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No sólo fútbol

¡Esto es cosa de hombres!

El cántico coral es atrevido. En manada todo es más sencillo y menos vergonzante. Pero lo que hicieron los 'tifossi' al violentar a una periodista fue convertir el estadio de San Paolo en un recordatorio de que el fútbol es de uso exclusivo de los hombres.

Josep Martí Blanch

La periodista Diletta Leotta, en los instantes previso al Napoli-Brescia, del pasado 29 de septiembre. 

La periodista Diletta Leotta, en los instantes previso al Napoli-Brescia, del pasado 29 de septiembre.  / AFP / ALBERTO PIZZOLI

'Vedi Napule e poi muori'. Si ves Nápoles ya te puedes morir. Esta es la frase con la que los napolitanos, siempre exagerados, ensalzan hasta el límite las virtudes de su ciudad. Si ves Nápoles ya te puedes morir. Todos la usan, sepan o no que la deben al también desmedido Goethe. Es verdad. Si uno alcanza a verla, sentirla y acompasarse a su latido puede irse del mundo. Habrá visto tantos colores como tiene la vida. 

Pero a los muchachos napolitanos, a los 'guaglioni', les gustan más las tetas que el lugar en el que viven, por bonito que este sea. Tetas grandes. Tetas que miren al cielo. Como las de Diletta Leotta, la periodista del canal DAZN, a la que miles de hinchas del Napoli dedicaron a coro, desde las gradas, el cántico 'Fuori le tette!' (¡Que enseñe las tetas!), mientras ella realizaba su trabajo a pie de césped, antes del partido contra el Brescia.

Hasta que la pelota se ponga en movimiento

El cántico coral es atrevido. En manada todo es más sencillo y menos vergonzante. Pero no son los pechos de la señora Leotta lo que interesa de esa escena. Lo que hicieron en realidad los 'tifossi', violentando a la periodista, fue convertir el estadio de San Paolo en un recordatorio de que el fútbol es de uso exclusivo de los hombres. Un lugar donde la hembra mueve el culo para disfrute del macho. Un sitio en el que la periodista, la chica, la mujer, es un adorno, un 'atrezzo' con tacones para que su pierna sea más parecida a la de una yegua que montar, puesta ahí para entretener hasta que la pelota se ponga en movimiento. El fútbol es cosa de hombres, le decían en realidad cuando gritaban: ¡que enseñe las tetas!. El bárbaro sigue y seguirá vivo bajo la fina epidermis de la igualdad y el respeto proclamado. En todas partes, no solo en Nápoles.

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Cosa de hombres, como en Irán. Donde las mujeres podrán asistir esta semana, por fin legalmente, a un partido de fútbol tras el triunfo de la revolución de los ayatolás en 1979. Los bárbaros barbudos del Tribunal Revolucionario Islámico se van a tragar –ni de golpe ni del todo– su imbecilidad y su atraso. Los insultamos a conciencia, no todo es respetable y ellos no lo son. Las iranís, las más guapas del planeta –no es una opinión, es un hecho–, van a poder pisar un estadio y acudir el próximo jueves al Irán-Camboya, partido clasificatorio para el Mundial de Qatar. Claro que para que esto haya sido posible primero tuvo que arder en llama viva la desdichada Sahar Khodayari, la 'Chica Azul' de 29 años, que se quemó a lo bonzo en medio de la calle para alcanzar la categoría de mártir del fútbol. Sabía que iba a ser condenada a seis meses de cárcel por haber acudido a un partido de su equipo disfrazada de hombre. Se borró para siempre ardiendo como una tea.

La FIFA, atenta siempre a los recortes de prensa, amenazó a los iranís con sanciones, y estos han reaccionado diciendo que vale, que por una vez Alá mirará hacia otro lado mientras los culos de las féminas, origen de todo mal y tentación, ocupan su localidad. Los señores de la FIFA han quedado muy satisfechos con el gesto, así pueden mantener inalterable y sin costes de reputación su negocio y la fase de clasificación del Mundial de Qatar, país en el que, como todo el mundo sabe, las mujeres son tan iguales a los hombres que durante toda su vida son tratadas como menores de edad. 

Un asunto de corrupción moral

El Mundial de Qatar, por mucho empeño que le ponga el futuro entrenador del Barça, Xavi Hernández, explicando lo feliz que es y vive en ese país del que oficia de embajador, no es para la UEFA tan solo un asunto de corrupción económica. Es mucho más, es un asunto de corrupción moral. En el fondo, para los organismos internacionales del deporte la frase de Trump referida a las señoras, «cuando tienes dinero, ellas te dejan hacer cualquier cosa», tiene el eco de la verdad. En Estados Unidos, tocarlas (por utilizar un eufemismo), en países como Qatar, negarles la libertad de hacer lo que les plazca. 

Quién sabe, puede que leamos dentro de unos años que, al igual que ha sucedido en Nápoles, los aficionados iranís del Naft Tehran Football Club gritaron un día a una periodista que enseñase las tetas antes de un partido de su equipo. Aún les queda trecho para llegar ahí y cuando lo hagan, aún les faltará por llegar. Como a los napolitanos, como a nosotros, que también tenemos camino que recorrer. Porque aunque lo parezca no hay un mundo de distancia entre no poder entrar en un campo de fútbol y que te pidan a gritos que enseñes las tetas. Lo que subyace es muy similar: ¡esto es cosa de hombres! El animal está vivo. Hay que estarle encima. Aun así, mejor Nápoles que Teherán.