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No solo fútbol

¿Pepe Reina o Eric Cantona?

Josep Martí Blanch

¿Pepe Reina o Eric Cantona?

EFE / ALEXANDRE DIMOU

¿Qué tal el desayuno? ¿Hambriento o con el estómago cerrado a cal y canto? Si está que se sube por las paredes relájese y no se haga más mala sangre de la justa y necesaria. Tarde o temprano podrá tomarse la revancha. Y si tiene el guapo subido porque han ganado los suyos, no se venga muy arriba, que más dura será la caída. Tenga presente que siempre hay un partido de vuelta. No vamos a tardar en volver a las urnas.

Las elecciones son como el fútbol. Un entretenimiento para llenar los huecos que deja el comer, el dormir y el trabajar. Pensará usted que hay otras distracciones. Las hay. Y algunas muy placenteras. No piense en el sexo. Me estaba refiriendo a leer, escuchar música o sacar a pasear al perro con una bolsita para recoger zurullos. Y ya que pasamos por aquí, curioso mundo este, en el que uno se agacha con amor solícito para recuperar las cagadas de los canes mientras corremos para que sean otros los que limpien el culo de nuestros mayores. Nada ya sorprende. Incluso a la pregunta de “¿tienes hijos?” puede responderse con un “no, pero tengo un chihuahua”.

La campaña nos dejó al portero del Milán, Pepe Reina, flirteando con Vox en las redes sociales. Un episodio que hubiera quedado en nada de no ser por Gabriel Rufián, experto en el nuevo arte de tuitear, que le contestó con un “Más Eric Cantona, menos Pepe Reina”, reivindicando el perfil izquierdista del viejo delantero francés descendiente de exiliados republicanos.

El discurso de Cantona

Intuimos que el Gabriel Rufián de ahora, que ha mudado de piel para dejar a un lado al cabo chusquero con el que debutó en política, no se refería al Eric Cantona que en su día le arreó una patada voladora a un aficionado del Crystal Palace; sino más bien al que recogió hace unos meses el Premio Presidente de la UEFA con un discurso que bien pudiera llevar la firma del filósofo esloveno Slavoj Žižek. Ese discurso de un minuto, y no exageramos ni un ápice, fue una explosión de inteligencia. Forma y fondo. Sáquenlo a colación cuando oigan decir a un representante del ejército de la idiotez que todos los futbolistas son tontos y que siempre dicen lo mismo.

Coincidimos por esta vez con Rufián. Y no solo porque el galo haya sido una leyenda y el madrileño solo un buen jugador. Pasa también que en el recuerdo tenemos a Pepe Reina en su papel de simpático oficial de los años dorados de la selección española. Y sus chistes eran realmente tan malos como el atún rojo para los menores de diez años según el Ministerio de Sanidad. Eso sí, jamás llegó al extremo de Arévalo, uno de los fichajes de relumbrón del partido del volver a la cueva y eructar después del trago, con sus mariquitas y gangosos.

Hubo más fútbol durante la campaña. Albert Rivera, titular indiscutible en la alineación, nos regaló un partidito de simpatizantes naranjas en Madrid. Como en Ciudadanos está prohibida cualquier relación con el vocablo 'amistoso', y todo debe remitir al sabor agrio, amargo o avinagrado, utilizaremos la palabra pachanga, que es lo que fue en toda regla, igual que lo será toda la legislatura. Sobre el divertimento tan solo añadir que al no tratarse de un encuentro oficial no se requirió control antidopaje.

Más allá de las elecciones, el toque de genialidad futbolística de la semana lo ha protagonizado Radomir Antic en conversación con Emilio Pérez de Rozas. Tiene la receta para que el Barça vuelva a ser un equipo de postín. Se trata simple y llanamente de acabar con el proceso independentista que afecta negativamente a la manera de jugar y concentrarse de la plantilla blaugrana. Se supone que también por eso el Espanyol anda en posiciones de descenso. Si le llama un periódico inglés preguntando por el descalabro del Tottenham seguro que el bueno de Antic podrá atribuirlo al 'brexit'. En las próximas elecciones sería un buen candidato. Da el nivel.

La leche de avena, el deporte ante el ordenador

Si la leche puede ser de avena y las hamburguesas de paja, a ver quién es el guapo que discute que sentarse delante de un ordenador en línea para jugar a un videojuego no es un deporte.  eEsport, le llaman y ya es un negocio más que redondo. Servidor no lo acaba de ver claro. Aunque como pierdo todas las batallas, doy por seguro que a pesar de mis reticencias seguro que se trata de los atletas del futuro. En campaña hemos visto a un partido que prometía construir un estadio para que albergara campeonatos de juegos electrónicos. El bombero que parió la idea fue Iñigo Errejón, el más 'millenial' de la clase.