Texto de Irene Benedicto
En solo un año desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump le ha dado la vuelta al tablero internacional a golpe de decisión unilateral, erosionando consensos que durante décadas habían servido de marco —imperfecto— para la política global.
Bajo la ley del más fuerte, su segunda presidencia ha normalizado la salida de organismos multilaterales, el uso de la presión económica y militar como herramienta política y una lectura del mundo donde el poder sustituye al derecho.
Esa lógica atraviesa escenarios distintos —de América Latina a Oriente Próximo— y si bien dice haber terminado múltiples guerras, su intervención en terceros países emula una lógica autoritaria que trasluce también en casa: persecución de manifestantes y periodistas, desprecio por el derecho internacional y una diplomacia de giros de guion, en la que trasluce la influencia de aliados atípicos para un Estados Unidos irreconocible, como la propia Rusia.
El resultado no es solo un cambio de alianzas, sino una transformación más profunda: la consolidación de un sistema en el que EEUU deja de arbitrar para imponer. Este es el nuevo (des)orden mundial, impuesto por Donald Trump.
América del Sur
Trump ha relanzado en América Latina la vieja Doctrina Monroe, a la que llama “Donroe” (por un juego de palabras con su propio nombre, Donald), para reivindicar la región como patio trasero de EEUU. La Casa Blanca lo vende como muro de contención ante China y Rusia y como respuesta a migración y narco, pero el mensaje es de tutela: premios a aliados, castigos a díscolos y presión económica y militar, con acuerdos a medida, para reordenar el poder hemisférico.
Venezuela
Venezuela marcó el punto de inflexión: la captura de Maduro dejó al régimen sin cabeza, pero no lo desmontó. Trump avaló a Delcy Rodríguez como presidenta interina, vista por opositores como marioneta, y ninguneó a María Corina Machado, antes favorita. El precedente inquieta. Con cuarentena naval, incautaciones y licencias, busca canalizar el petróleo hacia refinerías de EEUU para lucrar.
México
La relación con el vecino del sur se ha movido a golpe de amenaza. La presidenta mexicana, Claudia Sheibaum, se ha convertido en antagonista de un Trump que funciona a golpe de farol: activó un 25% a importaciones y lo justificó por el supuesto flujo de fentanilo y la falta de control de la inmigración que le llega. Cuando México anunció represalias, logró una tregua temporal para bienes cubiertos por el tratado norteamericano. Entre tanto, el Gobierno de EEUU ha pasado a referirse al Golfo de México como el Golfo de América.
Panamá
El Canal se ha convertido en símbolo de campaña permanente: ha repetido que lo “recuperará” y se queja de peajes “injustos” para barcos estadounidenses, con el argumento de que China influye en la vía. La respuesta desde Ciudad de Panamá ha sido tajante: el Tratado de Neutralidad obliga a pagar a todos y no existe acuerdo para eximir a nadie; incluso hubo una declaración conjunta de soberanía.
Colombia
Colombia vive una relación de choque y tregua con Trump. La disputa estalló por los vuelos de deportación: Petro rechazó aviones militares con migrantes esposados y Trump respondió con aranceles y sanciones, luego congelados tras el acuerdo. Tras la operación de EEUU en Venezuela, el cruce subió de tono por drogas y soberanía, hasta una llamada que rebajó la tensión e incluyó invitación a la Casa Blanca.
Canadá
Trump entró en su segundo mandato amenazando a Canadá de que lo convertiría en el estado número 51 de EEUU. Después siguió la guerra comercial: Washington impuso un 25% general (con energía al 10%) y Canadá respondió con contraaranceles del 25% a un amplio catálogo de productos estadounidenses. A pesar de que han retirado gran parte de esas medidas, la tensión sigue como herramienta de negociación. Esto ha despertado el rechazo político y social: los canadienses han boicoteado productos estadounidenses y el turismo ha caído.
Europa
Bruselas volvió al modo contramedidas en marzo de 2025, tras el arancel del 25% de Trump al acero y el aluminio. La Comisión activó represalias para blindar empleo e industria, mientras crecen las amenazas de ampliar el pulso comercial. En paralelo, su Estrategia de Seguridad Nacional retrata a la UE como una colección de Estados debilitados, y mezcla comercio con presión política y de seguridad.
España
España se ha convertido en el caso ejemplificante para las exigencias de Trump sobre el aumento del gasto militar. Trump ha presionado para saltar del 2% al 5% del PIB en defensa y ha usado al socio del sur como ejemplo de “rezagado” dentro de la OTAN - mientras socava la legitimidad de toda la alianza. El Gobierno ha replicado que ese listón es inviable a corto plazo, sobre todo en un país que apuesta por la sociedad de bienestar, a diferencia de EEUU.
