Textos: Irene Savio
El acuerdo entre bosnios, serbios y croatas, firmado en 1995 bajo presión de EEUU, creó vías legales para recomponer un país martirizado por la guerra, pero aún hoy Bosnia se encuentra bajo tutela internacional, sin una democracia plena y con un Estado disfuncional.
Hace ahora 30 años, la guerra de Bosnia, el conflicto en el siglo XX más sangriento en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, acabó en París.
El acuerdo entre bosnios, serbios y croatas, firmado en 1995 bajo presión de EEUU, creó vías legales para recomponer un país martirizado por la guerra, pero aún hoy Bosnia se encuentra bajo tutela internacional, sin una democracia plena y con Estado disfuncional.
Firma de los acuerdos de Dayton, de izquierda a derecha, el presidente de Serbia Slobodan Milosevic, el presidente de Bosnia Alija Izetbegovic y el presidente de Croacia, Franjo Tudjman.
Firma de los acuerdos de Dayton, de izquierda a derecha, el presidente de Serbia Slobodan Milosevic, el presidente de Bosnia Alija Izetbegovic y el presidente de Croacia, Franjo Tudjman.
Aquel 14 de diciembre de 1995, 10 minutos antes del mediodía, en un ambiente tenso, durante un acto retransmitido en directo por la televisión francesa, los presidentes de Bosnia, Alia Izetbegović, Croacia, Franjo Tuđman, y Serbia, Slobodan Milošević, ratificaron en el palacio del Elíseo los acuerdos de Dayton, firmados primero bajo enorme presión de Estados Unidos (bajo la presidencia de Bill Clinton) en la base militar Wright-Patterson (cerca de Dayton, Ohio) en noviembre y solemnizados en la ciudad gala.
Slobodan Milosevic, Alija Izetbegovic y Franjo Tudjman firman el Acuerdo de Paz de los Balcanes. / Foto: CIA
Slobodan Milosevic, Alija Izetbegovic y Franjo Tudjman firman el Acuerdo de Paz de los Balcanes. / Foto: CIA
No hubo celebraciones en la martirizada Bosnia por Dayton. Ni júbilo. Algunos ciudadanos en Sarajevo, la capital, incluso se enteraron con retraso de la noticia debido a la falta de electricidad, exhaustos tras 43 meses de una guerra fratricida, que había puesto fin a la vida de unos 100.000 personas y forzado el desplazamiento de otros 2 millones, según estimaciones consideradas fiables por la ONU.
Refugiados albaneses de Macedonia llegan a la localidad kosovar de Donje Ljubinje. / Foto: Vadim Ghirda
Refugiados albaneses de Macedonia llegan a la localidad kosovar de Donje Ljubinje. / Foto: Vadim Ghirda
El acuerdo, además, no abrió el país a una vida en una democracia plena y socialmente justa. Ni construyó un Estado sólido ni una sociedad unida. Treinta años después de Dayton, Bosnia es aún hoy sinónimo de crisis política, con prolongadas paralizaciones legislativas atribuidas a un sistema altamente descentralizado de reparto de poder étnico, del que se ha beneficiado una élite política a menudo extremadamente corrupta y movida por intereses propios. Pese a algunas mejoras –que sí ha habido–, el resultado de esto ha sido la desazón de la ciudadanía.
Refugiados musulmanes bosnios. / Foto: HINA REUTER
Refugiados musulmanes bosnios. / Foto: HINA REUTER
EL PERIÓDICO ha preguntado a cuatro analistas y observadores especializados:
1) Lo peor y lo mejor de los Acuerdos de Dayton.
2) Quiénes son los responsables de la mala situación en la que se encuentra Bosnia.
3) Qué podría desencallar el futuro de Bosnia.
Todos han coincidido en que el mayor éxito del Acuerdo de Dayton fue poner fin a la guerra y sentar las bases para la construcción de un nuevo Estado. Pero también en que lo que vino después –por responsabilidades tanto de la clase política bosnia como de los actores internacionales– ha atrapado a Bosnia en un círculo infernal de desunión, nacionalismo e instituciones fallidas, que además ha impedido la recuperación de una plena soberanía (el país sigue bajo la tutela internacional y sin perspectivas de que pueda ponerse fin al protectorado del Alto Representante de la UE establecido en 1995).
Estas son sus respuestas:
Según Chris Bennett, exnúmero dos del Alto Representante en Bosnia y Herzegovina y autor del libro 'Bosnia’s Paralysed Peace', la difícil situación de Bosnia y Herzegovina es "un resultado directo de su sistema político, que genera conflicto". "La causa no es el Acuerdo de Dayton en sí, sino el sistema electoral que se adoptó en vísperas de las elecciones de 1990 y que sigue vigente hoy", asegura.
