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muy seriemente

La involución de las especies, por ahora, políticas

'Sucesor designado' (Netflix) explora en la ficción el acceso al poder del menos adecuado y en el peor momento, serie de éxito en Catalunya y en Guatemala

Carles Cols

Kiefer Sutherland, inesperado presidente de los EEUU en ’Sucesor designado’.

Kiefer Sutherland, inesperado presidente de los EEUU en ’Sucesor designado’. / NETFLIX

En Guatemala habrá quien crea que Catalunya es uno de esos desopilantes países africanos inventados por Evelyn Waugh como escenario de algunas de sus obras más tronchantes, Ismailía, en ‘Noticia bomba’, y Azania, en ‘Merienda de negros', país este último, por ejemplo, donde reina Seth, “tirano de los mares y licenciado en Oxford”. Si no han tenido ocasión, merecen la pena. La cosa es que en Guatemala hay un diario con el mismo nombre que este que ahora tienen en sus manos y de diseño bastante parecido. Es una suerte. De madrugada aquí, el tráfico en la versión digital de EL PERIÓDICO registra un ligero ‘boing’, un leve repunte de audiencia. Es media tarde en Centroamérica. Los que entienden de esto lo atribuyen, pues, a una confusión, pero no hay que descartar que los guatemaltecos sigan con voracidad seriófila las andanzas de Quim Torra como si de Kiefer Sutherland en ‘Sucesor designado’ (Netflix) se tratara. Bienvenidos a la quinta entrega de ‘muy seriemente’, donde, a ver qué pasa, hasta se dirán tacos.

Kiefer Sutherland es el peor en el peor momento en la serie de Netflix, presidente de EEUU por una vía legalmente posible

‘Sucesor designado’ no es, vaya esto de antemano, para sumilleres de la cata de series. Nació originalmente en la ABC estadounidense con un éxito de audiencia inesperado. Cuando más adelante flojeó, Netflix la acogió bajo su paraguas, por ver si repetía el abracadabra de ‘La casa de papel’, que por televisión pasó sin deslumbrar y, en cambio, empaquetada y servida de pago, dio la vuelta al mundo con éxito en todas sus escalas.

El primer capítulo es la repera. Toma como punto de partida una figura política real desde tiempos de la guerra fría. Antes del Discurso del Estado de la Unión en el Capitolio, el gabinete presidencial, ante el temor de que un ataque brutal y preciso descabece el poder en Estados Unidos, elige al, a veces, más mindundi integrante de la cadena de mando y le aparta a un lugar seguro por si ocurre algo. Dan Glickman, secretario de Estado de Agricultura, ahí va un caso auténtico, fue en 1997 el ‘designated survivor’ de Bill Clinton durante unas horas. Custodiado por el servicio secreto, pasó el día en Nueva York. Finalizado el discurso, desdeñó volver a Washington con los agentes. Quería aprovechar para visitar a su hija en Manhattan. Se puso a llover con ganas. En menos de media hora pasó de tener a mano el maletín nuclear a no poder parar ni un taxi.

Sutherland, en la serie, le ocurre lo que jamás ha ocurrido en la realidad. En el papel de Tom Kirkman, secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano a punto de ser cesado por la Casa Blanca por su gallináceo vuelo político, termina siendo presidente de los Estados Unidos tras un atentado. Es el peor en el peor momento. Como Torra.

En febrero de 1965, James Reston director de 'The New York Times' y un faro que nunca se apagará para quienes creen que el periodismo jamás debe estar al servicio de la propaganda, publicó una columna memorable sobre la guerra de Vietnam, conflicto bélico que Lyndon B. Johnson, con un par, negaba que existiera. Como mucho admitía “una escalada” o la existencia de “medidas de represalia”. Reston rompió el silencio. “Ha llegado el momento de llamar pan al puto pan”, escribió en su columna semanal. Aquello era una guerra y punto.

Como dijo James Reston, un faro en esto del periodismo, es hora ya de "llamar pan al puto pan"

Pues eso. Ha llegado el momento de dar la razón a tipos como el periodista Guillem Martínez, el predictor del ‘procés’. A la independencia de Catalunya hace años que no le faltan comadronas. Hasta hubo un momento en que se programó una cesárea, el 27 de octubre del 2017, en la sala de partos del Parlament, que acabó como acabó. Martínez no solo ha sido de los que siempre ha sostenido que el embarazo era psicológico, sino que ha patentado además una interesante teoría política, la de que de un tiempo a esta parte la cúpula de los partidos y las instituciones se decide contraviniendo las lecciones de Darwin, por selección natural negativa. Sobreviven los menos dotados, ya sea en levante o en poniente, no sea que al otro lado de la barricada Pedro SánchezPablo CasadoAlbert Rivera... no se den por aludidos. Hay que llamar pan al puto pan. La selección negativa gobierna el país.

Posdata para los lectores de ultramar. Torra, sin mediar elecciones, fue el ‘sucesor designado’ de Carles Puigdemont y Puigdemont, también sin pasar por las urnas antes de  alocadamente suministrarle la epidural a la politíca catalana, lo fue de Artur MasMas (este sí que con victorias electorales en la mochila) lo fue en su día de Jordi Pujol, pero entonces no había internet y, amigos guatemaltecos, esos episodios de la monarquía convergente os los habéis perdido.