LA DESIGUAL CARRERA POR EL CONTROL DE LA IA
Detrás de la inteligencia artificial hay mucho más que un filón que promete transformar la productividad, revolucionar la medicina, las finanzas o el transporte y optimizar toda clase de procesos a través de la automatización. La AI es también una poderosa herramienta para proyectar poder en el mundo y alterar sus equilibrios.
Esa suma de aplicaciones civiles y militares alimenta la carrera que libran Estados Unidos, China y la Unión Europea por ser los primeros en el desarrollo y la implementación de esta tecnología. Un objetivo regado con masivas inversiones de dinero público y privado. La competencia se está traduciendo en barreras a la exportación de ciertas tecnologías y la erosión de la cooperación multilateral. Por el camino también está relegando la preocupación sobre los riesgos de la IA, que aspira a dotar a la máquina del razonamiento del ser humano. Un horizonte que, según los más agoreros, podría poner en serio peligro a la humanidad.
A continuación te explicamos las principales fortalezas y debilidades de cada potencia ante una carrera que arranca de forma bastante desigual.
ESTADOS UNIDOS
Más dinero y mejor tecnología
EEUU lidera hoy la carrera por el desarrollo de la IA, según el ranquin de la Universidad de Stanford. Su sector es el que más capital privado ha recibido, ocho veces más que China en 2023. También es el que más modelos de lenguaje de gran tamaño ha creado, casi siete de cada diez. Diseña y produce los microchips más potentes, los motores que propulsan la tecnología. No tiene rival en la capacidad para almacenar datos, la materia prima de la AI. Y sus empresas dominan el sector, desde OpenAI a Nvidia, Google o Amazon.
"El modelo de EEUU se caracteriza por un cierto tecno-optimismo, que deja operar al libre mercado sin un marco regulatorio estricto", asegura Judith Arnal, investigadora del Instituto Elcano. "Se basa en la premisa de que la AI realmente mejorará nuestras vidas". La Casa Blanca acaba de anunciar el Proyecto Stargate, una alianza público-privada para potenciar el sector con la inversión de 500.000 millones de dólares en los próximos años.
Un modelo cuestionado
La irrupción de la china Deepseek ha puesto en cuestión la sostenibilidad del modelo estadounidense. Con muchos menos costes, gasto energético y poder computacional, la empresa asiática ha logrado un desempeño similar al de sus competidores estadounidenses. En paralelo, Donald Trump ha eliminado el marco regulatorio de su predecesor para conseguir un uso responsable y seguro de la AI, lo que podría minar la confianza en sus modelos.
Más dinero y mejor tecnología
EEUU lidera hoy la carrera por el desarrollo de la IA, según el ranquin de la Universidad de Stanford. Su sector es el que más capital privado ha recibido, ocho veces más que China en 2023. También es el que más modelos de lenguaje de gran tamaño ha creado, casi siete de cada diez. Diseña y produce los microchips más potentes, los motores que propulsan la tecnología. No tiene rival en la capacidad para almacenar datos, la materia prima de la AI. Y sus empresas dominan el sector, desde OpenAI a Nvidia, Google o Amazon.
"El modelo de EEUU se caracteriza por un cierto tecno-optimismo, que deja operar al libre mercado sin un marco regulatorio estricto", asegura Judith Arnal, investigadora del Instituto Elcano. "Se basa en la premisa de que la AI realmente mejorará nuestras vidas". La Casa Blanca acaba de anunciar el Proyecto Stargate, una alianza público-privada para potenciar el sector con la inversión de 500.000 millones de dólares en los próximos años.
Un modelo cuestionado
La irrupción de la china Deepseek ha puesto en cuestión la sostenibilidad del modelo estadounidense. Con muchos menos costes, gasto energético y poder computacional, la empresa asiática ha logrado un desempeño similar al de sus competidores estadounidenses. En paralelo, Donald Trump ha eliminado el marco regulatorio de su predecesor para conseguir un uso responsable y seguro de la AI, lo que podría minar la confianza en sus modelos.
