El Periódico

40 años del desastre nuclear de

Chernóbil

Por Juan Fernández

¿Qué lecciones dejó el mayor accidente nuclear de la historia?

El 26 de abril se cumplen 40 años del accidente de Chernóbil, el siniestro que puso nombre y relato al pánico popular a sufrir una contaminación nuclear y que cambió para siempre la historia de la energía atómica. Cuatro décadas después, las causas del percance están perfectamente identificadas, así como las lecciones que aportó en materia de seguridad nuclear. Hoy, según todos los expertos, sería impensable un incidente similar, por las características tan especiales que tenía la central ucraniana, muy diferente de las que actualmente siguen operativas, pero hace 40 años a estas horas, tampoco los técnicos de Chernóbil, ni los habitantes de las localidades cercanas, imaginaban lo que se disponían a vivir.

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¿Qué pasó en Chernóbil?

En la madrugada del 26 de abril de 1986, el techo del reactor número 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, situada a 20 kilómetros de la ciudad ucraniana de Chernóbil, cerca de la frontera de Bielorrusia, saltó por los aires causando el accidente nuclear más importante de la historia y único de nivel 7 INES (el grado más alto de peligro en la escala que mide la gravedad de los incidentes nucleares) junto al de Fukushima (Japón) de 2011.


El siniestro pudo acabar costando la vida a 4.000 personas en años sucesivos debido a enfermedades relacionadas con Chernóbil


El siniestro ocurrió mientras los técnicos de la planta llevaban a cabo una prueba que obligaba a reducir al mínimo la potencia del reactor, provocando su desestabilización, mientras los sistemas de seguridad permanecían anulados. La negligente gestión de aquella operación, unida al obsoleto diseño de la central -del tipo RBMK soviético que no se usaba en las instalaciones atómicas occidentales-, aumentó la dimensión de la catástrofe.

¿Qué pasó en Chernóbil?

En la madrugada del 26 de abril de 1986, el techo del reactor número 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, situada a 20 kilómetros de la ciudad ucraniana de Chernóbil, cerca de la frontera de Bielorrusia, saltó por los aires causando el accidente nuclear más importante de la historia y único de nivel 7 INES (el grado más alto de peligro en la escala que mide la gravedad de los incidentes nucleares) junto al de Fukushima (Japón) de 2011.


El siniestro pudo acabar costando la vida a 4.000 personas en años sucesivos debido a enfermedades


El siniestro ocurrió mientras los técnicos de la planta llevaban a cabo una prueba que obligaba a reducir al mínimo la potencia del reactor, provocando su desestabilización, mientras los sistemas de seguridad permanecían anulados. La negligente gestión de aquella operación, unida al obsoleto diseño de la central -del tipo RBMK soviético que no se usaba en las instalaciones atómicas occidentales-, aumentó la dimensión de la catástrofe.

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La prueba provocó el estallido del núcleo y el posterior incendio del reactor y de gran parte de la instalación, liberando a la atmósfera miles de isótopos radiactivos de plutonio, yodo, estroncio y cesio que se propagaron rápidamente por el aire. La radiación se extendió por Ucrania, Bielorrusia y Rusia, horas más tarde llegó a Escandinavia, y en días posteriores el viento la extendió por toda Europa. Llegaron a detectarse partículas radiactivas hasta en América del Norte. 

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La explosión causó la muerte directa de dos operarios y el fallecimiento, en días posteriores, de otros 30 más que acudieron a apagar el incendio, pero la Organización Mundial de la Salud calculó que el siniestro pudo acabar costando la vida a 4.000 personas en años sucesivos debido a enfermedades, principalmente cáncer, derivadas de haber estado en contacto con la radiación, aunque esta estimación no cuenta con el consenso de la comunidad científica. Como consecuencia del accidente quedaron contaminados 150.000 kilómetros cuadrados de terreno y aún hoy sigue habiendo un área de exclusión de 30 kilómetros alrededor de la central.

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¿Por qué se produjo el accidente?

A menudo se dice que detrás de una gran catástrofe no hay un solo motivo, sino una multitud de factores, y Chernóbil no escapó a esa casuística fatal.