Francia
Macron intenta colocarse al frente de la respuesta europea: reunió en El Elíseo a los sectores golpeados por los nuevos aranceles y pidió congelar inversiones previstas en EEUU para ganar palanca negociadora. Trump contestó con desdén: lo parodió en público, imitando su acento y gestos, y recreó una llamada en la que le “suplicaba” que retirara las tarifas, para ridiculizar su liderazgo.
Dinamarca
Tras el golpe en Venezuela, la mira se movió al Ártico: Trump volvió a exigir control sobre Groenlandia y llegó a insinuar que podría forzarlo. El gobierno groenlandés reivindicó su soberanía insistiendo en que la isla “no está en venta” y que, entre Copenhague y Washington, se queda con la primera como el mal menor. Vance visitó la base de Pituffik y apretó a los aliados. En la OTAN, el episodio se ha convertido en una prueba de unidad: socios europeos ya envían tropas y refuerzos.
Ucrania
El giro ha sido evidente: EEUU ha pasado de presionar a Moscú a trasladar a su propuesta varias de sus exigencias. Después de humillar a Zelenski en la Casa Blanca y acusarle de bloquear acuerdos, Trump ha presentado borradores de acuerdo que asumen cesiones territoriales en el este y el sur, además de fórmulas que dejan en el aire la entrada en la OTAN y priorizan un alto al fuego rápido. En Kiev lo leen como alineamiento con el Kremlin.
Con su ofensiva de aranceles, Trump ha normalizado el “ojo por ojo” comercial y el consecuente proteccionismo. Los gravámenes son, además, una palanca geopolítica para avanzar en sus intereses, desde migración a drogas, empujando a Canadá, México, China y la UE a responder con represalias. El pulso erosiona reglas de la Organización Mundial del Comercio y convierte la negociación en una guerra de desgaste, con más precios e incertidumbre.
Trump ha vuelto a ordenar la salida de EE UU del Acuerdo de París y ha anunciado retiradas ligadas a la arquitectura de la ONU, debilitando la diplomacia climática. En casa, impulsa desregulación y recurre a voces escépticas para justificar retrocesos, lo que politiza un debate basado en evidencia científica. El efecto contagio es más fácil: otros gobiernos hallan coartada para frenar objetivos.
La presión de Trump sobre la OTAN disparó el listón del 5% a largo plazo y aceleró subidas incluso en rezagados. Se compran armas, munición y defensa aérea a contrarreloj, con EEUU como gran proveedor, mientras la UE intenta repatriar producción. Como efecto colateral, la ayuda para cooperación mengua cuando más hace falta después de que EEUU haya cerrado USAID, dejando desatendidos sistemas de salud en África, Oriente Medio y Latinoamérica.
África
Aunque la guerra en Ucrania absorbe recursos de Moscú, Washington sigue usando el Sahel como escaparate de “mando y control”. La presencia rusa se limita unos pocos regímenes militares que aún alojan a mercenarios pero Trump ha renovado la presión contra ellos de forma más ejemplificante que eficiente. Por ejemplo, ha pasado a exigir un pago de hasta 10.000 dólares para visados a malienses, algo que Mali ha replicado en un raro intento de plantarle cara. Impacto práctico limitado, mensaje simbólico.
Sudáfrica
Se ha colocado como actor clave africano y ha tensado a Washington al llevar al gobierno de Netanyahu ante el tribunal de La Haya por Gaza. En respuesta, Trump ha agitado el bulo de un “apartheid” contra la minoría blanca para justificar el boicot de EEUU a la cumbre del G20 en Johannesburgo. Después anunció que no sería invitada al G20 de 2026 en Miami. El presidente Ramaphosa lo tachó de desinformación y recordó que es miembro fundador.
Nigeria
Motor económico y demográfico de África, Nigeria podría plantar cara a los abusos diplomáticos de Trump, pero se pone de perfil y mantiene una relación ambivalente: si bien denuncia presiones de EEUU para aceptar venezolanos deportados, acepta que Trump aumente las restricciones de visados, mientras coopera en seguridad. Esta Navidad, EEUU justificó bombardeos a Nigeria como respuesta a una supuesta “masacre” de cristianos, que sin embargo responde a terrorismo indiscriminado que sufre el país, pero que Trump capitaliza para promoverse como defensor de la fe cristiana en todo el mundo.
