El olvido imposible
El olvido imposible
Por Idoya Noain
El pasado ni se debe ni se puede olvidar y lo sabe Nueva Orleans. Algunas de las heridas que abrió en una de las urbes más icónicas de Estados Unidos hace 20 años 'Katrina', un huracán que sacó a la superficie monstruosas y profundas corrientes de negligencia, injusticia, desigualdad y racismo, no han llegado a cicatrizar o han dejado graves secuelas.
Piezas socioeconómicas que cayeron como fichas de dominó, igual que los diques defectuosos que había alzado y mantenía el Cuerpo de Ingenieros, se han recolocado pero con frecuencia de mala manera. Y la preocupación ante el impacto del desdén y el poder político, cuyas insuficiencias y errores se encarnaron hace dos décadas en George W. Bush, se replica ante el paralelismo intensificado de esos problemas cuando el Despacho Oval lo ocupa otro republicano, Donald Trump.
Lo que empezó como una depresión tropical formada en las Bahamas se transformó en 'Katrina', una tormenta que el 25 de agosto de 2005 golpeó Florida como huracán de categoría 1 antes de salir al Golfo de México e ir transformándose con la fuerza de sus aguas y los días en un monstruo que alcanzó la categoría 5, con vientos sostenidos de más de 280 kilómetros por hora.
LA TRAYECTORIA DEL HURACÁN
El día 29 'Katrina' tocó tierra en Luisiana, unos 70 kilómetros al este de Nueva Orleans, cruzó el Lago Pontchartrain y volvió a tocar tierra en Misisipí, sembrando la destrucción con sus vientos, lluvias y marejadas ciclónicas.
En Luisiana el impacto de las crecidas se vio agravado por la degradación de los humedales, una barrera natural debilitada por la erosión costera, la construcción de diques y canales y décadas de exploración petrolera, que permitieron la entrada de agua salada y el debilitamiento de las delicadas marismas.
El día 29, con la mayoría de la prensa esperando el huracán en el histórico barrio francés de Nueva Orleans, que no se inundó, inicialmente se pensó que la ciudad había esquivado lo peor. En unas horas, no obstante, empezó a conocerse la realidad: el sistema de diques y muros de contención diseñado y construido por el Cuerpo de Ingenieros y de cuyo mantenimiento se encargaban entidades federales y locales, sufrió 53 fallos catastróficos.
VISTA EN SECCIÓN DE NUEVA ORLEANS
El día 29, con la mayoría de la prensa esperando el huracán en el histórico barrio francés de Nueva Orleans, que no se inundó, inicialmente se pensó que la ciudad había esquivado lo peor. En unas horas, no obstante, empezó a conocerse la realidad: el sistema de diques y muros de contención diseñado y construido por el Cuerpo de Ingenieros y de cuyo mantenimiento se encargaban entidades federales y locales, sufrió 53 fallos catastróficos.
Tras ese colapso, que dos años después la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles definiría como "la peor catástrofe de ingeniería en la historia de EEUU", latían problemas estructurales. Estos incluían errores de diseño y decisiones de construcción para abaratar costes, inspecciones y mantenimiento deficientes... Y fue un cúmulo que hizo ceder a los diques en muchos casos incluso antes de que las aguas alcanzaran o sobrepasaran los topes de los muros.
Hasta el 80% de la ciudad quedó bajo las aguas, que anegaron por completo barrios como el Lower Ninth Ward o Gentilly, que como otras de las áreas bajas más vulnerables estaban pobladas sobre todo por afroamericanos.