1· La central que nunca debió inaugurarse

El primer fallo de Chernóbil fue su propia existencia. El reactor número 4 había entrado en funcionamiento dos años antes, en 1984, y se construyó siguiendo el modelo de las plantas nucleares diseñadas en la Unión Soviética para fabricar plutonio con fines militares en plena Guerra Fría. Como en el proceso se generaba calor, vieron que este podía aprovecharse para calentar agua que moviera turbinas y generara electricidad. Sin embargo, esas plantas eran más inestables que las que ya en esa época se diseñaba con fines civiles. “Las centrales occidentales son intrínsecamente estables porque el combustible, al calentarse, frena la potencia del reactor, como si lo ahogara. A la de Chernóbil le pasaba justo lo contrario: un aumento de calor aumentaba la potencia, calentando más el reactor y por tanto aumentando más la potencia, tal y como ocurrió”, explica el experto y divulgador en tecnología nuclear Alfredo García, operador en la central de Ascó (Tarragona).

Además, las centrales de este tipo, por su diseño, carecían de edificio de contención –la cúpula cilíndrica que las hace tan reconocibles-. “De haber tenido esa instalación, la mayoría de la radiación no habría escapado al aire”, añade. 

2· El ensayo que nunca debió haberse hecho

El accidente se produjo como consecuencia del ‘test de estrés’ al que quisieron someter a la central sus responsables. La intención era razonable: los técnicos sabían que, en caso de producirse una repentina caída eléctrica, los generadores diésel externos tardarían un minuto en poner en marcha el sistema de emergencia para refrigerar el sistema y querían saber si podían aprovechar la inercia de las turbinas del reactor para generar esa electricidad en menos tiempo. “Fue un error. Los experimentos hay que hacerlos bajo un férreo sistema de control de riesgos, pero esas medidas no se tomaron ese día en Chernóbil. Aquella prueba nunca debió haberse realizado”, señala Alfonso Barbas, ingeniero de la Sociedad Nuclear Española.

3· Las decisiones que nunca debieron tomarse

La prueba a la que fue sometida la central de Chernóbil que acabó desencadenando el accidente estuvo marcada por una fatal cadena de fallos humanos. Estaba programada para la mañana del 25 de abril, y de hecho la planta llegó a reducir su potencia para llevar a cabo el experimento, pero una llamada de Kiev detuvo el experimento porque no querían exponer la red eléctrica a un posible apagón. Finalmente, la prueba la retomó a medianoche un nuevo turno de técnicos que no tuvo en cuenta que la operación de la mañana había cambiado las condiciones físicas del interior del núcleo. La maniobra que aplicaron al comprobar que el reactor se estaba desestabilizando –volver a introducir rápidamente las barras de control- tuvo el efecto contrario al buscado. Cuando las puntas de grafito de las barras entraron en contacto con el núcleo recalentado, provocaron la explosión.

4· El plan de emergencia que nunca debió retrasarse

Los primeros testigos del accidente fueron los vecinos de Prípiat, la localidad más cercana a la planta, situada a dos kilómetros, que vieron el fuego con sus propios ojos –la escena la retrata fielmente la serie ‘Chernobyl’, estrenada en HBO en 2019-. Sin embargo, la primera voz de alarma oficial del accidente la lanzaron los técnicos de la central sueca de Oskarshamn, situada a 1.200 kilómetros, cuando dos días más tarde del siniestro detectaron anómalos niveles de radiación en el aire que les llegaba del sureste. Solo entonces, la televisión soviética anunció que “un reactor de la planta nuclear de Chernóbil se había visto dañado por un accidente”.

La evacuación de la población de Prípiat había comenzado a las dos de la tarde del día anterior, cuando la central llevaba 36 horas lanzando partículas radiactivas al aire. A los vecinos les dijeron que volverían en pocos días, pero jamás regresarían a sus casas. El secretismo y la lentitud con que las autoridades soviéticas gestionaron esta operación figura entre los grandes errores cometidos en este suceso.

5· El sellado de la central que hubo que rehabilitar

Una de las primeras imágenes del accidente de Chernóbil que pudieron verse en Occidente fue la de una sucesión de helicópteros arrojando material sobre la central, que aún seguía humeando. En realidad, se trataba de una aleación compuesta por arena, arcilla, boro y plomo –hasta 5.000 toneladas de lanzaron- con la que se intentó sellar el núcleo para que dejara emitir partículas radiactivas al exterior.  

