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Guerra en Ucrania

La dinámica de la 'guerra total' se impone en Rusia

Medios independientes, analistas y opositores previenen que el Kremlin, tras las próximas elecciones legislativas de septiembre, pretende poner los recursos del país al servicio del esfuerzo bélico para escalar la ofensiva contra Ucrania

Imagen difundida por el Servicio de Emergencia de Ucrania de unos bomberos apagando el fuego en una vivienda provocado por un bombardeo ruso en la región de Sumi.

Imagen difundida por el Servicio de Emergencia de Ucrania de unos bomberos apagando el fuego en una vivienda provocado por un bombardeo ruso en la región de Sumi. / AFP

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Marc Marginedas

Marc Marginedas

Barcelona
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"Guerra total" es un concepto acuñado por el general alemán Eric Ludendorff en la Alemania vencida tras la Primera Guerra Mundial. Convencido de que la derrota de su país en el largo y sangriento conflicto de los años 1914 y 1918 se debió a lo que calificó como "traición" de "comunistas" y "judíos", defendió la necesidad, en un libro publicado en 1935, de que en una contienda armada en la que está en juego la supervivencia misma del Estado, todos los recursos, incluidas la política y la economía, se subordinen al esfuerzo militar.

Ludendorff colaboró con Adolf Hitler en sus inicios e incluso participó en el fallido golpe de Estado nazi de 1923 contra la República de Weimar, aunque ambos acabaron distanciándose hasta el punto de que le prohibió asistir a su entierro tras su muerte en 1937. Pese a la pérdida de afecto, las teorías de Ludendorff fueron aplicadas con profusión por destacados miembros del entorno del Führer; en particular por su jefe de propaganda, Joseph Goebbels, quien en 1943, tras las primeras derrotas alemanas en las batallas de El Alamein y Stalingrado, arengó a sus ciudadanos en un célebre acto que tuvo lugar en el Palacio de Deportes de Berlín bajo el lema 'guerra total-guerra más corta'.

Una imagen del discurso de Joseph Goebbels en el Palacio de los Deportes de Berlín en 1943.

Una imagen del discurso de Joseph Goebbels en el Palacio de los Deportes de Berlín en 1943. / Wikipedia

"¿Están dispuestos usted y el pueblo alemán, si el Führer lo ordena, a trabajar 10, 12 y si es necesario, 14 horas al día?... ¿Quiere una guerra más total y radical que cualquier cosa que podamos imaginar hoy?", preguntó el propagandista, entre el entusiasmo del público. A partir de ese catártico momento belicista, cerraron lugares de ocio en las ciudades alemanas, se clausuraron industrias de lujo y no esenciales y se ordenó el alistamiento obligatorio de mujeres y gentes de edad avanzada en empresas armamentísticas o relacionadas con la guerra para contribuir al esfuerzo bélico.

Algo similar podría suceder en la Rusia de Putin tras las próximas elecciones legislativas previstas para el 18 y 20 de septiembre, en las que ha sido vetada toda formación política o candidato local con ideas pacifistas o críticas con el devenir de la guerra. El rumor de una movilización general para reclutar 300.000 soldados adicionales con los que escalar la guerra en Ucrania o incluso lanzar alguna operación militar limitada contra algún aliado de la OTAN en el este de Europa resuena con fuerza en cancillerías y entre observadores, ciudadanos, expertos y opositores rusos, tanto dentro como fuera del país. "Putin se prepara para una escalada en Ucrania", titulaba recientemente la publicación independiente rusa Meduza.

Sin anuncios dramáticos

En esta ocasión, a diferencia de lo sucedido en los años 40 en Alemania, es muy posible que la "guerra total" en la Rusia de Putin se materialice sin que medie ningún anuncio dramático realizado por el presidente o sus allegados, conscientes del coste político que ello pudiera suponer en una población cansada, y de la posibilidad de una reacción similar a la producida en el otoño de 2022, cuando más de 600.000 ciudadanos huyeron de Rusia tras decretarse la movilización parcial. "No es necesario que Putin ordene una nueva movilización. El decreto presidencial de movilización parcial de septiembre de 2022 sigue vigente. No ha habido ningún decreto posterior que desconvocara la movilización, tal y como exige la ley", asegura a EL PERIÓDICO Andréi Kalitin, periodista y reportero exiliado de la publicación independiente Nóvaya Gazeta.

La reciente visita del director de la CIA, John Ratcliff, a Moscú, no ha hecho más que azuzar los rumores de una inminente escalada militar de la parte rusa. Aunque no se ha difundido de forma oficial el motivo de la inesperada visita, algunos medios especularon que estuviera relacionada con una advertencia de Washington al Kremlin para evitar un ataque ruso contra algún aliado de la OTAN. La última ocasión en que un máximo dirigente del servicio secreto estadounidense viajó a la capital rusa fue precisamente durante el mandato de Joe Biden. Poco antes del inicio de la invasión rusa, en noviembre de 2021, William Burns, predecesor de Ratcliff, aterrizó en la capital rusa para advertir a sus homólogos de las consecuencias que tendría una invasión de Ucrania a gran escala, prevención que cayó en saco roto como se comprobó meses después.

Algunos paralelismos, eso sí, podrían establecerse con lo sucedido en Berlín en los años 40. El discurso de Gobbels en Berlín puso fin al triunfalismo de las autoridades alemanas tras la conquista de una parte importante de Europa, y fue la primera aceptación pública por parte del régimen nazi de que la evolución de la guerra no seguía un curso favorable. En sus últimas intervenciones, Putin ha tenido que admitir que los ataques y bombardeos contra infraestructuras petroleras y almacenes logísticos estaban causando "problemas" y hasta un "cierto déficit" en el aprovisionamiento de combustible, aunque ha insistido en que no amenazan a la estabilidad del Estado. Sus acciones de respuesta, no obstante, van en la linea de la 'guerra total': acaba de firmar un decreto por el que autoriza temporalmente al Gobierno a confiscar toda infraestructura crítica si sus propietarios no la protegen de los ataques con drones, o no la reconstruyen tras haber sido destruida.

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