del que nació la serie homónima. Una pieza descacharrante, con el marchamo del Royal National Theatre, la compañía de teatro nacional inglesa.

¿Por qué ir a ver ‘Fleabag’? Pues por militancia, porque parece un milagro que sobrevivan las salas de cine, sobre todo el diamante del Comedia, un ‘Koh-i-Noor’ sito en el codiciado cruce entre paseo de Gràcia y Gran Via, en pleno cogollo del Monopoly barcelonés. También por refrescar el oído con un poco del ‘queen’s english’, ese acento inglés tan peculiar que denota los mejores colegios de pago -la sesión se emitirá en versión original con subtítulos- y sobre todo por el sentido del humor de la protagonista, irónico y corrosivo como el salfumán, un personaje que suelta torpedos de esta guisa: "Creo que no sería tan feminista si tuviera las tetas más grandes". Toma.

Escrita e interpretada por la actriz y guionista británica Phoebe Waller-Bridge, la serie, su segunda temporada, dio la campanada en la 71ª edición de los Emmys, en septiembre, donde se llevó varios galardones, entre ellos el premio a la mejor comedia y a la mejor actriz. Fleabag, que en una traducción apresurada significaría 'saco de pulgas' o 'bolsa de mierda' o 'pordiosera', es el mote de una chica soltera que sobrevive en Londres como puede regentando una cafetería llamada Guinea Pig (cobaya) -¿quién entraría a un sitio así?-, una ruina de local donde los clientes recargan el móvil en el enchufe sin gastarse un penique en consumiciones. Se trata de una treintañera larguirucha, sin filtros emocionales, narcisista, atractiva pero del montón, metepatas, con un progenitor frío, una madrastra más falsa que un euro de madera y una hermana estirada y pija. La vida no le va demasiado bien, no.

A Fleabag le encanta el sexo, y no tiene pudor alguno en desmenuzar sus deseos y fantasías con un cura. La serie, estrenada en la BBC en el verano de 2016 y difundida después por la plataforma Amazon Prime Video, arranca con una escena memorable: mientras el novio duerme como un ceporro a un lado de la cama, la protagonista se masturba viendo en el portátil un vídeo de Obama, un discurso, sin que al espectador le quede muy claro al final si le gusta el expresidente o bien sus ideas sobre el Estado del bienestar. Se habla de tampones, consoladores, menopausia, suelo pélvico y bisexualidad sin tapujos, a mandíbula batiente. Estamos en el terreno confesional de Bridget Jones, en efecto, pero esta es más lista, más profunda, más perversa, y su objetivo vital no pasa por subir al altar con Colin Firth. En el fondo, está hablando de soledad, de vidas disfuncionales en la gran ciudad.

‘Fleabag’ ha hecho un viaje inconcebible. De un monólogo de teatro ‘fringe’ en Edimburgo se ha convertido en un fenómeno cultural a escala planetaria. En la versión que se proyecta, representada en el West End durante dos temporadas, bajo la dirección de Vicky Jones, la cámara no es estática, sino que se acerca a la actriz en primerísimos primeros planos y realiza barridos por el escenario. Una de sus mejores bazas es la complicidad con el espectador, de hablarle directamente al oído, eso que llaman la ruptura de la cuarta pared. O sea, como en Londres, pero a la vuelta de la esquina.   

El aval del National Theatre

Hablar del Royal National Theatre es hacerlo de Laurence Olivier, el actor y director que fundó la compañía en 1963, y de intérpretes de la talla de John Gielgud, Derek Jacobi o Maggie Smith. O sea, lo mejor de lo mejor, canela en rama. Después de la sesión dedicada a ‘Fleabag’, Cines Yelmo y su plataforma de contenidos alternativos +Que Cine proyectarán otras producciones teatrales del templo británico, una por mes, en salas de Barcelona, Madrid, Valencia y Málaga: ‘Sueño de una noche de verano’ (12 de marzo); ‘La trilogía Lehman’ (16 de abril) y ‘Eva al desnudo’ (21 de mayo).