Posteriormente se construyó un primer sarcófago de hormigón que con el paso de los años se vio degradado por efecto de la radiación y la climatología. En 2004 se inició la construcción de un nuevo sarcófago, que fue sustituido por en 2016 por la estructura móvil en forma de arco que actualmente cubre la instalación. Mientras tanto, los reactores 1, 2, y 3 siguieron funcionando tras el accidente. La última unidad dejó de generar electricidad en el año 2000.

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¿Qué lecciones y consecuencias se aprendieron?

 

A pesar del peso histórico que tuvo la catástrofe de Chernóbil, los expertos en energía atómica coinciden en asegurar que aquel evento aportó pocas lecciones en materia de seguridad nuclear. Principalmente, porque la vetusta instalación soviética se valía de un diseño y una tecnología que habían sido abandonados hacía tiempo en la inmensa mayoría de centrales nucleares y porque los errores humanos que desencadenaron el accidente fueron rápidamente identificados. Sin embargo, aquel siniestro tuvo consecuencias para la historia de la energía atómica de los últimos 40 años.

1· Mejoraron los protocolos de seguridad y la transparencia en las centrales

A diferencia de los países occidentales, la Unión Soviética carecía de un sistema independiente de inspección que fiscalizara la seguridad de las instalaciones nucleares. Esto cambió después de 1986, pero no solo en la URSS. Tras el incidente de Ucrania, el sector energético nuclear en su conjunto tomó mayor conciencia de lo mucho que se jugaba su futuro si no garantizaba la fiabilidad de las plantas y a partir de entonces se revisaron y mejoraron los sistemas y protocolos de seguridad de todas las centrales del mundo.

El fatal desenlace de Chernóbil estuvo estrechamente vinculado al oscurantismo con que las autoridades soviéticas gestionaron el incidente. Esto también cambió a partir de entonces. En 1989 se creó la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO), en la que los responsables de todas las centrales del planeta se intercambian continuamente información relacionada con las incidencias que sufren y los descubrimientos que hacen en materia de seguridad. 

Un niño ucraniano sostiene una foto de su difunto abuelo, fallecido por las consecuencias de la catástrofe nuclear de Chernóbil, en Kiev. | EPA
Un niño ucraniano sostiene una foto de su difunto abuelo, fallecido por las consecuencias de la catástrofe nuclear de Chernóbil, en Kiev. | EPA
Un manifestante con una pancarta en una manifestación sobre el 20 aniversario del desastre nuclear de Chernobil, en Kiev. | EFE
Un manifestante con una pancarta en una manifestación sobre el 20 aniversario del desastre nuclear de Chernobil, en Kiev. | EFE

2· Creció el rechazo social a la energía nuclear

En plena Guerra Fría, el pánico nuclear formaba parte de los miedos más fuertemente arraigados entre la población de multitud de países, pero este se dirigía, principalmente, hacia un hipotético enfrentamiento militar que desencadenara el lanzamiento cruzado de misiles atómicos entre los dos bloques geopolíticos. Sin embargo, Chernóbil permitió visualizar un nuevo riesgo al que hasta entonces se había prestado menor atención: que un accidente en una planta nuclear liberara material radiactivo causando muertes, enfermedades y malformaciones.

Tras Chernóbil cobraron brío los discursos anti-nucleares en Europa, sobre todo en países como Alemania, donde formaciones políticas como Los Verdes lograron granjearse muchos votos con la promesa de poner freno a esta fuente de energía apelando al peligro que entrañaban. El lema de “¿Nuclear? no, gracias”, símbolo de los movimientos cívicos antinucleares, se popularizó en esos años en todo el mundo.

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3· El desarrollo de la industria nuclear se detuvo

En 1970 había 89 reactores nucleares operativos en todo el planeta. Veinte años más tarde, esa cifra había subido hasta las 420 centrales atómicas que generaban electricidad en 1990. Sin embargo, treinta años más tarde, en 2020, seguía funcionando una cifra similar: 422. Esta comparativa de cifras da buena prueba del vertiginoso crecimiento que esta fuente de energía experimentó en los años 70 y 80, y del parón que sufrió tras el final de esta última década.

