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Conocidos y saludados

Entre la ley y el orden

A Fernando Grande Marlaska le atribuyeron haber dicho que «la violencia en Catalunya ha sido de mayor impacto que en el País Vasco» y se armó la de Dios es Cristo. Y como quedó escrito, impreso y publicado, nadie puso en duda la verdad de la mentira

Josep Cuní

Fernando Grande Marlaska, en una comparecencia ante los medios de información.

Fernando Grande Marlaska, en una comparecencia ante los medios de información. / DAVID CASTRO

Hace tiempo que vivimos en una sociedad de titulares. Y Twitter la vino a reforzar. Si no nos comprimen en muy pocos caracteres conceptos e ideas, dejan de interesarnos. Pero cuando lo hacemos no siempre acertamos, porque dejar en la esencia toda la consciencia ni es tarea fácil ni cometido simple. Así las cosas, podría entenderse que todo un magistrado, acostumbrado como está a las prolijas sentencias cargadas de subordinadas, tuviera sus dificultades en sintetizarnos una impresión y darnos un titular. Por eso, por falta de experiencia y de malicia, lo normal sería que su pretensión acabara en disgusto.

Le pasó al ministro del Interior. A Fernando Grande Marlaska (Bilbao 26/7/1962) se le atribuyó haber dicho que «la violencia en Catalunya ha sido de mayor impacto que en el País Vasco» y se armó la de Dios es Cristo. Y como quedó escrito, impreso y publicado a toda portada nadie puso en duda la verdad de la mentira. La reacción del mundo independentista, y no la única, fue tan rápida como la crucifixión del supuesto provocador. Incluso Rosa Lluch, hija del exministro asesinado por ETA y candidata al Senado por En Comú-Podem, se lo recriminó. Pero las cosas no fueron exactamente así. Ni decía textualmente en la entrevista lo que constaba entrecomillado en su cabecera, ni se refería a otro balance que no fuera la sorpresa por la intensidad de la violencia de una sola semana, ni la transcripción coincidía plenamente con la conversación que la había provocado. Así se demostró, de paso, que esta sociedad de titulares no necesita leer un texto para sacar las cosas de su contexto.

En una lista del comando Bizkaia

Quien haya seguido un poco la trayectoria del juez que mandó a Otegi a prisión, quien recordara que su nombre figuró en una lista del comando Bizkaia de ETA de objetivos a batir y quien hubiera leído su libro 'Ni pena, ni miedo' pudo extrañarse por la comparación. Sobre todo porque el actual ministro dijo en aquel momento que, como vasco, entendió que aunque la amenaza terrorista contra su persona no era normal, lamentablemente tampoco era extraordinaria. Es posible que quienes más pudieran sorprenderse con el paralelismo fueran aquellos ciudadanos informados que le hubieran escuchado decir en la radio, solo dos semanas antes, que la relación era tan forzada como irreal. Así se lo recriminaba a quienes ya insistían en ello para crear un imaginario colectivo que hiciera creer fuera de Catalunya que aquí habíamos importado aquellos dramáticos años de plomo. Y que ya buscábamos a nuestro Fernando Aramburu para que nos escribiera una 'Patria' a la catalana donde constara que la peor de las violencias es el silencio cómplice.

A pesar de todo, y como sabemos el pan que se da en la política y los cambios de criterio a los que empuja, pasar de la extrañeza a la sorpresa tampoco hubiera sido nada extraordinario. Ante eso, y como es habitual, las aclaraciones posteriores y las matizaciones complementarias del ministro se han perdido en la tenue frontera que separa la explicación de la justificación. Nadie repara en el gasto de revisar su posición y ahí queda la malicia, cuando no el estigma.

La curiosa petición del Govern

La contundencia de las réplicas a Marlaska fueron también fruto de la tensión 'post-sentencia' y del papel que la suerte le ha deparado. Y por suerte, entendamos la curiosa posición del Govern de la Generalitat que, lejos de defender a su policía, auténtica estructura de Estado donde las haya, la ha fustigado. El desconcierto en el que se sumió el 'conseller' Buch le tuvo sometido a un intenso silencio solo roto después de comprobar que el ministro ocupaba su lugar. Alguien había olvidado el principio físico que advierte que el vacío no existe. O como tradujo Johan Cruyff: «Si tu no tienes pelota, la tiene el contrario».

Eso hizo deducir a los más susceptibles que los Mossos ya habían sido intervenidos. Sutilmente y sin que se notara el cuidado. Hasta que las tardías y continuas apariciones del titular catalán pretendieron contraprogramarlo. Pero como lo que este conseguía era que se continuara hablando de su probable cese, la determinación de los balances sumada a la habilidad para el elogio de Grande Marlaska a todos los uniformados echó el resto. Añadamos que no le consta ninguna vulneración de los protocolos policiales durante las polémicas cargas, para que los Mossos le hayan adoptado como padre putativo que palíe su sentimiento de orfandad. Así, lo que en Euskadi consiguió con la ley, en Catalunya lo persigue con el orden.