Contenedores de carga en Nueva Orleans (Estados Unidos) tras el paso del huracán Katrina. EFE/David J. Phillip POOL
Contenedores de carga en Nueva Orleans (Estados Unidos) tras el paso del huracán Katrina. EFE/David J. Phillip POOL
Dos hombres caminan a través del agua en Metarie, Luisiana mientras empujan una barca en la que llevan algunas de sus pertenencias, incluidos un perro y una cabra. EFE/Paul Buck
Dos hombres caminan a través del agua en Metarie, Luisiana mientras empujan una barca en la que llevan algunas de sus pertenencias, incluidos un perro y una cabra. EFE/Paul Buck
Una persona navega en un bote frente a los escombros de lo que fue un complejo de apartamentos devastado por el paso del Huracán Katrina a 23 millas de New Orleáns, el 30 de agosto de 2005. EFE/Gerardo Mora
Una persona navega en un bote frente a los escombros de lo que fue un complejo de apartamentos devastado por el paso del Huracán Katrina a 23 millas de New Orleáns, el 30 de agosto de 2005. EFE/Gerardo Mora
Una vista aérea de una barcaza en el centro de una vecindad inundada por el Huracán Katrina en Nueva Orleáns. EFE/David J. Phillip
Una vista aérea de una barcaza en el centro de una vecindad inundada por el Huracán Katrina en Nueva Orleáns. EFE/David J. Phillip
Un hombre traslada en una carretilla algunas de sus pertenencias en la zona en la que se amontonan objetos dañados por el paso del huracán Katrina, en Slidell, cerca de Nueva Orleans. EFE/David J.Phillip/Pool
Un hombre traslada en una carretilla algunas de sus pertenencias en la zona en la que se amontonan objetos dañados por el paso del huracán Katrina, en Slidell, cerca de Nueva Orleans. EFE/David J.Phillip/Pool
La orden de evacuación obligatoria de Nueva Orleans, inédita en la ciudad, la dio el alcalde Ray Nagin menos de 24 horas antes de la llegada de Katrina y decenas de miles de personas no pudieron irse. Eran, en su mayoría, personas sin recursos, ancianos, enfermos... Eran, en su mayoría, negros.
Varias personas esperan para ser evacuadas en la ciudad de Nueva Orleans, en el estado de Luisiana, tras el paso del huracán Katrina. EFE/GERARDO MORA
Varias personas esperan para ser evacuadas en la ciudad de Nueva Orleans, en el estado de Luisiana, tras el paso del huracán Katrina. EFE/GERARDO MORA
Más de 10.000 acudieron inicialmente al Superdome, el gran estadio cubierto en el centro de la ciudad, que se usó como refugio de última necesidad. Conforme la crisis se agravó, miles y miles más que consiguieron sobrevivir, ser rescatados o escapar de las casas inundadas, de los áticos, de las aguas de las inundaciones tóxicas y salpicadas de cadáveres, siguieron llegando al estadio o al Centro de Convenciones, donde fue produciéndose un deterioro insoportable de condiciones inhumanas e insalubres y se disparó la desesperación y el abandono.
Prácticamente todo falló y a todos los niveles: local, estatal y federal, pero el más estrepitoso fracaso fue la negligencia de Washington. La imagen de Bush sobrevolando la ciudad en el Air Force One dos días después del impacto del 'Katrina' fue el símbolo de la distancia y la indiferencia de un gobierno lastrado no solo por la lentitud de la respuesta y la ausencia de coordinación de la ayuda de FEMA, la agencia federal de gestión de emergencias, y del Departamento de Seguridad Nacional, sino por la imagen de abandono de los estadounidenses de una ciudad donde los negros representaban el 67% de la población y los pobres, el 30%.
En el suelo del Astrodome de Houston se pueden ver los refugiados que se encontraban en el Superdome de Nueva Orleans durante el huracán "Katrina", 1 de septiembre de 2005. EFE/BOB LEVEY
En el suelo del Astrodome de Houston se pueden ver los refugiados que se encontraban en el Superdome de Nueva Orleans durante el huracán "Katrina", 1 de septiembre de 2005. EFE/BOB LEVEY
Ciudadanos de Nueva Orleans aguardan en el exterior del centro de convenciones, en Nueva Orleans, Estados Unidos. EFE/Gary I Rothstain
Ciudadanos de Nueva Orleans aguardan en el exterior del centro de convenciones, en Nueva Orleans, Estados Unidos. EFE/Gary I Rothstain
El piso del Superdome se encuentra con personas evacuadas de la ciudad de Nueva Orleans. Miles de personas residentes y visitantes de Nueva Orleans refugiados en el Superdome tras las inundaciones causadas por el huracán "Katrina". EFE/St. Petersburg Times - Willie J. Allen Jr.
El piso del Superdome se encuentra con personas evacuadas de la ciudad de Nueva Orleans. Miles de personas residentes y visitantes de Nueva Orleans refugiados en el Superdome tras las inundaciones causadas por el huracán "Katrina". EFE/St. Petersburg Times - Willie J. Allen Jr.