Bennett explica el entramado con palabras sencillas: "Dado que los políticos son elegidos exclusivamente por los votos de uno de los pueblos de Bosnia y Herzegovina, se consideran responsables únicamente de ese pueblo. Así, cada partido etnonacional persigue su propia agenda", señala. "La tragedia es que la causa estructural de la inestabilidad del país -un sistema arraigado de política de suma cero y discriminación institucionalizada- no ha sido abordada".
Por eso, subraya, cualquier cambio debe comenzar con "el reconocimiento de este fracaso. Mientras se siga insistiendo en que el proceso de paz bosnio ha sido un gran éxito, no se podrán afrontar los problemas reales del país".
Para Bennett, esto requiere en particular "un cambio de paradigma que busque nuevas formas de gestionar las relaciones entre bosnios, croatas y serbios". Y esto implica tres medidas clave: mantener a largo plazo los poderes ejecutivos para prevenir conflictos; modificar la relación con Croacia y Serbia para integrarlos en el acuerdo de manera que refuerce la paz; y, de manera crítica, transformar el sistema político y, sobre todo, electoral de Bosnia y Herzegovina. "[Hay que] obligar a candidatos y partidos a superar la división etnonacional y buscar votos en todas las comunidades para poder ser elegidos", sostiene. Al mismo tiempo, la comunidad internacional debería conservar "poderes ejecutivos para abordar la discriminación institucionalizada a nivel local y evitar un retorno a las hostilidades".
El bosnio Adnan Ćerimagić, analista sénior para los Balcanes Occidentales en la Iniciativa de Estabilidad Europea (ESI), opina que el legado de Dayton es agridulce. Por una parte, el acuerdo "creó vías legales para recomponer el país y para restaurar, en cierta medida, su carácter multiétnico", además de permitir muchas reformas posteriores, como "la creación de una policía fronteriza única y un sistema unificado de emisión de documentos para todos los ciudadanos". No obstante, la comunidad internacional y los propios bosnios-herzegovinos "fracasaron en reformar y adaptar" este pacto para convertir al país en un Estado moderno que pudiera ingresar en la Unión Europea, liberándose, además, del protectorado internacional.
"La responsabilidad es, obviamente, en primer lugar de los políticos nacionales, pero también, en parte, de los actores internacionales", afirma. Según él, a Bosnia se le prometió el ingreso en la Unión Europea (UE), sin que esa posibilidad real de acceso se impulsara debidamente. En estos 30 años, "a diferencia de otros vecinos como Croacia o Rumanía, Bosnia no ha tenido realmente esa oportunidad ni ha podido utilizar ese proceso para fortalecer sus instituciones y mejorar su funcionamiento", insiste.
"Hubo intentos de aprovechar el proceso de adhesión a la UE al principio, en particular en 2003, 2006 e incluso hasta 2010, cuando, al debatir sobre el acuerdo de libre comercio, las instituciones bosnias trabajaron juntas y aprovecharon las oportunidades que se ofrecían", detalla. "Pero en los últimos 15 años, ni las ofertas de la UE han sido serias ni la comunidad internacional ha sido capaz de reformar las funciones del Alto Representante para ofrecer un cambio positivo al país", añade, explicando que esta situación ha desanimado enormemente a la población. Conseguir generar ese momentum sería, en su opinión, lo que verdaderamente podría cambiar el destino del país.
La politóloga Ivana Marić cree que, si su país lograra liberarse del círculo vicioso de nacionalismo y corrupción que la martiriza, Bosnia y Herzegovina podría prosperar. "Existe un enorme potencial de desarrollo, desde recursos naturales hasta expertos de primer nivel y gente muy trabajadora", dice, convencida, esta investigadora.
El problema es que Bosnia es víctima de "políticos y empresarios corruptos y de todos aquellos que han tejido redes de crimen organizado junto con ellos". Unas élites que, en su opinión, "difunden deliberadamente odio y miedo étnicos artificiales para que sus actividades delictivas pasen desapercibidas" y "puedan seguir saqueando el país". "Los tres principales partidos nacionalistas -y sus líderes- no se temen entre sí y cooperan extremadamente bien, especialmente cuando se trata de repartirse el dinero público", denuncia.
