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Crónica desde Gallipoli: Viaje submarino a la Primera Guerra Mundial
En Turquía, un nuevo museo subacuático permite las inmersiones a decenas de barcos hundidos durante la batalla de Gallipoli, en la que el Imperio Otomano repelió a sangre y fuego el intento de invasión de el Reino Unido, Australia y Francia

Dos buzos nadan junto a uno de los barcos de la Primera Guerra Mundial hundidos frente a la costa de Gallipoli, en el mar Egeo. / PARQUE HISTÓRICO SUBACUÁTICO DE GALLIPOLI

Todo ocurrió en retirada: cuando, en 1915, el Imperio otomano consiguió repeler el intento de invasión de ingleses, franceses y australianos a través de la península de Gallipoli, los aliados tuvieron pocas alternativas con sus barcos. Para no dejárselos al enemigo victorioso en campaña –porque la guerra aún no había terminado—, estos países vaciaron y hundieron sus embarcaciones al lado de la costa. La guerra terminó, el Imperio otomano cayó, y de sus cenizas nació otro país, Turquía. La región cambió por entero, pero bajo el mar, decenas de barcos quedaron olvidados, hundidos y escondidos; todos, bajo el azul marino del Egeo norte.
El azul es oscuro, casi infranqueable. No parece que bajo este mantel se escondan navíos de guerra de hace más de 100 años. "Este barco es un ejemplo de lo que queremos. En su interior hay peces, corales... estamos buscando proteger no solo las ruinas de los barcos, sino también la fauna que los ha convertido en su hogar", explica Yusuf Kartal, jefe del proyecto de conservación del nuevo parque acuático submarino de la región, una especie de museo bajo el agua en el que explorar los restos de la batalla de Gallipoli y de los Dardanelos, ocurrida en los inicios de la Primera Guerra Mundial.
Abajo, 15 metros bajo sus pies, el HMS Louis —un barco británico que solo estuvo dos años a flote, 116 bajo el agua— descansa silencioso. Dentro de sus cañones, ahora oxidados, no hay proyectiles esperando a ser lanzados, solo una pareja de peces de colores en busca de un lugar donde estar tranquila.

Imagen del nuevo museo subacuático que permite las inmersiones a decenas de barcos hundidos durante la batalla de Gallipoli, Turquía. / PARQUE HISTÓRICO SUBACUÁTICO DE GALLIPOLI
"En toda la provincia tenemos registrados 29 puntos de inmersión, con 29 barcos distintos. Estos barcos tienen heridas de guerra, y queremos mostrarles a los visitantes cómo fue la campaña; cómo y qué vivió la gente que tripulaba estas embarcaciones", continúa Kartal. Entre los barcos hundidos hay buscaminas, lanchas de transporte, destructores y hasta un hospital de campaña, cuya escalinata rococó aún se mantiene. Algunos de estos barcos, sin embargo, están a profundidades tan solo accesibles para profesionales.
Lucha contra el tiempo
Este museo submarino tiene sus inconvenientes. Como el HMS Louis, algunas de cuyas partes se han perdido por el tiempo y la corrosión, muchos de los buques hundidos en la región están siendo devorados por el óxido, las corrientes marinas y algunos barcos pesqueros despistados que lanzan sus redes de caza en lugares donde no deberían.
"Nuestro objetivo es convertir este parque subacuático en un espacio donde preservar el pasado. Y queremos que todo lo que se ha conservado en los últimos cien años pueda mantenerse durante muchos más siglos. Por eso hemos empezado a usar sistemas de protección catódica con ánodos de sacrificio que colocamos al lado de cada uno de los barcos. Con ello buscamos detener la oxidación de las embarcaciones", explica Ismail Kasdemir, presidente del centro histórico de Gallipoli, que también incluye trincheras y lugares de combate de la Primera Guerra Mundial en tierra firme.
Este sistema catódico no es nuevo: se utiliza en todo el mundo en construcciones marinas, como en puentes y cables subacuáticos. Pero nunca ha sido empleado, según Kasdemir, "en esta escala, profundidad, nivel y con la intención de preservar el pasado".

Detalle de uno de los navíos hundidos tras la batalla de Gallipoli, en la costa turca del mar Egeo. / PARQUE HISTÓRICO SUBACUÁTICO DE GALLIPOLI
El lugar, de hecho, es tan significativo a nivel histórico que entró en 2014 en la lista tentativa de la Unesco de sitios a proteger, tanto la parte subacuática como, por supuesto, la terrestre, abierta y preservada como museo al aire libre desde hace décadas. Cada 25 de abril, la región conmemora el Día de Anzac (Australian and New Zealand Army Corps), con ceremonias en los cementerios de soldados australianos y neozelandeses caídos en combate hace más de 100 años.
"Aquí abajo no solo se bucea. Lo que ocurre en las profundidades de Gallipoli es un viaje al pasado a través de un túnel del tiempo, para entender cómo fue uno de los episodios más violentos de la Primera Guerra Mundial —explica Kasdemir— Y nosotros queremos proteger este patrimonio histórico. Es nuestra responsabilidad".
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