Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crimen de guerra

El luto sin fin por los niños muertos en una escuela el primer día de la guerra en Irán

Los 156 fallecidos en el ataque, entre ellos 120 menores, lo convierten en el ataque más mortífero del conflicto entre EEUU y el país asiático

Tumbas de las personas y los niños fallecidos durante el ataque a la escuela primaria Shajareh Tayebeh en un cementerio de Minab, en la provincia iraní de Hormozgán, el 10 de agosto de 2026.

Tumbas de las personas y los niños fallecidos durante el ataque a la escuela primaria Shajareh Tayebeh en un cementerio de Minab, en la provincia iraní de Hormozgán, el 10 de agosto de 2026. / ATTA KENARE / AFP

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Menna Zaki y Ramin Khanizadeh (AFP)

Minab
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Massoumeh Zakeri revive sin cesar su última noche con su hija de nueve años, muerta hace seis meses en una escuela del sur de Irán durante las primeras horas de los bombardeos de Israel y Estados Unidos que desencadenaron la guerra en Oriente Medio. Esa noche, su hija, Motahareh, hablaba con entusiasmo de las próximas vacaciones, de las bodas que se avecinaban, de su ropa. Poco antes del amanecer --era el mes del Ramadán--, comió y luego Zakeri la acostó. "Nunca más la volví a ver", cuenta a la AFP su madre, de 44 años.

Esa mañana, Motahareh se despertó antes que sus padres y tomó el autobús hacia la escuela Shajareh Tayebeh de la ciudad de Minab. Unas horas más tarde, comenzaron los ataques contra Irán y Zakeri recibió una llamada en la que le pedían que fuera a buscar a su hija. No llegó a tiempo... y la escuela fue bombardeada. Motahareh fue una de las 156 personas fallecidas -entre ellas 120 niños- en ese ataque, el más mortífero de la guerra según las autoridades iraníes.

"Me derrumbé"

Seis meses después, un equipo de la AFP logró un acceso excepcional al lugar donde se encontraba la escuela, rodeado de retratos de las jóvenes víctimas. El edificio sigue en gran parte en ruinas, con las paredes derrumbadas y las aulas llenas de escombros. Banderas iraníes ondean sobre los restos y por los altavoces se escuchan oraciones y cánticos patrióticos. Los visitantes recorren el lugar, que las autoridades quieren preservar como un sitio de memoria. Aún continúan las búsquedas para encontrar los cuerpos de tres niños que siguen desaparecidos.

Zakeri confiesa que no quiso ver los restos de su hija, encontrados más tarde ese mismo día e identificados únicamente "por sus pulseras y aretes", por temor a borrar el último recuerdo feliz que tiene de ella. "Era muy cariñosa, alegre y realmente llena de energía", lamenta.

El Gobierno de Irán afirma que la escuela fue alcanzada por dos misiles estadounidenses. Sin embargo, ni la Casa Blanca ni Israel han reivindicado el ataque, pero organizaciones de defensa de los derechos humanos, entre ellas Amnistía Internacional y Human Rights Watch, lo han atribuido a Washington. The New York Times, basándose en funcionarios estadounidenses y fuentes cercanas a la investigación, ha señalado un error de puntería por parte del Ejército estadounidense.

Yaghoub Yazdanpanah, un profesor de literatura persa de 34 años, se disponía ese día a ir a buscar a su hija de seis años, Fatemeh, tras recibir llamadas desesperadas de sus familiares: "No podía creerlo", recuerda. Luego, sonó el teléfono de nuevo: la escuela acababa de ser alcanzada. Salió apresuradamente de su trabajo hacia el centro educativo, sobre el que se alzaban llamas y densas nubes de humo. En el lugar, la escena era escalofriante: vio a hombres recogiendo trozos de carne humana. El cuerpo de una niña yacía bajo una losa de concreto. "Me derrumbé", cuenta. El cadáver de su hija fue encontrado varias horas más tarde.

Para entonces, los bombardeos ya habían azotado Teherán ese 28 de febrero y matado al entonces líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, y a otros altos mandos de la república islámica.

"Ya no hay ninguna instalación militar"

El pintor Javad Shahrjou buscó entre los escombros a su hijo de siete años, Alireza. Fue hallado tres días después. "Estaba completamente carbonizado", asegura el hombre, quien afirma que va "todos los días" a la tumba que coronó con una foto del niño.

Otros padres afligidos rinden homenaje en el cementerio, no muy lejos de la escuela, donde se ha habilitado una sección especial para las víctimas del ataque.

Massoumeh Zakeri también acude regularmente al nicho donde reposan los restos de su hija, abrumada por un dolor que, según dice, le impide pensar en el futuro. "No tenemos absolutamente ningún plan", confiesa.

Arash Tondro, un hombre de 45 años que perdió a un familiar de ocho años en el ataque, dice que aún le cuesta entender por qué esta institución fue blanco del ataque. "El lugar donde estaba la escuela era una base militar hace unos 10 o 12 años", afirma en el cementerio. Hoy, precisa, "ya no hay ninguna instalación militar".

Suscríbete para seguir leyendo