14 ago 2020

Ir a contenido

Conocidos y saludados

El sabor de los Pàmies

La palabra 'exilio' se pronuncia de forma no siempre ajustada a la dureza sufrida por tantos antecesores a los que les iba la vida

Josep Cuní

Teresa Pàmies, en 1993.

Teresa Pàmies, en 1993. / ARCHIVO / PEPE ENCINAS

Pau Rispa no hubiera podido ser un héroe. No en su tiempo. A los héroes les atribuimos singularidad y la causa de supervivencia de Pau fue la de muchos otros niños y adolescentes, hijos de la cruel guerra y alejados de la falsa paz. En eso consistió el exilio. En la dureza del desplazamiento no deseado. Ni tan siquiera buscado. No quedaba otra opción. En el drama de la lejanía, la separación, el desarraigo y la esperanza reiteradamente frustrada de anhelar el retorno imposible. Regresar era morir. Física o emocionalmente.

Por eso, ahora que se pronuncia la palabra por razones harto conocidas y su uso no siempre se ajusta a la dureza sufrida por tantos antecesores a los que les iba la vida, conviene recordar los motivos auténticos de aquellas huidas, la dramática supervivencia en culturas ajenas y la no siempre fácil solidaridad ni comprensión de los ciudadanos de los países de acogida.

Teresa Pàmies i Bertran (Balaguer, Lleida, 8/10/1919) fue una de aquellas personas. Su peregrinaje por diversos países hasta recalar en París antes del regreso definitivo a casa la llevó también a México, a donde Pau Rispa llega de adolescente. No hay más confluencia en sus vidas que los detalles de la dura cotidianidad, los esfuerzos por no perder los orígenes por mor de no perder la identidad y las relaciones entre catalanes y españoles en unas circunstancias en las que todo les era impuesto. Y para que los jóvenes de los ochenta del siglo pasado tuvieran constancia de aquellas experiencias, Teresa se inventó a Pau. 'Aventura mexicana del noi Pau Rispa' (La Galera): le dio vida a partir de un supuesto cuaderno encontrado «entre libros de Dumas o Folch i Torres, ediciones baratas y arrugadas por los dedos de dos generaciones que las hojearon y quizás leyeron».

Para el lector juvenil

Fue la manera de crear una aventura mexicana por parte de Pàmies para llegar al público joven sin más alardes de imaginación que sus propias vivencias. Pensó, y dedujo bien, que no hacen falta ni Superman ni los cómics de Moebius para llamar la atención de un público al que hasta entonces no se había dirigido. Un público que, dos generaciones después, encuentra en la reedición y la capacidad ilustrativa de su nieta Natàlia la imaginación que lleva al poder de la mirada.

El 2019 que cerramos estos días ha sido el año Pàmies. Una larga confluencia de actos ha recordado a la luchadora, reservada y sentimental, que dejó escrito en los libros lo que vivió y emitido por la radio lo que observó. Todo en ella fue tan intenso como el bolero pero supo distanciarse a la hora de narrarlo. En eso Sergi Pàmies ha seguido su estela. Lo percibimos en sus crónicas periodísticas, a las que infunde un imprescindible toque corrosivo para no perecer en el intento. Y luego están los libros, para los que necesitó la progresiva desaparición de sus progenitores para lanzarse a la verdad de sus mentiras sin cortapisas ni condicionantes. Sin el temor a faltar al respeto a unos padres distintos de los que aprendió el arte de vivir peligrosamente y salir airoso.

Sergi Pàmies acaba de pasarle el relevo a su hija Natàlia, que se interna en el mundo de la ilustración con un primer trabajo digno de mención para quien debuta en el campo profesional con el regalo envenenado del apoyo familiar y el peso del apellido. Se convierte así en el padre que ayuda pero no presiona, facilita pero no condiciona, protege pero no empalaga. Así es porque así le educaron. La abuela, por su parte y desde el más allá, sonríe satisfecha en el año de su centenario. Se muestra tal como fue y exige el respeto al legado de su personalidad: seriedad, rigor y pocas alharacas. Mientras, se la oye musitar dulcemente: «Tanta vida yo te di, que por fuerza llevas ya sabor a mí».
 

Diario del exilio adolescente

Acaba el año Teresa Pàmies con la reedición de su libro destinado al público adolescente: 'Aventura mexicana del noi Pau Rispa', ilustrado por su nieta Natàlia. Una narración imaginada a partir de un supuesto cuaderno hallado entre viejos y baratos ejemplares de novelas clásicas compradas a una vecina empobrecida. El diario es la compilación de vivencias del paso de la niñez a la juventud de quien fue separado de sus padres para emprender el largo exilio. Y se convierte en todo un manual de supervivencia real para quienes escuchan actualmente el uso excesivamente ligero de esta palabra.