LOS 92 DEL 92

El crédito con el que Javier de las Muelas abrió Nick Havanna y se le aceleró la vida

  • "No me cuentes más, te doy el préstamo", le dijo el banquero nada más escuchar a Samaranch decir "'À la ville de'... ¡Barcelona!"

Javier de las Muelas, a mediados de los años 90.

Javier de las Muelas, a mediados de los años 90. / JOAN CORTADELLAS

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Ferran Imedio
Ferran Imedio

Periodista

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A Javier de las Muelas, como a Barcelona, los Juegos del 92 le cambiaron la vida. Y más que aquellas semanas mágicas, la fortuna le comenzó a sonreír, como a la ciudad, seis años antes, el 17 de octubre de 1986 a las 13.30 horas, cuando Samaranch completó la frase "'À la ville de'..." con el nombre de la capital catalana y todo comenzó a rodar a la velocidad de Carl Lewis.

Por aquel entonces, De las Muelas era un joven y ambicioso emprendedor que tenía un par de coctelerías Gimlet (aún las dirige) y que buscaba financiación para hacer la obra que le permitiera inaugurar Nick Havanna, la mítica discoteca del Eixample que le iba a catapultar como el empresario vinculado a locales de ocio que todavía es hoy (Montesquiu, Speakeasy, Casa Fernández, Dry Martini en Barcelona y ciudades medio mundo...).

Escuchando a Samaranch en el coche

Aquel 17 de octubre, el empleado del banco que debía decidir si le daba el crédito se había reunido con De las Muelas poco antes de las 13.30 horas, y ambos no querían perderse el veredicto del Comité Olímpico Internacional. Así que hicieron una pausa en la reunión para escuchar a Samaranch. "Fuimos a su coche, que estaba aparcado en la calle, para poner la radio", recuerda con una sonrisa.

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"'À la ville de'... ¡Barcelona!», proclamó el presidente del COI. "No hace falta que me cuentes más, te concedo el préstamo", le soltó inmediatamente el del banco, convencido de que lo mejor estaba por llegar a la ciudad, y de que Nick Havanna iba a ser un buen negocio. No se equivocó. La discoteca, que abrió en diciembre del 86, lo petó durante los años posteriores e incluso acogió la presentación de la canción de Montserrat Caballé y Freddie Mercury , a la que acudió la soprano. Durante los días de competición fue el 'place to be' nocturno: "Acogimos al 'dream team' de baloncesto y a atletas de todo el mundo".

De las Muelas solo tiene una espina clavada de aquellos días: renunció a hacer un relevo de la antorcha olímpica "por vergüenza". Pero se desquitó y, tras los Juegos, comenzó a correr, llegando a participar en varios maratones. Definitivamente, los Juegos le aceleraron la vida.