Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Últimos sondeos

Islandia celebra el referéndum para decidir si reabre las negociaciones con la UE con una ligera ventaja del 'sí'

Los ciudadanos de la isla ártica deciden si reabrir o no las negociaciones de adhesión, con Bruselas anhelante de presentar una "historia de éxito"

Simpatizantes del 'no' despliegan una pancarta durante un mitin de la campaña del referéndum para decidir si Islandia retoma las negociaciones para adherirse a la UE, este jueves en Reikiavik.

Simpatizantes del 'no' despliegan una pancarta durante un mitin de la campaña del referéndum para decidir si Islandia retoma las negociaciones para adherirse a la UE, este jueves en Reikiavik. / JONATHAN NACKSTRAND / AFP

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Gemma Casadevall

Gemma Casadevall

Berlín
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

¿Reanudará Islandia las negociaciones de adhesión a la Unión Europea (UE), interrumpidas en 2013 y congeladas dos años después? La pregunta parece inquietar más a Bruselas que a los ciudadanos de esta isla volcánica de apenas 397.000 habitantes y 103.000 kilómetros cuadrados. El voto avanzado se inició a finales de julio y este sábado, 29 de agosto, se cerrarán a las 22.00 horas (0.00 en la España peninsular) las urnas que deben dar el o no a la reapertura de las negociaciones. Quedaron suspendidas cuando se habían abierto 27 de los 33 capítulos en cuestión —aunque no pesca o agricultura, los más espinosos—. Según estimaciones de la radiotelevisión pública RUV de mediados de agosto, se apunta a una victoria ajustada para el sí, con un 53% de los votos, aunque persiste un alto porcentaje de indecisos. En la recta final, el porcentaje de los partidarios del se ha encogido hasta el 51%. "No hay pronósticos serios acerca de hacia qué lado se decantará la balanza. Lo único que parece claro es que la UE está más interesada que nunca en un islandés", afirma, en un encuentro virtual para medios extranjeros, Erikur Bergmann, director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad Bifröst.

Los islandeses se juegan muy poco: de prosperar el sí, habrá un segundo referéndum una vez cerrado el acuerdo antes de formalizarse la adhesión. Si no hay contratiempos, su incorporación podría producirse en 2028. La UE necesita ardientemente una "historia de éxito", en medio de su escenario de divisiones internas y el avance del euroescepticismo. Lleva años sin nuevas incorporaciones —la última fue Croacia, en 2013—. No ha superado la sacudida del Brexit y las eventuales futuras adhesiones del grupo de los Balcanes o de Ucrania son mucho más complejas que la de un socio ideal o fácil como Islandia.

Un aspirante ideal

Bruselas espera con ansia el islandés. La isla reflexiona, por su parte, sobre qué ventajas puede conllevar la adhesión. Goza, como Noruega, de la condición de país extracomunitario, pero integrado en el Espacio Económico Europeo (EEE) y en la zona Schengen. Es decir, con acceso al mercado europeo y libertad de movilidad por territorio de la UE. Es miembro fundacional de la OTAN, aunque no tiene ejército operativo, sino que su defensa depende de Estados Unidos en virtud de un acuerdo bilateral de 1951. A principios de año, y en medio de las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de anexionarse sí o sí Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, la UE y Reikiavik firmaron un acuerdo para reforzar la cooperación militar con la isla.

Que se celebre ahora ese referéndum está vinculado a los temores de Reikiavik a ser víctimas de la codicia anexionista de Trump. Al igual que Groenlandia, Islandia está envuelta entre las rutas de navegación árticas en disputa entre China, Rusia y Estados Unidos. A medio camino entre Canadá, Groenlandia, Reino Unido y la Europa continental, Islandia linda con una de las rutas navales entre el norte de Rusia y el Atlántico.La primera ministra islandesa, la socialdemócrata Kristrún Frostadóttir, promovió el avance de una consulta inicialmente prevista para 2028 en medio de las tensiones geopolíticas en la región.

Islandia había solicitado por primera vez la apertura de negociaciones de ingreso en 2009. El detonante entonces de esa solicitud fue la búsqueda de protección comunitaria surgida en 2008. La crisis financiera global había colocado a Islandia al borde del colapso. Pero a esos anhelos siguieron los temores a la pérdida de soberanía. Creció el euroescepticismo y también las dudas sobre los mecanismos de control sobre la economía que impondría la UE. Finalmente se congeló el proceso, cuya activación está ahora en manos del voto de sus 273.000 ciudadanos con derecho a voto. Del pánico al colapso financiero de 2008 se ha pasado a una Islandia rica, pero con una inflación disparada. Una victoria del sí, y eventual adhesión futura, abriría la puerta a nuevos inversores, afirman los defensores del sí.

El ADN pesquero, puntal económico

Exponente de las dudas de Frostadóttir sobre el resultado de la consulta es el hecho de que su Gobierno ha pedido explícitamente a Bruselas "discreción". Es decir, que no se respalde abiertamente la campaña por el sí, ya que podría ser contraproducente. La líder socialdemócrata, de 38 años, llegó al poder hace año y medio y gobierna al frente de un tripartito con liberales y un partido populista defensor de los intereses de rentistas. Su incorporación a los 27 refrescaría el conjunto y reforzaría la desgastada socialdemocracia nórdica.

Tiene ante sí a una oposición conservadora, partidaria del no, y al poderoso sector pesquero islandés, que teme las cuotas de la pesca de la UE. No es asunto menor, sino prioritario porque afecta tanto al bacalao, como al delfín, al cangrejo de playa o al pez de toca. Hoy por hoy, Islandia puede pescar a su antojo en una franja de 200 millas náuticas en torno a la isla, lo que representa una zona siete veces mayor que su territorio. El capítulo de pesca, como el de agricultura, no llegó a abrirse durante la ronda de negociación anterior. Es el principal escollo a salvar. La pesca aporta un 7% del PIB nacional y mantener el control sobre los recursos pesqueros y la plena autoridad sobre sus caladeros es prioridad y señal de identidad islandesa.

El o el no definitivo, en un hipotético segundo referéndum si vence ahora el sí, puede depender de las excepciones que Reikiavik arranque de Bruselas. Es decir, más o menos lo que países como Finlandia o Suecia tienen en el Báltico.

Bruselas cruza los dedos, mientras el debate en Islandia se extiende hacia las hipotéticas excepciones para su pesca y también hacia otra "especialidad" nacional como es la caza ballenera. Islandia forma, con Japón y Noruega, el grupo de países balleneros que defienden esa práctica. El pasado junio, y tras dos años de pausa, dos barcos islandeses reanudaron la caza de cetáceos. El Instituto de Investigación Marina de Islandia ha recomendado reducir en una quinta parte las cuotas de ballenas cazadas debido a la menguante población censada. La partida de los barcos balleneros estuvo envuelta en las protestas de activistas en defensa de estas especies amenazadas por la acción humana, sea la caza o el cambio climático.

Suscríbete para seguir leyendo