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Que no pare la música

Diana Ross, maestra de divas

La cantante, que debutará el año que viene en Barcelona tras 60 años de carrera, representa el modelo de mujer fuerte y determinada, con complicidad LGTBI, del que ha sacado partido su brillante pupila Beyoncé

Jordi Bianciotto

Diana Ross, durante una actuación el pasado 29 de noviembre en Dallas.

Diana Ross, durante una actuación el pasado 29 de noviembre en Dallas. / OMAR VEGA / GETTY IMAGES

En 1981, el año en que nació Beyoncé, sonaba en las radios ‘I’m coming out’, logro discotequero en el que Diana Ross clamaba por celebrar lo que uno es, sin atender a las convenciones y “propagando el amor sin miedo”. Su mensaje emancipador y sus llamadas a asumir “un nuevo yo” catapultaron el tema como un adelantado himno LGTBI, efecto que sus autores, Nile Rodgers y Bernard Edwards (del grupo ‘funky’ Chic), buscaron a conciencia: para componerlo se inspiraron en los clubs gays de Nueva York, donde florecían los hiperbólicos ‘impersonators’ de la diva Diana con sus vestidos de seda roja y sus melenas rizadas.

Se aconsejó entonces a la cantante que no grabara el tema porque el público pensaría que era homosexual y eso hundiría su carrera, pero ella decidió arriesgar. ‘I’m coming out’ acabó reforzándola como mujer determinada, capaz de leer el signo de los tiempos, más allá de su sintonía con un imaginario gay, que sigue viva en la actualidad. Hay que recordar cómo eran esos tiempos, y los demonios que despertaba aquella música de baile: en 1979, un evento grotesco, la ‘Disco demolition night’, escenificó la quema y destrucción de álbumes discotequeros en un estadio de Chicago (¡50.000 personas!) al loco grito de ‘disco sucks’ (‘la música ‘disco’ apesta’); aquelarre regado por consignas racistas y homófobas, que deslizó el mensaje de que, sorpresa, el rock podía convertirse en un movimiento reaccionario.

Y bien, Diana Ross actuará el 15 de julio del 2020, ya era hora, por primera vez en Barcelona, en el Festival de Pedralbes, y es preciso tenerla presente no solo como diva de divas, intérprete sensual y coleccionista de éxitos, sino también por su modo de regir su destino como mujer fuerte y artista que intuyó que ser icónico comporta tener una posición ante las cosas. Es justo ver en Beyoncé a un modelo de estrella total, dominadora a través de la afirmación de la feminidad y la negritud, como lo es recordar que mucho antes que ella estuvo la señora Ross, a quien la propia ex-Destiny’s Child evocó gustosamente en la película ‘Dreamgirls’ (2006), inspirada en la peripecia de The Supremes.

Sí, hay una Diana Ross supeditada al aura de The Supremes, y es natural: hablamos del grupo musical femenino más importante del siglo XX, que plantó cara a los Beatles con doce números uno entre 1964 y 1969. ‘Where did our love go’, ‘Stop! in the name of love’, ‘You can’t hurry love’... Pero, en solitario, Diana fue ganando definición y entregando grandes álbumes de lo que aún llamamos ‘música negra’, etiqueta que va perdiendo sentido en esta era de la promiscuidad global. Cada vez menos proclive a danzar al son que le dictaban desde los despachos (en los viejos tiempos, presididos por su pareja, Berry Gordy, fundador de Motown) y cada vez más ella misma, entregó obras de exquisito soul-pop para nocturnidades infinitas, con cómplices lujosos como Nickolas Ashford y Valerie Simpson, iluminando un camino a seguir a las jovencitas que, como la misma Beyoncé, pensaron para sus adentros: “yo también puedo”.

¿Cómo es posible que, en 60 años de carrera, Diana Ross solo haya ofrecido hasta ahora un único concierto en España (en Cap Roig, en el 2005), cuando, por ejemplo, en París la han podido ver más de una quincena de veces? Aseguran los promotores que en este país la dicha ‘música negra’ (el soul, el funk, el rhythm’n’blues) no ha tenido tradicionalmente al gran público de su lado. Sufrió mala prensa, añadimos: en los años 70 y 80, las publicaciones musicales españolas (con altas excepciones en firmas como Patricia Godes) eran rockeras (y ‘rockistas’), y lanzaban miradas condescendientes a esos géneros. Venganzas del destino: la actual transformación de las músicas populares pone ahora en evidencia el viejo prejuicio, y la pupila Beyoncé llena en Barcelona o Madrid aquellos grandes recintos que se le negaron a la artista que tanto la inspiró.

De Glastonbury a Pedralbes

La actuación de Diana Ross en Pedralbes está enmarcada en su gira de 60º aniversario, ‘Top of the world tour’, que en su etapa europea consta por ahora de 13 conciertos, todos ellos en el Reino Unido e Irlanda, con la única excepción del de Barcelona. En tierras británicas, la voz de éxitos como ‘Upside down’ o ‘Endless love’ sigue llenando grandes espacios, como el londinense O2 Arena, que la acogerá tres noches. Ross será el próximo mes de junio una de las estrellas del Festival de Glastonbury, el más legendario del continente, donde figura como gran atracción junto con Paul McCartney y Taylor Swift.