Chat GPT, la inteligencia artificial de Open AI
Chat GPT, la inteligencia artificial de Open AI
Sam Altman, CEO de Open AI
Sam Altman, CEO de Open AI
CHINA
Más patentes y muchos más datos
China va por delante en patentes registradas y publicaciones científicas sobre la IA. También en la implementación de esta tecnología, ya sea en la robotización de sus fábricas, la gestión del tráfico en sus ‘ciudades inteligentes’ o con sus sistemas de vigilancia con reconocimiento facial o biométricos. El presidente Xi Jinping se ha fijado como prioridad nacional alcanzar el liderazgo del sector en 2030. A su favor tiene también más de 1.000 millones de usuarios de internet, que generan cantidades ingentes de datos, lo que permite crear modelos de lenguaje más sofisticados. También varias compañías punteras, algunas globalizadas. La inversión estatal y los subsidios a sus empresas son clave. "Su enfoque está más basado en el control estatal", dice Arnal. Lo que no significa, de momento, que esté estrangulando el sector. DeepSeek, que ha reemplazado a ChatGPT como la aplicación más descargada, desarrolló su lenguaje sin financiación estatal.
En manos de los microchips de EEUU
China es bastante dependiente de los microchips y semiconductores avanzados de EEUU, que sirven para multiplicar la productividad de los ordenadores. Un mercado que se le está cerrando, después de que la Administración Biden impusiera controles a su exportación, incrementados por Trump. "Lo que EEUU no entiende es que esos controles perjudican también a su industria y han empujado a China a desarrollar sus propias capacidades para ser lo más autónomo posible", asegura Pau Álvarez-Aragonés, consultor del Banco Mundial. De momento, ningún país lo es. La cadena de valor está muy interconectada.
Más patentes y muchos más datos
China va por delante en patentes registradas y publicaciones científicas sobre la IA. También en la implementación de esta tecnología, ya sea en la robotización de sus fábricas, la gestión del tráfico en sus ‘ciudades inteligentes’ o con sus sistemas de vigilancia con reconocimiento facial o biométricos. El presidente Xi Jinping se ha fijado como prioridad nacional alcanzar el liderazgo del sector en 2030. A su favor tiene también más de 1.000 millones de usuarios de internet, que generan cantidades ingentes de datos, lo que permite crear modelos de lenguaje más sofisticados. También varias compañías punteras, algunas globalizadas. La inversión estatal y los subsidios a sus empresas son clave. "Su enfoque está más basado en el control estatal", dice Arnal. Lo que no significa, de momento, que esté estrangulando el sector. DeepSeek, que ha reemplazado a ChatGPT como la aplicación más descargada, desarrolló su lenguaje sin financiación estatal.
En manos de los microchips de EEUU
China es bastante dependiente de los microchips y semiconductores avanzados de EEUU, que sirven para multiplicar la productividad de los ordenadores. Un mercado que se le está cerrando, después de que la Administración Biden impusiera controles a su exportación, incrementados por Trump. "Lo que EEUU no entiende es que esos controles perjudican también a su industria y han empujado a China a desarrollar sus propias capacidades para ser lo más autónomo posible", asegura Pau Álvarez-Aragonés, consultor del Banco Mundial. De momento, ningún país lo es. La cadena de valor está muy interconectada.
DeepSeek, la inteligencia artificial de Lian Wenfeng
DeepSeek, la inteligencia artificial de Lian Wenfeng
DeepSeek, la inteligencia artificial de Lian Wenfeng
DeepSeek, la inteligencia artificial de Lian Wenfeng
Lian Wenfeng, fundador de DeepSeek
Lian Wenfeng, fundador de DeepSeek
EUROPA
Buena regulación y talento prometedor
"Ni siquiera estamos en la carrera, vamos retrasados", dijo hace unos días el presidente francés Emmanuel Macron. Hay quien piensa que exageraba, pero claramente la Unión Europea va por detrás en la competición por la AI. Su principal activo es el modelo de gobernanza que ha establecido para la IA, un marco regulatorio para proteger la privacidad o prevenir la desinformación. "Tiene un enfoque más humano-céntrico, el riesgo es que nos pasemos de frenada y el exceso de regulación acabe frenando la innovación", dice Arnal.
También cuenta con talento y start-ups prometedoras como la francesa Mistral o empresas esenciales en la cadena de valor de los semiconductores como la holandesa AMSL. Esta misma semana, Bruselas anunció un plan público-privado para invertir 200.000 millones de euros en el sector para recortar distancias con sus competidores.
Menos inversión y menos empresas
La inteligencia artificial europea ha recibido hasta ahora menos inversión pública y privada que sus competidores, aunque países como Francia y Alemania no están tan lejos. Tampoco ayuda la fragmentación de su mercado o la falta de grandes empresas del sector con un acceso masivo a datos. Spotify es una de las pocas excepciones. Y aunque se está tratando de remediar, el año pasado los expertos estimaban que más del 70% de los datos de los europeos se almacenaban fuera de la UE, principalmente en EEUU.
