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El avance conservador en el mundo (4)

La extrema derecha francesa afronta sus meses más decisivos

La estrategia de normalización impulsada por Marine Le Pen, el desgaste del macronismo y la crisis de los partidos tradicionales convierten a Agrupación Nacional en favorita para las próximas presidenciales

Así progresa la ola ultra: arranca un curso clave con elecciones en Alemania, EEUU, Israel, Francia, Italia y España

La dirigente de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, en un acto conmemorativo del 10 aniversario del atentado en Niza, el pasado 14 de julio.

La dirigente de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, en un acto conmemorativo del 10 aniversario del atentado en Niza, el pasado 14 de julio. / PHILIPPE MAGONI / POOL / EFE

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Leticia Fuentes

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París
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Los políticos franceses han descansado estas vacaciones durante varias semanas en sus refugios: Emmanuel Macron lo ha hecho en la tradicional residencia presidencial de verano en Fort de Bregançon; Marine Le Pen en Trinité-sur-Mer, y Jean-Luc Melenchon se he relajado en su casa de verano de Loiret.

Los principales líderes se han empleado a la tarea de recargar pilas para afrontar un nuevo curso decisivo que culminará la próxima primavera con las elecciones presidenciales. Unos meses que serán clave para comprobar el estado de salud de la extrema derecha, después de la sentencia del Tribunal de Apelación que condenó a su dirigente a 15 meses de inhabilitación para ejercer cargos públicos y a un año de brazalete electrónico. Lejos de asumir la condena, Le Pen anunció que recurrirá a la Corte de Casación, el último comodín judicial que le ofrece el sistema francés.

Mientras tanto, Agrupación Nacional sigue creciendo y liderando los sondeos. La líder ultraderechista dominaría la primera vuelta de los comicios con entre un 3%4 y un 35,5%; muy por detrás, Mélenchon lucharía con Édouard Philippe para pasar a la segunda vuelta, según una encuesta de Elabe para BFM-TV.

Pese a los desafíos judiciales, la ultraderecha francesa se ha consolidado, reafirmado su transformación gracias a la estrategia de "desdiabolización" iniciada por la heredera Le Pen tras asumir el liderazgo del partido en 2011. El cambio de nombre del Frente Nacional formó parte de un proceso de metamorfosis quirúrgicamente estudiado; se sustituyó el discurso provocador de Jean-Marie Le Pen por una imagen del partido más moderada, se expulsó a su fundador condenado por filonazismo, y se fichó a Jordan Bardella, un joven con una imagen pulida y con una gran capacidad para conectar con el electorado a través de las redes sociales.

Frutos de una estrategia medida

Años de inversión y de trabajo que ya dan sus frutos. Según un estudio publicado en 2022 por el think tank francés, Fondapol, el 71% de los simpatizantes de Le Pen no la considera una candidata de extrema derecha. En el conjunto de los franceses, sin embargo, el 50% sigue situándola en la extrema derecha, mientras que un 16% la considera simplemente de derechas y un 22% responde que no es ni de derechas ni de izquierdas, es decir, la etiqueta de "extrema derecha" empieza a diluirse entre parte del electorado.

A esta estrategia se suma también un contexto geopolítico complejo que ha generado una importante pérdida del poder adquisitivo de los franceses, el incremento de los precios en los productos básicos, una inflación disparada y varias crisis políticas que le han costado al presidente Macron su popularidad, convirtiéndose en el jefe de Estado más denostado de la historia de Francia. A ello se suma, el desgaste del resto de fuerzas políticas; la derecha gaullista no ha conseguido recuperarse tras la llegada del macronismo en 2017, y la izquierda continúa fragmentada a pesar de sus constantes esfuerzos por unirse mediante una alianza bautizada como Nuevo Frente Popular.

Con este escenario, Agrupación Nacional se presenta como la única alternativa para devolver al país la estabilidad política que tanto anhela y hacer del voto de protesta, uno de adhesión, especialmente entre las clases más populares, donde Marine Le Pen ha conseguido llenar un vacío que otros partidos no han sido capaces de ocupar.

Para algunos todavía quedan muchos meses, mientras que otros ya ven a Marine Le Pen como la primera presidenta de Francia. "Quiero pensar que el centro conseguirá arrancar en el último momento, pero lo veo complicado. Tampoco hay un candidato que acabe de convencer lo suficiente para combatir a Marine. Aquí en el barrio hay diferentes opiniones políticas pero todo el mundo coincide que Francia necesita un cambio radical", cuenta Prudence, una kioskera del distrito 8 de París mientras atiende a los últimos clientes del día.

A tan solo unos meses de las elecciones presidenciales, la pregunta en la calle ya no es si Agrupación Nacional puede llegar a la segunda vuelta, sino si el país está preparado para un cambio histórico y para abrir las puertas del Palacio del Elíseo a la extrema derecha.

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