El avance conservador en el mundo (2)
El 'cortafuegos' alemán contra la ultraderecha se enfrenta a su gran reválida
En septiembre se celebran comicios en varios estados del este, donde a Alternativa para Alemania la ultraderecha se le pronostican récords históricos por encima del 40%
Así progresa la ola ultra: arranca un curso clave con elecciones en Alemania, EEUU, Israel, Francia, Italia y España

La líder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, en una imagen de archivo. / MICHAEL KAPPELER / DPA / EUROPA PRESS

El calentamiento político alemán se mide en cifras: las de los porcentajes que alcanza la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). De su siguiente cita con las urnas depende el futuro del Brandmauer o cortafuegos que hasta ahora la mantiene aislada en el espectro parlamentario germano. Es un partido xenófobo e identificable como prorruso, tan radicalizado que asusta a otros ultras europeos, como el Rassemblement de Marine Le Pen o los Fratelli de Giorgia Meloni. Pero los sondeos apuntan a que escalará al récord absoluto del 41% o 42 % de los votos en las regionales del 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt, en este alemán. A esos comicios seguirán 15 días después los de Mecklenburgo-Antepomerania, otro land del este donde también se le pronostica la posición de primera fuerza, con un 36%.
Cómo aislar a un partido que está bajo observación de los servicios secretos de Interior por su radicalismo, pero en alza en las urnas, es la pregunta que se hacen muchos alemanes. Un reciente estudio jurídico de la ONG Sociedad para los Derechos de la Libertad establecía que la AfD es un partido con propósitos anticonstitucionales. Este análisis y las conclusiones del espionaje sobre sus actividades deberían conducir a una demanda de ilegalización ante el Tribunal Constitucional por al menos uno de los tres órganos habilitados para hacerlo –el Gobierno federal, la Cámara Baja (Bundestag) o la Alta (Bundesrat). Pero nadie se decide a pedir la prohibición de un partido que a escala nacional ocupa la primera posición en intención de voto, con el 28%. O, en otras palabras, cómo hacer ahora lo que no se hizo en 2017, cuando entró en el Bundestag con un 12,7% de los votos.
Sin freno en las urnas
Los niveles de toxicidad de la AfD han ido en ascenso en paralelo a su auge electoral. Irrumpió como fuerza parlamentaria ese 2017, seis años después de su fundación y propulsado por el voto de protesta contra el casi millón de refugiados que Alemania recibió en la crisis migratoria de 2015. En las siguientes generales cayó ligeramente al 10,4%. Pero en las de 2025 se disparó al 20,8%. A escala regional se apuntó en 2024 un gran hito, con el 32% alcanzado en Turingia de la mano de Björn Höcke, su líder más radical, quien sostiene que Alemania sería un hermoso país con un 20% menos de población, una alusión al porcentaje de ciudadanos de origen extranjero.
La AfD se alzó así en Turingia, por primera vez, hasta niveles que en Alemania remiten al porcentaje con que Adolf Hitler llegó al poder, en 1933. En cuestión de meses derogó su democracia y cimentó la dictadura del Tercer Reich. Tras Turingia, otros dos länder del este alemán situaron a la AfD también sobre la franja del 30%, Sajonia y Brandeburgo.
"Que en Alemania un partido de la ultraderecha entre en un Gobierno tendría connotaciones distintas a las de otros países de la UE. Tiene que ver con nuestra historia. Haremos todo lo posible para evitarlo", aseguró el canciller Friedrich Merz, en una extensa rueda de prensa antes de la pausa estival.
Nubarrones sobre el rearme y el eje Berlín-París
Las elecciones del este alemán marcarán el inicio de un otoño muy cuesta arriba para Merz y sus socios socialdemócratas, en ambos casos bajo mínimos en aprecio ciudadano. La pregunta de cuánto resistirá el cortafuegos conlleva la de qué ocurrirá con el rearme impulsado por Merz, con el endeudamiento disparado por el gasto en Defensa, si esas inmensas inversiones acaban gestionadas por un Ejecutivo en que esté implicada la AfD.
La cuestión no solo afecta la política nacional, sino también la europea. Merz y el presidente francés, Emmanuel Macron, tratan de cerrar acuerdos de cooperación militar contra reloj en previsión de una posible llegada al Elíseo de Le Pen. Mantener el cortafuegos sobre la AfD de Alice Weidel y Tino Chrupalla, los dos copresidentes del partido, pero al mismo tiempo defender la vitalidad del eje París-Berlín, tal vez con Le Pen, puede ser la siguiente gran pesadilla para la debilitada Alemania de Merz.
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