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Crisis en la ciudad autónoma

Michael Rubin: los estrechos vínculos con Marruecos del 'neocon' que ha pedido a Rabat una "Marcha Verde" sobre Ceuta

El analista estadounidense del Middle East Forum fue también uno de los ideólogos de la guerra de Irak y está muy ligado al ecosistema proisraelí en Washington

Un vehículo militar patrulla este miércoles por la playa del Trampolín de Ceuta en labores preventivas ya que numerosos migrantes continúan asentados en este lugar.

Un vehículo militar patrulla este miércoles por la playa del Trampolín de Ceuta en labores preventivas ya que numerosos migrantes continúan asentados en este lugar. / REDUAN / EFE

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Ricardo Mir de Francia

Ricardo Mir de Francia

Barcelona
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Desde hace algunos meses el nombre de Michael Rubin resuena entre el entramado de intereses más o menos opacos que han pasado a cuestionar la soberanía española de Ceuta y Melilla. Y lo hace por derecho propio. El pasado mes de marzo disparó su primera bala al afirmar que España no puede dar lecciones morales a Israel porque "es una potencia colonial" con "colonias" en el norte de Marruecos, ademas del "país más antisemita de Europa". Rubin pedía explícitamente a Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, que corrijan "el error histórico" reconociendo las ciudades autónomas como "territorios ocupados". Fue el primero de media docena de artículos donde también ha instado a Rabat a organizar una nueva "Marcha Verde" para expulsar a los "colonos españoles". En contra de lo que pueda parecer, Rubin no es un don nadie en Washington. Fue uno de los ideólogos de la guerra de Irak y tiene estrechos vínculos con Marruecos y el ecosistema proisraelí en EEUU.

Rubin lleva toda una vida conspirando entre bambalinas. Siempre en segundo plano, pero con la suficiente visibilidad para haber declarado varias veces en el Congreso, haber participado en conferencias del Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) o haber mantenido contactos con diplomáticos marroquíes. También fue investigado por el FBI, aunque no llegó a ser acusado de nada. Formalmente es un experto en política internacional. Doctorado en Historia por Yale y especializado en Irán.

Una carpeta que le abrió la puerta para pasar por Israel como académico, trabajar para el Pentágono, asesorar al virrey Paul Bremer en Irak o moldear la política exterior de EEUU desde el American Enterprise Institute (AEI), uno de los think tanks neoconservadores por excelencia, muy cercano al Partido Republicano. Un trabajo que compagina desde hace años con otro similar en el Middle East Forum, donde ha publicado los mencionados artículos como director de Análisis de Políticas.

Sus años locos fueron a principios de este siglo, cuando se dedicó a promover los cambios de régimen en Irak e Irán, países que entraron en el punto de mira de la Administración Bush tras los atentados del 11-S. Rubin venía de los círculos neocon, tras pasar un año becado como investigador en la Universidad Hebrea de Jerusalén, varios meses en el Kurdistán iraquí y una temporada en el Washington Institute for Near East Policy, otro think tank neocon muy cercano al AIPAC, el buque insignia del lobi proisraelí.

Oficina de Planes Especiales

En 2002 comenzó a trabajar para el Pentágono, donde fue asignado a la Oficina de Planes Especiales como asesor para Irak e Irán. En esa oficina cuasi clandestina se diseñaron muchas de las mentiras que sirvieron para justificar la invasión de Irak en marzo de 2003. "Análisis de inteligencia alternativos", los llamó el Inspector General del Pentágono. Desde la supuesta relación de Saddam Hussein con Al Qaeda a la inexistentes armas de destrucción masiva. "Veíamos a tipos como Rubin por ahí, promoviendo una guerra con el argumento de que Saddam tenía un enorme arsenal operativo de armas de destrucción masiva", escribió Karen Kwiatkowski, quien trabajó en el Pentágono aquellos años antes de dimitir en protesta por las falacias que allí se cocinaron.

Aquellos años Rubin tuvo también relación con Ahmed Chalabi, uno de los líderes de la oposicion iraquí en el exilio, al que se acusó después de contaminar con información falsa a la Administración Bush. "Interactuaban con frecuencia", escribió The Nation en 2010. Pero fue otro asunto el que le puso bajo el radar del FBI. Rubin escribió el borrador de una directiva de seguridad nacional que llamaba a desestabilizar Irán mediante la ayuda a los grupos de la oposicion interna al régimen, de acuerdo con The New Yorker. Aquel plan acabó en la papelera pero llamó la atención del FBI al aparecer en unas conversaciones entre un alto cargo del Pentágono y dirigentes del AIPAC, investigados por la sospecha de haber filtrado secretos de Estado a Israel.

Rubin pasó incluso una temporada en Irak como asesor político de Paul Bremer, el primer encargado de gestionar sobre el terreno la desastrosa posguerra de Irak, así como de la Autoridad Provisional de la Coalición, como se llamó aquel gobierno.

Contactos con Marruecos

Toda aquella aventura iraquí fue después muy criticada en el Congreso y los medios. También la figura de Rubin, un eslabón intermedio en la cadena ideológica de los arquitectos de aquella guerra, liderada por Donald Rumsfeld, Dick Cheney, Paul Wolfowitz o Douglas Feith, el jefe de Rubin en la Oficina de Planes Especiales.

Pero de aquello han pasado dos décadas. Y con el tiempo casi todo se olvida. Como otros halcones neocon, Rubin no ha desaparecido del mapa y sigue haciendo caja como gran defensor de los derechos humanos y la democracia. Últimamente su atención se ha redirigido al Mediterráneo. Marruecos-Sáhara-España. Turquía-Chipre. El nexo común de todo parecen ser los intereses de Israel.

Tras hacer una visita al Sáhara Occidental en 2013, que él mismo contó en Commentary, empezó a publicar artículos defendiendo el alineamiento de EEUU con Marruecos en el conflicto del Sáhara. Una postura que la Casa Blanca acabó adoptando a finales de 2020, cuando Trump reconoció la soberanía marroquí sobre este territorio como contrapartida a la normalización de relaciones entre Rabat y Tel Aviv. Dos acontecimientos anunciados al unísono.

Rubin entró entonces de pleno en la órbita marroquí. En 2015 y 2017 participa en el Forum de Seguridad de Marrakech. Y ese mismo año tercia como ponente en una conferencia económica sobre el Sáhara en Dakhla. La pista vuelve a aparecer en 2019, cuando los Acuerdos de Abraham están ya firmemente sobre la mesa. En abril Rubin intercambió dos llamadas y un correo electrónico con el Ministerio de Exteriores marroquí, según consta en el registro estadounidense de lobis que trabajan para clientes extranjeros. En octubre de aquel año, Rubin vuelve a Marruecos. Esta vez para dar un discurso en el Real Instituto de Estudios Estratégicos de la capital, muy cercano a palacio, sobre el reforzamiento de las relaciones entre EEUU y Marruecos.

Y de ahí hasta marzo de este año, cuando Rubin se entrega de pleno a denunciar la "colonización española" en Ceuta y Melilla. Su primer artículo apareció un día después de que España cesara a su embajadora de Israel y poco después de que negara a EEUU el uso de sus bases españolas para atacar Irán.

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