En este línea, según Marić, si bien la mayor contribución de Dayton fue poner fin a la guerra, lo problemático del acuerdo es que dejó "demasiado espacio" precisamente a estas redes. "Sin embargo, ni siquiera eso es culpa de quienes redactaron el pacto: ningún arquitecto constitucional podría haber anticipado las innumerables formas en que los políticos bosnios han manipulado la Constitución y otras normativas", argumenta. Además "Dayton se concibió como una solución temporal, y se esperaba que las autoridades nacionales desarrollaran un sistema mejor, pero no fueron capaces de hacerlo", observa. "Dejar las cosas como están les permite culpar siempre a alguien más por sus fracasos".
Marc Casals, traductor, intérprete y autor de La Piedra Permanece –un bellísimo retrato que desmitifica muchos tópicos sobre Bosnia–, también tiene una opinión muy crítica. "Lo mejor de Dayton fue que detuvo la guerra y lo peor, que 30 años después no ha sido reformado. Es una idea para nada original que muchos llevan décadas expresando, lo cual da una idea del estancamiento de Bosnia". En la práctica, dice Casals, Bosnia "sigue sustancialmente en el mismo lugar que en 2005, cuando tras una década de relativo progreso tras el fin de la guerra el país se estancó".
Los responsables, añade, han sido principalmente "los políticos nacionalistas [locales], que además de estar en constante disputa –espontánea o escenificada–, han creado tupidas redes clientelares que ahogan a la sociedad". Además de ello, "las vecinas Serbia y Croacia, bajo pretexto de velar por las poblaciones serbia y croata de Bosnia, muchas veces han interferido en los asuntos del país. Y, por último, la comunidad internacional ha actuado con Bosnia con una actitud mezcla de desidia y no saber muy bien qué hacer, más allá de evitar una nueva guerra".
Además, ahora se han añadido dos variables más, en opinión de este observador. En particular, "hay que ver cuál es la política exterior de la Administración [del presidente estadounidense, Donald] Trump respecto a Bosnia, porque ahora está centrada en otros frentes como Ucrania. Y también qué ocurre en Serbia con las manifestaciones masivas por el descontento con el régimen de Aleksandar Vučić. Sin aclarar esas dos variables se hace difícil proponer recetas que puedan funcionar".
Las opiniones de estos expertos también se reflejan un durísimo sondeo publicado este año por los instituto Newton Research Europe e Indago, que analizó la situación de satisfacción democrática de la ciudadanía en nueve países candidatos a entrar en la UE o con alguna aspiración a emprender ese camino.
Según esta fuente, los ciudadanos de Bosnia se encuentran entre los más insatisfechos de la región con su sistema político y con la dirección que lleva su país, con niveles de descontento similares o incluso superiores a los de los ucranianos, que están en guerra. Además, son quienes muestran menor esperanza en un futuro mejor y quienes afirman en mayor proporción que no acudirán a votar en las próximas elecciones.
En Bosnia solo un 22,8% cree que el futuro será mejor (la cifra más baja de todos los países).
El 50% cree que el país "seguirá igual" y casi 25% cree que "empeorará".
Cómo ha llegado Bosnia a esta situación
Bosnia y Herzegovina, la más multiétnica de las repúblicas que constituían la antigua Yugoslavia socialista, cayó en los noventa víctima de los nacionalismos serbio y croata y de las injerencias internacionales, y pagó el precio más alto.
El acuerdo de Dayton, que sí puso fin a las actividades bélicas, también, al hacerlo, legitimó en parte el resultado de las "limpiezas étnicas" ejecutadas durante las hostilidades, repartiendo en la práctica en entidades distintas su población según su religión y grupo étnico. Además, Republika Srpska, que ha actuado a menudo como un estado dentro del Estado, también ha amenazado en más ocasiones –la última vez, en estos últimos años– con escindirse definitivamente del resto del país.
Qué estableció Dayton
El acuerdo de Dayton estableció la creación de dos entidades dotadas de una amplia autonomía: la Federación de Bosnia-Herzegovina, principalmente habitada por bosníacos y croatas, y equivalente al 51% del territorio; la República Srpska, de mayoría serbobosnia, equivalente al 49%. A estas entidades se añadió en el año 2000 el Distrito de Brcko, una zona reclamada por las otras dos entidades. A su vez, la Federación de Bosnia y Herzegovina está dividida política y administrativamente en diez cantones, cada uno de los cuales posee su propio gobierno. El cuarto nivel administrativo lo componen las 74 municipalidades en que se subdividen los cantones, mientras que la República Srpska se divide en 63 municipalidades.
