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25 AÑOS DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Y Barcelona se reconcilió con el Mediterráneo

Un audaz plan urbanístico y la recuperación del entorno natural marcaron el plan de Barcelona en la fachada litoral

Víctor Vargas Llamas

Vista aérea del Port Olímpic y de parte de la Vila Olímpica, en pleno distrito de Sant Martí.

Vista aérea del Port Olímpic y de parte de la Vila Olímpica, en pleno distrito de Sant Martí. / XAVIER JUBIERRE

Si a un barcelonés le aseguran hace 30 años que en el futuro su ciudad sería la indiscutible capital del Mediterráneo, hubiera reaccionado entre la hilaridad y la estupefacción. Y no le hubieran faltado motivos. «La costa barcelonesa de los 80 estaba abruptamente interrumpida por la vía férrea, aún había barracas y una retahíla de industrias, además de un fondo marino altamente contaminado», ilustra el arquitecto Joan Busquets, director de Servicios de Urbanismo de Barcelona hasta 1989.

«Se trataba de dejar de vivir de espaldas al mar, devolver el espacio a los ciudadanos, superando el uso meramente industrial que tenía desde el siglo XIX», añade. Surge entonces la idea de los Juegos, «más como medio que como finalidad». «Se usó el evento como excusa para concebir un nuevo modelo para la cornisa marítima, respetando su esencia y evitando hacer una Miami mediterránea, con sus rascacielos infinitos, como pretendió en su día el exalcalde Porcioles», dice.

TRES HÁNDICAPS

«Había que recuperar el mar para los ciudadanos, impulsando actividades de ocio y restauración para paliar el declive industrial. Pero también pesaba resolver problemas de movilidad, por lo que se impulsó la Ronda Litoral, que conecta los extremos del frente marítimo, pero evitando ser un obstáculo para conectar la ciudad y el mar. De ahí que la ronda se concibiera bajo el nivel de la playa, y recurriendo a pasarelas para mejorar el acceso», destaca Josep Antoni Acebillo, director de Infraestructuras y Arquitectura de Barcelona 92.

El objetivo era superar el legado industrial  de la costa y retornar el mar a la ciudad

Un objetivo con tres hándicaps que hacían temer por el futuro del proyecto, pero que pudieron resolverse, expone Acebillo: «Las industrias desaparecieron por sí mismas al estar en declive. La línea férrea, que impedía llegar al mar, se pudo desviar y llevarla al túnel de Glòries. Y en el plano político, la oposición no quería fragmentar la sede y quería integrarla en un solo bloque en el Vallès, como era tradición en los Juegos. Pero al no tener mayoría se consiguió dividir en 4, una de ellas la Vila Olímpica, sin cuya presencia no se hubiera urbanizado y recuperado para la ciudadanía esos 5 km. de playa».

COMPLICIDAD

La innovadora apuesta urbanística hubiera resultado estéril en su plan de reconciliar a la ciudad con sus playas de no mediar una nueva sensibilidad medioambiental. «Aún en los 70, Barcelona no tenía playas como tales, a excepción de la Barceloneta. El resto de la costa de Llevant estaba plagada de fango, sedimento y suciedad, porque el residuo se vertía directamente al mar», recuerda Sito Alarcón, gerente del departamento de Costas del Área Metropolitana hasta el 92.

La transformación llega de la mano de tres actuaciones «clave», recuerda Alarcón: la mejora del alcantarillado, para evitar inundaciones de barrios como la Barceloneta; la puesta en marcha del colector de Llevant, que canaliza aguas residuales del norte de Barcelona, y la planta del Besòs, que depuraba el caudal con un tratamiento físico y químico (el Fòrum culminó el proceso el 2004 al añadir el tratamiento biológico).

Una metamorfosis que hoy permite practicar esnórquel y disfrutar de las vistas de salpas, fadrines y demás fauna, «cuando hace 30 años el único ser vivo del fondo marino, además de bacterias, era un gusano, el capitella capitata», recuerda Alarcón.

Con una mirada más respetuosa al entorno, la complicidad de autoridades y ciudadanos, y un audaz plan urbanístico, «culminó con gran categoría el proyecto de Cerdà», adornando la estructura en cuadrícula y abierta de la trama barcelonesa «con la fachada» que, hasta los Juegos, no tenía la ciudad, expone Busquets. La fórmula infalible para que Barcelona volviera a reconciliarse con el Mediterráneo.