El quiebro que muestra la gráfica del desarrollo de la energía nuclear está directamente relacionado con el accidente de Chernóbil, que restó popularidad a este sistema de generación de electricidad y llevó a los gobiernos de multitud de países a detener proyectos en marcha o, directamente, descartarla. “El impacto que tuvo en la cultura popular fue brutal, en términos de relato, y no es proporcional a las pocas enseñanzas que dejó a los profesionales en materia de seguridad de las centrales”, confirma Alfonso Barbas.

4· Un hallazgo inesperado: los efectos de la radiación no se heredan

Después de Hiroshima y Nagasaki, Chernóbil fue el evento que expuso a más seres humanos a los efectos de la radiación. La escasez de pruebas experimentales relacionadas con el contacto con ese peligroso material disparó durante décadas las especulaciones acerca de los efectos que podría tener. Una de ellas auguraba que la radiación podía actuar sobre las gónadas haciendo afectando a las células reproductivas y que, como consecuencia de esto, las siguientes generaciones nacieran con malformaciones genéticas.

Chernóbil permitió comprobar que ese temor era infundado. Los estudios realizados sobre las cohortes nacidas de personas que recibieron altas dosis de radiación confirmaron que esas temidas alteraciones genéticas no se habían producido y que los hijos de los afectados no habían heredado los efectos de la radiación.

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¿Podría ocurrir hoy un nuevo Chernóbil?

En los últimos 40 años se ha producido una veintena de incidentes en centrales nucleares en todo el mundo. La apelación a este término, incidente, no es caprichoso, ya que ninguno de esos eventos, salvo el ocurrido en Fukushima (Japón) como consecuencia del terremoto y el tsunami que sufrió la zona el 11 de marzo de 2011, puede considerarse “accidente mayor” (nivel 7 en la escala INES). 

En España, el más alarmante se produjo el 19 de octubre de 1989, cuando un fallo mecánico en una turbina de la central de Vandellós I (Tarragona) provocó un incendio que afectó al sistema de refrigeración del núcleo y al ordenador de control. El siniestro fue considerado por los técnicos como “incidente grave” (Nivel 3 INES) y supuso el cierre del reactor. En 2008, una fuga de material radiactivo en la planta de Ascó I fue catalogada como “incidente” (Nivel 2 INES). 


Los expertos en energía nuclear reconocen que es imposible garantizar al cien por cien la seguridad de las instalaciones. “Pero volver a vivir una situación como la de Chernóbil es altamente improbable, porque la tecnología de aquella planta dejó de usarse y porque las medidas de seguridad de las centrales son hoy infinitamente mayores”, advierte Javier Pelegrinia, físico nuclear que presta servicios en materia de seguridad en las centrales de Ascó y Vandellós.

Tras el nuevo parón que supuso para la industria nuclear el accidente de Fukushima, en los últimos años han vuelto a proyectarse nuevos reactores en todo el mundo. Actualmente hay 67 plantas en construcción, con China como principal promotor de estas instalaciones. “Son centrales denominadas ‘pasivas’ porque están diseñadas para que ellas mismas se detengan por sí solas y de forma automática, si necesidad de ayuda exterior, si se produce el menor incidente”, explica Pelegrina.

Accidente en la central nuclear de Vandellós, Tarragona, en 1989.
Accidente en la central nuclear de Vandellós, Tarragona, en 1989.
Accidente nuclear en la central de Fukushima, en Japón.
Accidente nuclear en la central de Fukushima, en Japón.

A pesar de la mejora en los estándares de seguridad, el impacto social que dejó Chernóbil, reforzado un cuarto de siglo después en Fukushima, aún perdura. Tras el accidente de la central japonesa, el Gobierno de Alemania anunció que se desharía de todas sus instalaciones atómicas. En España, el calendario vigente para el desmantelamiento de los siete reactores aún activos pronostica el final de la energía nuclear en nuestro país para el año 2030.


Un reportaje de EL PERIÓDICO

Textos: Juan Fernández

Diseño e infografías: Alex R. Fischer, David Jiménez

Coordinación: Ricard Gràcia, Rafa Julve

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