Como consecuencia de este reparto de poder institucional, Bosnia también está dotada de otros 14 gobiernos con sus respectivas asambleas parlamentarias y cuenta con un elevado número de ministros, entre los 170 y 190. El principal elemento de unión: una presidencia (jefatura de Estado) colegiada, con tres miembros –uno bosníaco musulmán, uno serbio ortodoxo y el otro croata–, que gobiernan hoy un país de unos 3 millones de ciudadanos habitantes de un Estado disfuncional y empobrecido, en el que se ha perpetuado la división étnica y la corrupción, y que sigue, tres décadas después, aún bajo tutela internacional (la Oficina del Alto Representante, la máxima autoridad del país), sin siquiera perspectivas concretas de que pueda ponerse fin a este protectorado y que el país tenga una soberanía democrática plena.
Cómo afectó a la democracia bosnia
De acuerdo con Freedom House, los ciudadanos bosnios son hoy sólo "parcialmente libres", al alcanzar 52 puntos en una escala de 100. En cuanto al Estado de Derecho, el World Justice Project coloca al país en el puesto número 71 de 142, mientras que, de acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2024 de Transparencia Internacional, Bosnia y Herzegovina obtuvo una puntuación de 33 sobre 100 ( donde 0 es "altamente corrupto" y 100 es "muy limpio") y se situó en el puesto 114 de 180 países. Esta situación ha generado un malestar que en años pasados ha derivado en protestas ciudadanas, mal vistas por Europa y EEUU por miedo a que despierten antiguos resquemores.
Qué viene ahora
El futuro no pinta mucho mejor. Si bien ha habido algunos avances y también hay indicadores positivos en lo que atañe a la economía, Bosnia y Herzegovina enfrenta desafíos profundos y sistémicos que resultan en una desigualdad económica y social considerablemente mayor. Además, el empleo sigue cayendo (163.031 y 19% del empleo total en 2024 frente a las 168.122 personas en diciembre de 2023 y 19,6% del empleo total). El desempleo también sigue siendo uno de los indicadores macroeconómicos más negativos del país; el Labour Force survey lo sitúa en el 11,7% en el último cuarto de 2024, una cifra inferior al 16,1% del 2021, lo que se explica no tanto por el aumento del empleo impulsado por la recuperación económica de estos últimos años, sino por la caída de la natalidad y la continua salida de jóvenes a otros países europeos. El PIB per cápita en dólares equivalía a 7.349 en 2024, más bajo que el año anterior, y el país se encuentra en el puesto 77 a nivel mundial del Índice de Desarrollo Humano de la ONU. La balanza comercial bosnia ha registrado sistemáticamente altos y crónicos déficits. Y la OCDE clasifica a Bosnia y Herzegovina en el Grupo 7, el de mayor riesgo.
¿Qué lección nos deja Dayton de cara a la guerra entre Ucrania y Rusia?
El investigador y catedrático Francisco Veiga (Madrid, 1958) es un veterano historiador y analista político, experto en Europa Sudoriental y Turquía. Veiga, profesor de Historia Contemporánea y Actual en la Universidad Autónoma de Barcelona, es también autor de diversas obras sobre la historia más reciente de los Balcanes, entre ellas La Fábrica de las Fronteras, un volumen que se centra en las guerras de secesión yugoslavas entre 1991 y 2001. Publicamos su reflexión sobre la lección que nos deja Dayton de cara a la guerra entre Rusia y Ucrania.
Una familia yace muerta tras bombardeo del ejército ruso en el punto de evacuación de Irpin (Ucrania). Foto: Diego Herrera/Europa Press
Una familia yace muerta tras bombardeo del ejército ruso en el punto de evacuación de Irpin (Ucrania). Foto: Diego Herrera/Europa Press
"En 1995, cuando Europa parecía haberse resignado a la matanza de Bosnia, la diplomacia estadounidense, con Richard Holbrooke al frente, entendió que la paz solo llegaría mediante una arquitectura política nueva. Así nació la Bosnia de Dayton: una federación frágil, dividida en la Federación croato-bosníaca y la República Srpska; una operación destinada a mantener las fronteras estales bosnias y conjurar la injerencia serbia y croata. Treinta años después, Ucrania parece moverse en un paisaje inquietantemente similar. ¿Podría el federalismo ofrecer una salida al desgarro actual? Los Acuerdos de Minsk fueron un primer esbozo fallido. Un eventual 'Dayton ucraniano' que integrara los óblast rusófonos, como una entidad federal, tal vez permitiría conservar la integridad del Estado en las fronteras internacionales de 2013 y, añadiendo la neutralidad, incluso reducir la presión externa, tanto del Este como del Oeste".
Un reportaje de EL PERIÓDICO
Texto: Irene Savio
Diseño e infografía: Alex R. Fischer
Mapas: F. J. Moya
Coordinación: Rafa Julve