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ASUNTOS PROPIOS

Thomas Piketty: "¿Propiedades? Vivo de alquiler"

El economista estrella francés, martillo de la elite financiera, publica 'Capital e ideología'

Núria Navarro

Thomas Piketty

Thomas Piketty / FERRAN NADEU

Es la pesadilla de la élite financiera. Si en su 'best-seller' 'El capital en el siglo XXI'–del que ha vendido dos millones y medio de ejemplares– Thomas Piketty (Clichy, 1971) exploró la dinámica perversa de la acumulación de capital, en su reciente 'Capital e ideología' (Deusto/ Edicions 62), convencido ya de que la desigualdad es "una construcción ideológica" y no un fenómeno "natural", propone un impuesto del 90% a los multimillonarios, una herencia de 120.000 euros para todos a los 25 años y la desaparición de los impuestos indirectos.

–¿Lleva las espaldas protegidas?
–La prensa financiera se ha vuelto especialmente agresiva, sí. Pero es muy instructivo.

–¿Cómo de instructivo?
–Los que, por ejemplo, atacan mi idea de "herencia para todos" por incitar al desinterés de los jóvenes de las clases populares a encontrar trabajo, dan por sentado que los jóvenes de la élite harán elecciones exitosas.

–Propone freír a impuestos a los ricos. Eso es tirar piedras sobre su propio tejado.
–¿Disculpe?

–Es un 'rockstar' de la economía, se lo rifan en los foros. Ya es de la casta.
–Estoy dispuesto a pagar el 90% de impuestos sobre mis derechos de autor. Es más, el éxito de 'El capital en el siglo XXI' ha reforzado mi idea de pagar por unos ingresos que, finalmente, tienen una base especulativa. Me he beneficiado de la educación pública y de un trabajo de investigación colectiva. Yo no he inventado la justicia social.

"Bill Gates no inventó el ordenador. En su origen, toda propiedad es social y debe retornar a la sociedad"

–Ciertamente.
–Tampoco Bill Gates inventó el ordenador él solito. Tener una buena idea a los 30 años no debería significar que a los 70 sigas acumulando y tomes decisiones que afectan a miles de asalariados. Es una concepción monárquica de la economía. 

–La propiedad privada es sagrada, le dirán.
–En su origen, toda propiedad es social y debe retornar a la sociedad. La propiedad absolutamente privada es una construcción política e ideológica.

–¿A cuál de sus propiedades se vería incapaz de renunciar?
–¿Propiedades? Yo vivo de alquiler cerca de la Gare de l’Est, en París, y tengo tres hijas, de 22, 19 y 16 años. Quizá me quedaría con algún libro. Soy muy fan de Balzac, del que Marx dijo haber aprendido mucho sobre el capitalismo.

–¿Cómo le nació la conciencia? ¿Un legado de sus padres, trotskistas?
–Inicialmente les salí liberal. Tenía 18 años en el momento de la caída del Muro de Berlín. Para mi generación, fue un acontecimiento fundacional. Era visceralmente anticomunista, pero me pregunté: "¿Cuáles son las insatisfacciones del sistema capitalista previo a la guerra mundial que condujeron al comunismo?".

–¿Qué pasó?
–En el 2001, trabajando en el libro 'Los altos ingresos en Francia en el siglo XX', analicé datos sobre el impuesto sobre la renta desde 1914, y me di cuenta de que la reducción de las desigualdades en el corazón del siglo XX había ocurrido de manera violenta. La revolución bolchevique, por ejemplo, fue la que presionó a los países capitalistas a aceptar reformas fiscales y sociales.

"La reducción de la desigualdad en el siglo XX ocurrieron de forma violenta"

–Y encaminó sus pasos hacia el ¿anticapitalismo?
–No. Intento formular las bases de un socialismo participativo, que supere el capitalismo a través de un modelo de propiedad social y de la descentralización del poder.

–¿Qué siglas tendría eso?
–Nunca he militado en un partido. Dialogo con la Francia Insumisa de Mélenchon y con la gente del Partido Socialista. Ambos deben unir fuerzas, como Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en España, que en el 2015 supe de primera mano que se detestaban. La izquierda debe organizar un programa de transformación con vistas a una mayor justicia social y medioambiental en Europa.

–La realidad va en sentido contrario.
–No puede haber tratados de libre circulación de capital si no hay antes objetivos comunes de justicia fiscal, social y climática. Tras la crisis del 2008 hay un cuestionamiento del neoliberalismo. Bernie Sanders no es Bill Clinton. El repliege sobre las fronteras y los estados-nación solo es una fase de regresión.

–¿El independentismo se equivoca?
–En la conferencia de la Fundació La Caixa pregunté: si Catalunya se convierte hoy en un Estado independiente, ¿a qué tipo de fiscalidad aspira? Si solo quiere conservar los ingresos fiscales, es una idea elitista.

–Ay... Dé una medida urgente (y posible) para frenar la desigualdad.
–La justicia educativa. Existe una enorme hipocresía, incluso entre la 'izquierda brahmánica', respecto a la emancipación de las clases populares a través de la educación. En los barrios ricos está el profesorado más cualificado y bien remunerado.