LOS 92 DEL 92

Sandro Rosell: "Me cayó alguna lagrimilla en la inauguración"

Fichado por Rossich para los Juegos, luego fue él quien le reclutó para el Barça.

Sandro Rosell.

Sandro Rosell. / Joan Cortadellas

2
Se lee en minutos
Joan Domènech
Joan Domènech

Periodista

Especialista en Fútbol, Barça, Deportes.

Escribe desde Barcelona

ver +

Recuerda tres horas de tranquilidad y paz en medio de dos años y medio de trabajo intenso. El paréntesis de sosiego coincide con la ceremonia de inauguración. La vio sentado en la grada. Un privilegiado afortunado por la gracia del azar, en el sorteo de entradas que hubo para los empleados y le tocó a él.

"Me cayó alguna lagrimilla en la inauguración", confiesa sin rubor Sandro Rosell, tan emocionado por el espectáculo como feliz por ver la culminación del trabajo hecho. La primera jornada cerraba el trabajo previo de la construcción de un proyecto colosal en manos de una generación entusiasta, que tiró de ilusión donde faltaba la experiencia. La ceremonia del Estadi Olímpic era como enseñar un catálogo al mundo de lo que Barcelona, su gente, sus trabajadores, sus voluntarios, sus habitantes eran capaces de hacer: los mejores Juegos hasta entonces conocidos.

Con las lagrimillas se desprendía la tensión contenida. Días antes se había conocido un informe que pronosticaba lluvia aquel 25 de julio, que sumió a los trabajadores en una tarde de «mal rollo» por la amenaza que se cernía. Esa preocupación se diluyó en la víspera, aunque se habían tomado medidas para que la flecha de Antonio Rebollo encendiera el pebetero bajo la hipotética lluvia.

Sandro Rosell, durante la entrevista con El Periódico.

/ Joan Cortadellas

Rosell se sentó en la grada, dándose un respiro en su trabajo como uno de los responsables de marketing internacional. A su cuidado, como los compañeros en el departamento que lideraba Antoni Rossich, director de la División de Marketing –los papeles se invirtieron luego en 2010, cuando Rosell fue presidente del Barça y designó a Rossich como director general- tenía bajo su tutela cinco empresas patrocinadoras que también lo eran del COI: 3M, Kodak, Coca Cola, NBC y Mars, más la revista Sports Illustrated.

Su labor consistía en mantener la relación con los sponsors y revisar todas las acciones que se hicieran en el mundo relacionadas con los Juegos. "Fueron tres años a tope, estresantes, pero muy bonitos a la vez", recuerda con el tiempo, dando valor a las cinco horas de asueto de la jornada inaugural. Al día siguiente, ininterrumpidamente hasta la ceremonia de clausura, permanecía en el village donde los patrocinadores tenían sus carpas.

Sandro Rosell y Carles Vilarrubí salen de las oficinas del Barça en 2010.

/ Albert Olivé

Un 20% menos

Aceptó a gusto, subraya, meterse en "el fregao" que se avecinaba y sacrificar parte del sueldo que percibía como comercial en Myrurgia para ir al COOB. "Casi todos perdíamos un 20% del sueldo de nuestros respetivos trabajos, porque Rossich, como luego hizo en el Barça, miraba mucho la pela", relata Rosell.

Noticias relacionadas

Era un trabajo con fecha de caducidad, que en algunos casos se alargó hasta los Juegos Paralímpicos de septiembre y, excepcionalmente hasta final de año. Rosell volvió a ser uno de los escasos agraciados para escribir y documentar la memoria de cada departamento en los Juegos.

Luego se dedicó a sus negocios, y a ellos ha vuelto Rosell después de la presidencia del Barça (2010-14) y el ominoso paso, preventivo e injusto, por la cárcel, ensuciado por las cloacas del Estado.