Buena regulación y talento prometedor
"Ni siquiera estamos en la carrera, vamos retrasados", dijo hace unos días el presidente francés Emmanuel Macron. Hay quien piensa que exageraba, pero claramente la Unión Europea va por detrás en la competición por la AI. Su principal activo es el modelo de gobernanza que ha establecido para la IA, un marco regulatorio para proteger la privacidad o prevenir la desinformación. "Tiene un enfoque más humano-céntrico, el riesgo es que nos pasemos de frenada y el exceso de regulación acabe frenando la innovación", dice Arnal.
También cuenta con talento y start-ups prometedoras como la francesa Mistral o empresas esenciales en la cadena de valor de los semiconductores como la holandesa AMSL. Esta misma semana, Bruselas anunció un plan público-privado para invertir 200.000 millones de euros en el sector para recortar distancias con sus competidores.
Menos inversión y menos empresas
La inteligencia artificial europea ha recibido hasta ahora menos inversión pública y privada que sus competidores, aunque países como Francia y Alemania no están tan lejos. Tampoco ayuda la fragmentación de su mercado o la falta de grandes empresas del sector con un acceso masivo a datos. Spotify es una de las pocas excepciones. Y aunque se está tratando de remediar, el año pasado los expertos estimaban que más del 70% de los datos de los europeos se almacenaban fuera de la UE, principalmente en EEUU.
Tres claves geopolíticas de la IA
Nuevas formas de guerra
La IA está cambiando rápidamente el modo de hacer la guerra, una transformación que permitirá a países con fuerzas convencionales relativamente pequeñas una defensa mucho más robusta. Ucrania es un buen ejemplo. Sus fuerzas armadas y su Gobierno han integrado la inteligencia artificial de empresas estadounidenses como Palantir, Microsoft o Google en su día a día. Tanto para localizar objetivos rusos con el análisis de imágenes por satélite, datos abiertos, vídeo tomado por drones o información sobre el terreno, como para prevenir ciberataques, localizar minas o recolectar pruebas de crímenes de guerra. De acuerdo con algunas fuentes, la mayor parte de los objetivos atacados por sus militares los propone la IA. Algo similar a lo que ha hecho Israel en Gaza.
Un mundo menos multilateral
La carrera por la IA está agudizando la rivalidad entre las grandes potencias y la irrelevancia creciente del multilateralismo. Tanto EEUU como Reino Unido se negaron esta semana a firmar la declaración de la cumbre de París para buscar una regulación global para esta tecnología. Paralelamente, los controles a la exportación ganan terreno en nombre de la seguridad económica, afectando a las cadenas de suministro y el libre comercio. "En el campo de los semiconductores, por ejemplo, no es tan importante cuánto produces, sino el rol que tienes en la cadena de suministro y que países dependen de ti", explica Álvarez-Aragonés. "De modo que es posible que asistamos a cierta recomposición de las alianzas internacionales".
Control social, injerencia y bulos
La IA es una también una poderosa herramienta para el espionaje, el control social y la guerra informativa. Por esta última, entiéndase la capacidad de manipular a la opinión pública e influenciar la narrativa. Lo que puede hacerse con noticias falsas, ‘deepfakes’ de vídeos e imágenes manipuladas o algoritmos programados para fomentar la polarización. Y todo ello propulsado por bots. Herramientas que ya utilizan varios países para interferir en procesos electorales fuera de sus fronteras o promover la desestabilización. Paralelamente, el acceso a los datos de los usuarios es poder, de ahí que los principales actores de esta carrera se estén esforzando por tener sus propios sistemas de IA, un blindaje frente a los potenciales abusos de sus rivales.
En definitiva, la carrera por el desarrollo artificial está lejos de haber acabado. Más bien acaba de comenzar. Hay muchísimo en juego. Múltiples beneficios pero también infinidad de riesgos. El gran peligro es que acabe imponiéndose la ley de la jungla y se acaben descuidando las imprescindibles salvaguardas para preservar los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Un reportaje de El Periódico
Textos:
Ricardo Mir de Francia
Infografías:
Andrea Hermida-Carro
Ilustración:
TFA! / Generadas con Microsoft Copilot
Fotos:
AP / EFE / Reuters
Coordinación:
Rafa Julve