Somalia
En Minnesota, donde hay una pequeña concentración de comunidad somalí dentro de EEUU, la mayoría ciudadanos estadounidenses, Trump ha convertido un escándalo de fraude en munición política: lo usa para generalizar contra la comunidad, llegó a llamarla “basura” y desplegó miles de agentes migratorios en Minneapolis, que han matado a una mujer que participaba en las protestas.
Asia
Trump ha colocado la región en modo “gran negociación” y “amenaza creíble” a la vez. Impulsa un plan de 20 puntos para Gaza con desarme de Hamás y administración tecnocrática, y al mismo tiempo mantiene presión sobre Irán con opciones militares encima de la mesa. Entre tanto, en el Golfo, presume de acuerdos de inversión y defensa para amarrar alianzas y dinero.
Irán
La represión de las protestas en Irán de las últimas semanas contra el régimen del ayatolá Jomeini han servido como justificación para que Trump volviera a inmiscuirse. Dijo que actuaría “muy fuerte” si había ejecuciones de manifestantes y puso sobre la mesa opciones militares. Luego rebajó el tono argumentando que Teherán paraba las penas capitales, pero endureció sanciones contra responsables y redes ligadas al petróleo. Irán ha denunciado a EEUU ante la ONU.
Israel
Con Benjamín Netanyahu como aliado, Trump busca exhibir resultados: el plan para Gaza exige desarme de Hamás, liberación de rehenes y un esquema de gobierno tecnócrata. El primer ministro israelí lo respaldó, mientras las reservas afloran en el lado palestino, que se dirime entre negociar una paz justa o firmar cualquier paz. Desde el anuncio alto al fuego (incumplido), al menos 420 palestinos han muerto, y la ONU habla de 100 niños fallecidos.
Arabia Saudí
Riad es la pieza de su diplomacia transaccional. La Casa Blanca presume de compromisos de inversión que escalan hacia cifras cercanas al billón de dólares y de acuerdos que mezclan energía, minería y defensa. En paralelo, se ha divulgado un gran paquete armamentístico (con cifras récord) como parte del intercambio: capital saudí y compras, a cambio de paraguas estratégico.
China
Trump ha convertido la carrera por la IA en un pulso de “seguridad nacional”, por eso China siempre fue la más castigada con los aranceles para forzar reindustrialización y reducir dependencia. La estrategia combina controles a chips y presión sobre aliados para cerrar grietas. Pekín parece el único sin miedo a plantarle cara a EEUU y responde con contramedidas y acelera su autonomía tecnológica, elevando el riesgo de desacople y choque por Taiwán.
Oceanía
En Oceanía, Trump busca cerrar el flanco del Pacífico frente a China: prometió “reimpulsar” la asociación con los Estados insulares, con más conectividad, infraestructuras y cooperación en seguridad. Con Australia, el eje es AUKUS (Australia-Reino Unido-EEUU): tras meses de revisión en el Pentágono, dijo que el pacto de submarinos nucleares va “a toda máquina”, aunque siguen las dudas por plazos y costes.
Trump ha reforzado la idea de que manda quien aprieta. Culpa a Zelenski de bloquear la paz y presiona por cesiones, mientras coquetea con “hacer algo” con Groenlandia. En casa, ese estilo se traduce en mano dura: despliegues ante protestas por redadas migratorias, denuncias de uso excesivo de fuerza, y registros a periodistas. La agenda también recorta protecciones a migrantes y desmantela políticas de diversidad, normalizando el retroceso.
La Casa Blanca reactivó la retirada de la OMS y también ha suspendido el apoyo a decenas de organismos, afectando cooperación sanitaria y humanitaria. También las decisiones tomadas dentro de sus fronteras tendrán un impacto global: ha eliminado seis vacunas infantiles del programa obligatorio y ha rebajado sus preceptos de salud alimenticia, limitándose a decir que no se consuma alcohol para desayunar, mientras anima a comer carne roja.
Trump ha vuelto a definir el espacio como frontera estratégica: ordenó acelerar el programa Artemis para volver a la Luna en 2028 y proyecta un puesto avanzado en 2030, en competencia con China. A la vez impulsa la llamada ‘Cúpula dorada’, un escudo antimisiles de unos 175.000 millones con armas en órbita, y empuja a la NASA a depender más de contratistas privados. El nuevo planteamiento es conseguir ventaja militar y tecnológica, también en la luna.
Un reportaje de El Periódico
Texto: Irene Benedicto
Diseño e infografía: Andrea Hermida-Carro y Francisco José Moya
Coordinación: Rafa Julve