Nuevas tensiones en Oriente Medio
Israel apunta a Turquía como su próximo rival estratégico y le envía un mensaje con misiles en Siria
La tensión entre los dos países ha ganado enteros este viernes, después de que Turquía pidiera a la Interpol el arresto de Netanyahu y este respondiera llamando a Erdogan "dictador antisemita"

El primer ministro israel, Binyamín Netanyahu, frente a varios jefes de la seguridad del país. / ABIR SULTAN / EFE

La tensión entre Turquía e Israel empieza a desbordarse. Lo que empezó esta semana con “una advertencia” israelí en forma de misiles contra la presencia turca en Siria, un ataque que pudo haber desencadenado una "confrontación militar directa” entre ambos países, según alertó el enviado especial de EEUU a la región, ha seguido este viernes con una respuesta judicial y una lluvia de insultos. El gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha pedido a Interpol que haga efectiva la orden de arresto internacional que Ankara emitió en noviembre contra Binyamín Netanyahu por el asalto contra una de las flotillas de Gaza. Netanyahu no ha tardado en responder, llamando a Erdogan “dictador antisemita” y advirtiendo que no se dejará intimidar.
Más allá del desprecio mutuo que se profesan ambos líderes, en el fondo del asunto hay motivos de rivalidad estratégica. Un trasfondo que salió a la luz este martes, cuando Israel bombardeó la base aérea de Abu-Duhur en el noroeste de Siria, donde poco antes habían estado trabajando operarios turcos "en su reconstrucción", según fuentes sirias citadas por Middle East Eye. Washington reaccionó alarmado, pero no había sido un error. Netanyahu confirmó un día después que el ataque fue una advertencia deliberada. "No toleraremos que la presencia militar turca se desplace hacia el sur porque supone una amenaza para nosotros. Lo habíamos dejado claro en términos generales", dijo en una entrevista. "El mensaje llegó a destino, pero aparentemente no lo oyeron bien, así que nos aseguramos de que se entendiera mejor", añadió refiriéndose al bombardeo. Damasco negó después que hubiera militares turcos en la base o intención alguna de transformarla en una base turca.
En la nueva Siria surgida tras el derrocamiento de Asad y el final de su devastadora guerra civil, Turquía juega un papel primordial. Ya no solo para mantener a raya a los kurdos cerca de sus fronteras, sino como valedor del nuevo Gobierno de Ahmed Al Sharaa, el antiguo yihadista reconvertido en presidente del país. Hasta la fecha más moderado de los que todos esperaban. El verano pasado ambos países firmaron un acuerdo de cooperación militar, por el que Ankara se comprometió a ayudar a reconstruir las fuerzas armadas sirias con apoyo logístico, armamento y formación.
De momento nada más, si bien se ha discutido la posibilidad de reforzar el acuerdo para que Turquía tenga eventualmente bases militares en el país. Como las tuvo y sigue teniendo Rusia, aunque con un estatus inferior al que les concedió Asad. En la ecuación siria, también ha entrado Qatar, que ha pasado a proporcionar gas a Damasco a través de Jordania. O Arabia Saudí, que contribuye a pagar el sueldo de sus funcionarios. Tanto Doha como Ankara son ahora anatema para Israel: las capitales más cercanas a los islamistas de la Hermandad Musulmana y los principales obstáculos sunís para sus ambiciones hegemónicas en la región.
Estrategia de Israel
Siria es un país soberano y, por tanto, tiene derecho a aliarse con quien quiera. Pero la reconfiguración del mapa sirio choca con la estrategia regional de Israel, centrada en mantener débiles y fracturados a sus vecinos. No en vano, desde los días caóticos de la caída de Asad, sus militares ocupan ilegalmente 230 kilómetros cuadrados adicionales de territorio sirio, una presencia que facilita la desestabilización del país. Adicionalmente corteja a los drusos y, en menor medida, los alauitas, dos de las minorías sirias. Israel también ha añadido a sus dominios la mayor parte de Gaza y el sur del Líbano, donde pretende quedarse también de forma permanente. Sus líderes no lo ocultan. A los nuevos territorios conquistados los llaman "cinturones de seguridad".
La creciente presencia turca en Siria complica, sin embargo, esos planes. A diferencia de Israel, Ankara trabaja por una Siria unida que le permita expandir su influencia en la región. Uno de los motivos por los que el aparato político-militar israelí lleva meses señalando a la Turquía como el próximo gran rival estratégico del Estado judío. Más complicado de manejar a largo plazo que Irán, según afirmaba un reciente artículo en Maariv. Tanto por su estatus como miembro de la OTAN como por sus capacidades militares. "Quiero ser muy claro. Turquía y Qatar han ganado influencia en Siria y la persiguen en otros lugares de la región. Desde aquí quiero advertirlo: Turquía es la nueva Irán", dijo en febrero el ex primer ministro israelí, Naftali Bennet.
Amenazas a Ankara
La nueva postura estratégica telegrafiada desde Israel ha dado paso directamente a las amenazas. "Erdogan está arrastrando a Turquía a una aventura peligrosa en Siria", escribió esta semana en X el ministro de Defensa Israel Katz. También se pronunció el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir. Su ejército --dijo-- "no permitirá que se consolide la presencia de fuerzas enemigas en nuestras fronteras". Zamir dijo aquellas palabras nada menos que desde la zona desmilitarizada en territorio sirio que sus tropas ocuparon en 2024. Una región donde está construyendo carreteras y bases militares para consolidar su presencia, según fuentes de los cascos azules de la ONU presentes en la zona y consultadas por este diario.
De momento, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha reaccionado con cautela. Desde que comenzó la destrucción de Gaza, Erdogan ha condenado con dureza el "genocidio" y el año pasado suspendió tanto el comercio como los vuelos con Tel Aviv. Pero al mismo tiempo se ha cuidado mucho de entrar en confrontación directa con Netanyahu y su nueva doctrina: strike first o dispara primero.
La prueba más evidente es que el islamista sigue permitiendo que el petróleo de Azerbaiyán cruce su territorio con destino a Israel. Ese crudo representa más del 40% del petróleo israelí. Pero al mismo tiempo Erdogan sigue moviendo fichas para reforzar sus alianzas regionales, expandir su influencia y cubrirse las espaldas frente al gran matón regional. Recientemente, Turquía cerró un acuerdo de defensa colectiva con Arabia Saudí y Pakistán, otro acontecimiento que ha levantado ampollas en Tel Aviv.
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