2005 era el momento previo al nacimiento y estallido de las redes sociales pero entonces también la desinformación y el racismo fueron rampantes. Medios e incluso autoridades propagaron rumores sin confirmar (incluyendo por parte del jefe de la policía la supuesta presencia de francotiradores que atacaban las tareas de rescate) y se extendió un lenguaje que criminalizaba y deshumanizaba a los ciudadanos abandonados, extendiendo el miedo. Se exageraron noticias de pillaje, cuando la mayoría buscaba agua o alimentos para sobrevivir, se disparó el vigilantismo y hubo también abusos policiales.
Tuvieron que pasar cuatro días desde el golpe del 'Katrina' para que comenzaran las evacuaciones, que dieron inicio al mayor desplazamiento interno en EEUU desde los años 30 del siglo XX: más de un millón de personas se repartieron por distintas localidades y estados y en muchos casos se les siguió deshumanizando, tratándolos como si fueran refugiados y no ciudadanos estadounidenses.
El número definitivo de víctimas mortales de Katrina nunca se ha determinado pero hace ocho años el Centro Nacional de Huracanes redujo la cifra oficial desde 1.833 fallecidos hasta 1.392.
Las pérdidas económicas alcanzaron lo que, con ajuste de la inflación, serían hoy 190.000 millones de dólares según los Centros Nacionales de Información Ambiental de NOOA (la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), lo que lo convierte en el huracán más costoso de la historia en EEUU.
Miles de residentes de Luisiana en el Astódromo de Houston donde la cruz roja dispuso varias camas para los avacuados del huracán Katrina. EFE/Andrea Booher
Miles de residentes de Luisiana en el Astódromo de Houston donde la cruz roja dispuso varias camas para los avacuados del huracán Katrina. EFE/Andrea Booher
Nueva Orleans no ha vuelto a ser la ciudad que fue en muchos aspectos. Según datos de 2024 la población ha quedado en unos 357.000 habitantes, 100.000 menos que antes del golpe del 'Katrina', y en los barrios más golpeados, como Lower Ninth Ward, la despoblación ha sido aún mas acentuada (de hasta dos tercios).
El éxodo ha tenido un impacto no solo social sino también cultural y económico. La caída en los ingresos fiscales, por ejemplo, repercutió en una degradación de la seguridad o del sistema educativo. Hoy el índice de paro, por ejemplo, es mayor que antes del 'Katrina'.
El esfuerzo de recuperación en estas dos décadas, además, no ha acabado con las desigualdades e injusticias con un claro sesgo racial, sino que ha contribuido a que se disparen. El estado, por ejemplo, recibió 10.000 millones de dólares para supervisar el Programa Camino a Casa, el mayor empeño de recuperación de vivienda de la historia de EEUU, diseñado para hacer frente a costes que no cubrían la ayuda federal o los seguros, pero las compensaciones para la reconstrucción dependían del valor de tasación de las casas, lo que acabó castigando a quienes tenían las viviendas más humildes.
El Congreso destinó 14.000 millones de dólares para la reconstrucción reforzada y mejorada del sistema de diques pero su efectividad está en duda, especialmente ante el impacto del cambio climático. Y Andy Horowitz, un historiador de la Universidad de Connecticut con uno de los libros más respetados sobre el 'Katrina', ha advertido de los peligros. "Desde 2005 varias de las tormentas que han tocado tierra en la Costa del Golfo superan con mucho la capacidad declarada del nuevo 'sistema de reducción de riesgos'", ha declarado a Grist, una publicación especializada en cambio climático. "Es solo azar, o suerte, que ninguna haya golpeado Nueva Orleans. Un día, inevitablemente, una lo hará".
Esas amenazas se incrementan por la presidencia de Trump, que ya ha recortado fondos al Cuerpo de Ingenieros y a FEMA. Y quizá por eso, y pese a la tragedia y a los reveses que perduran, Nueva Orleans y sus habitantes resisten y luchan por mantener a flote su ciudad. Ellos no olvidan el 'Katrina'. Y no dejan olvidar.
Un reportaje de EL PERIÓDICO
Textos:
Idoya Noain
Infografías:
Andrea Hermida-Carro
Coordinación:
Ricard Gràcia