Referéndum nórdico
Islandia rechaza integrarse en la UE en un referéndum finalmente dominado por el "no" al ingreso
Finalizado el escrutinio, la balanza se ha inclinado hacia la negativa a retomar las negociaciones de ingreso con Bruselas

El personal cuenta los votos en un centro de recuento situado en un estadio de Reikiavik. / Europa Press

El pulso entre el "sí" y el "no" a la reapertura de las negociaciones para el ingreso de Islandia en la Unión Europea (UE) se ha saldado con un rechazo a retomar el proceso de adhesión, abandonado en 2013. Escrutados los seis distritos del país, la victoria del "no" es incluso bastante abultada --un 52,8 % frente al 47,2 % para el "sí"--, teniendo en cuenta que se llegó al referéndum, celebrado el sábado, con los sondeos apuntando a un empate o a una ligera ventaja para el "sí".
El resultado es un revés no solo para la jefa del Gobierno, la socialdemócrata Kristrún Frostadóttir, quien aceleró la convocatoria del referéndum. Supone además un toque de atención para el conjunto de UE, que aspiraba a la adhesión de un contribuyente neto y a ampliar su presencia en el Ártico.
Finalmente se ha impuesto el ámbito rural y el sector pesquero, receloso de perder el control sobre los caladeros, frente al voto de la capital, Reikiavik, cuyos dos distritos fueron los únicos del país que se decantaron por el sí. El escrutinio fue de vértigo. Saltaron los primeros datos pasada la medianoche islandesa con una ventaja, aunque mínima, para el sí. A medida que llegaban cifras de las regiones más remotas, la correlación de fuerzas colocó a ambos bandos al filo de la navaja, aunque con el paso de las horas se percibió la ventaja para el "no". Con los datos del último distrito, en el sudoeste del país, se consolidó el vuelco con un afianzado "no".
El índice de participación se situó sobre el 80 %. Es un nivel similar al alcanzado en las elecciones nacionales de hace dos años, que dieron la victoria a la socialdemócrata Kristún Frostadóttir. La primera ministra, que gobierna al frente de un tripartito desde 2024, ha sido la impulsora de este referéndum e incluso aceleró su convocatoria, que en principio estaba planteada para 2017. Fue a raíz de la incertidumbre creada por el ímpetu anexionista de Donald Trump sobre Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, y considerando que el país estaría mejor protegido bajo el paraguas de la UE. Tras la derrota del "sí", la líder islandesa ha ratificado que las negociaciones quedan "aparcadas" en esta legislatura -"no se puede convocar un referéndum cada dos o tres años" por una misma cuestión, dijo-- y se ha mostrado orgullosa por la alta participación en la consulta.
La pesca impone su ley
Islandia es miembro del Espacio Económico Europeo (EEE) desde 1994 y de la zona Schengen, por lo que tiene acceso al mercado del bloque comunitario. Es asimismo miembro fundacional de la OTAN, aunque no tiene ejército propio sino que su defensa depende de un acuerdo bilateral con Estados Unidos desde 1951.
Para muchos islandeses, no estaba claro qué ventajas aportará al país el ingreso. La esperanza de que, como miembro de la UE, se sería más fácil frenar la inflación que agobia a los ciudadanos del país más caro del mundo favorecía al sí. Pero han pesado mucho más los temores del sector pesquero a perder el control sobre sus caladeros. Islandia debe un 7 % de su PIB a la pesca.
Una victoria del "sí" habría implicado reanudar las negociaciones interrumpidas hace más de una década. Para entonces se habían abierto 27 de los 33 capítulos previstos, pero no los de pesca y agricultura. Se planteó la consulta como un primer paso hacia el ingreso. De haber ganado el "sí", quedaba pendiente someter a un segundo referéndum el acuerdo alcanzado entre las partes. Bruselas se había comprometido a dar "soluciones creativas" a Reikiavik. Ni así logró vencer la resistencia de los contrarios al ingreso.
Sacudida sobre Bruselas
El resultado es un mensaje negativo para el conjunto de la UE. Bruselas ansiaba el sí de Reikiavik, a modo de bálsamo frente a su división actual, las complejas negociaciones con los candidatos de los Balcanes y las incertidumbres que plantean Ucrania o Moldavia. Desde 2013, en que ingresó Croacia, no ha habido nuevas incorporaciones y en cambio escuece aún el ‘brexit’, la salida del Reino Unido.
Reikiavik solicitó por primera vez el ingreso en 2009, tras el colapso de su sistema bancario arrastrado por la crisis global. El posterior avance del euroescepticismo precipitó la interrupción de las conversaciones. La negociación quedó formalmente en suspenso, ya que para Bruselas no estaba definitivamente rota. Parecía relativamente fácil retomarlas, de existir la voluntad política para ello. También se contaba con un ingreso rápido, en unos dos años, para este teórico aspirante ideal a la adhesión.
La isla, con 397.000 habitantes, está envuelta, al igual que Groenlandia, en la disputa entre Estados Unidos, Rusia y China por el dominio de las rutas de navegación árticas. Eso ha dado al referéndum una dimensión geopolítica global, aunque la decisión sobre si acercarse más o no a la UE correspondía a los 273.000 ciudadanos con derecho a voto.
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