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ASUNTOS PROPIOS

Xavier Melero: "Con el juez Marchena hablaba de boxeo"

Núria Navarro

Xavier Melero, abogado de Joaquim Forn en el juicio del ’procés’.

Xavier Melero, abogado de Joaquim Forn en el juicio del ’procés’. / ELISENDA PONS

El juicio del 1-O pasará a la historia por la inminente sentencia del juez Marchena. Y quizá también por el poder hipnótico del abogado Xavier Melero (Barcelona, 1958), defensor de Joaquim Forn. "Dan ganas de delinquir para que él te defienda", se retuiteó hasta el infinito. El penalista asegura, en cambio, que apenas tiene recuerdos de las sesiones.

–Es difícil de creer.
–Es como si hubiera pasado mucho tiempo.

–¿Por dónde anda su vanidad?
–Aparte de cuando voy a comprar cebollas al mercado del Ninot y se me acerca alguna yaya, poca cosa más. La notoriedad es una construcción mediática. Pasará y pronto volveré al silencio.

–Mientras el suflé no baja, échese alguna flor.
–¿Sabe esa señal de tráfico de 'hombre trabajando'? Pues así me sentí. Desde mis primeras intervenciones, creo, se me ubicó en el plano del profesional que no tenía bandera política.

–¿Ni siquiera naranja?
–¡A los de Cs ahora no los puedo ni ver! El proyecto me interesó mientras fueron cenas y charlas. Rivera, que de dice liberal, no ha dicho ni una palabra del equilibrio de derechos y libertades. Yo soy liberal.

–Es un término polisémico.
–Emil Cioran decía que el liberalismo te lleva a la razón en momentos de puro hastío. Cuando las ilusiones políticas han demostrado ser mentiras peligrosas, lo que queda es el mal menor bien gestionado.

Xavier Melero, durante el juicio del 1-O en el Supremo. /efe

–Pensar que, de mozo, le tentó el anarquismo.
–La edad da el estímulo de pensar en la cosa pública en términos posibilistas. Estética y psicológicamente, estoy muy cerca de la izquierda. Ahora, cuando se trata de la gestión pública y veo que su imaginación solo da para subir impuestos y abrir fronteras, me desencanto.

–¿Acudir con toga y bambas al Supremo qué otra pista da de usted?
–Soy el que soy. Los hay que se ponen a ejercer la abogacía y van 'overdressing'.

–¿Nadie le afeó la conducta?
–El magistrado [Luciano] Varela, que no llevaba corbata negra, me dijo: "No guardas sala yendo así". Y el juez Marchena le replicó: "Javier se sienta y está impecable, el único que cantas eres tú".

–Curiosa su relación con Marchena. ¿De qué hablaban en los pasillos?
–De boxeo. Le dije que tendríamos que usar más esa frase de Mike Tyson que dice: "Todos mis rivales tienen una estrategia hasta que les pego la primera hostia". Es la definición de nuestro trabajo.

–¿Quién le puso difícil la pegada?
–El comisario [Juan Manuel] Quintela, un tío extremadamente listo. No lo podía enganchar. 

–¿De niño ya era usted un campeón de debate?
–En los jesuitas de Caspe, me cogieron la pelota en el patio y no me la devolvieron hasta que me fui del cole. En los Hermanos de la Sagrada Familia, espabilé.

–¿Qué ha nutrido su cerebro?
–La historia –entré en la facultad pensando en un futuro como el de Raymond Carr en Oxford, con la pipa, paseando por un césped centenario, pero vi que, con suerte, acabaría en un instituto explicando a Guifré el Pilós–, la literatura y la cultura popular –soy aficionado al jazz, y procuro estar al día del rock y el indie–. En la veintena era de los que pasaba tardes en la Filmoteca, dejé aparcada la cinefilia y ahora he vuelto. Al wéstern, sobre todo.

–Boxeo, wéstern, jazz. Arrabaleras aficiones tiene.
–Tener determinadas aficiones no es contradictorio con la seriedad forense. Y la seriedad forense no deja de ser una impostura. Es teatral pero es conveniente, porque sirve para proteger al débil.

–¿Una lección familiar?
–En casa me decían:"No es más rico quien más tiene sino quien menos necesita". Mi padre, un buen mecánico, era un hombre absolutamente satisfecho con lo que tenía.

–¿Y usted?
–Yo conservo los amigos de juventud y los 'hobbies'. No tengo barco ni casa en la Cerdanya.

–¿Qué lujo le permiten sus minutas?
–Poder decir que no a casos que me desagradan.

–Ha servido a más de un patricio sin vergüenza.
–Cobrando, claro. Supongo que también van al peluquero, ¿no? Todo el mundo tiene derecho a una defensa.

–¿A cuántos ha dicho 'no' desde junio?
–A alguna cosa importante con una connotación política que me ha venido. 

–La sentencia está al caer. ¿Qué dice su olfato?
–Yo continúo afirmando que si hay una pena privativa de libertad no podrá ser alta. Y si es alta, me quedaré como Atticus Finch en 'Matar un ruiseñor': profundamente sorprendido.

–¿La detención de los CDR anuncia malas noticias?
–Supongo que no... Espero que no.