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Emergencia sanitaria

Alerta en el epicentro del brote de ébola en la República Democrática del Congo: "No estamos pudiendo acceder a algunas comunidades"

Médicos Sin Fronteras y agencias internacionales avisan de un colapso agravado por la violencia armada, la desconfianza comunitaria y el tijeretazo de fondos de países como EEUU y el Reino Unido, en un brote causado por la cepa Bundibugyo con más de 5.200 contagios y cerca de 2.500 fallecidos

La OMS mantiene la emergencia internacional por el brote de ébola en la RDC

JULIEN DEWARICHET / MSF

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Àlex Álvarez García

Barcelona
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La República Democrática del Congo (RDC) se enfrenta al brote de ébola más mortífero y voraz de toda su historia. Tres meses después de que el Gobierno declarara formalmente la emergencia sanitaria el pasado 15 de mayo —con varias semanas de retraso que lastraron la respuesta inicial—, el avance de la epidemia se halla fuera de control en las provincias del norte y el este del país. Los últimos datos oficiales facilitados por la agencia de salud de la Unión Africana (Africa CDC) y el Ministerio de Comunicación de la RDC elevan el balance a 5.208 casos confirmados y 2.476 muertes, situando la tasa de mortalidad en un dramático 47,5%.

En tan solo 11 semanas desde su declaración, la actual epidemia ha superado con creces el registro del trágico brote de 2018-2020 (que dejó 2.299 muertos). Philippa Boulle, directora médica adjunta de Médicos Sin Fronteras (MSF), advierte sobre la velocidad sin precedentes de propagación: mientras que en el mismo período inicial de la histórica crisis de África Occidental en 2014 murieron 279 personas, hoy en la RDC la cifra supera los 1.500 fallecidos en el mismo lapso de tiempo, multiplicando por cinco aquella tragedia. Los datos acrecentan el pesimismo de los epidemiólogos y dejan en evidencia que el brote está muy lejos de ser controlado, en consonancia con las declaraciones este martes del director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Campos de desplazados, violencia y rechazo social

El virus impacta directamente sobre un terreno devastado por décadas de conflicto armado y desplazamientos masivos. Trish Newport, coordinadora de emergencias de MSF en la respuesta al ébola en RDC, describe a EL PERIÓDICO la situación del campo de desplazados de Plaine Savo (Ituri) —donde sobreviven unas 80.000 personas bajo lonas plásticas, sin acceso suficiente a agua potable ni protección— como "horrorosa". Cientos de miles de personas sufren desplazamientos recurrentes; hay niños que han nacido y crecido en chozas de plástico sin haber conocido jamás un hogar seguro, tal y como ha constatado Newport.

Dos enfermeras visitan a una paciente que ha dado positivo por ébola, en el centro de tratamiento del ébola de Elykia.

Dos enfermeras visitan a una paciente que ha dado positivo por ébola, en el centro de tratamiento del ébola de Elykia. / JULIEN DEWARICHET / MSF

Los enfrentamientos armados no solo imposibilitan el acceso humanitario a zonas remotas, sino que alimentan ataques recurrentes contra hospitales, personal médico y ambulancias. Esta violencia continuada ha erosionado la confianza de la población. Miriam Alía, responsable médica de MSF en Niania, explica a este diario que existe un rechazo visceral en zonas donde el virus aparece por primera vez: "Hay comunidades que se han cerrado por completo, rechazando a los equipos de seguimiento de contactos y atacando centros de tratamiento. Hay una sensación en la población de que solo llegan recursos cuando hay ébola, mientras sienten que han sido desatendidos durante años frente a la violencia y los asesinatos".

Hospitales colapsados y rastreo imposible

Iniciada en la provincia de Ituri a principios de 2026, la transmisión se ha acelerado con virulencia hacia Kivu Norte, Alto Uele, Tshopo y Bajo Uele, afectando ya a 56 distritos sanitarios en todo el país. La red hospitalaria de la región ha colapsado por completo. Según los informes de situación del Gobierno, en localidades como Wamba el número de enfermos ingresados cuadruplica la cantidad de camas disponibles, mientras que en Isiro la cifra duplica la capacidad instalada. En la provincia de Alto Uele, solo uno de los siete centros de tratamiento en funcionamiento cumple con los estándares mínimos de aislamiento y bioseguridad.

A la falta de infraestructura se suma la quiebra del sistema de seguimiento epidemiológico. Mientras que en Ituri los equipos logran contactar al 93% de las personas expuestas, en Alto Uele la cifra cae al 64,3% y en Bajo Uele se sitúa por debajo de uno de cada cinco. Sin contención, la muerte se traslada a las viviendas: el pasado 17 de agosto, de las 42 muertes confirmadas en Ituri, 29 ocurrieron en la propia comunidad sin llegar jamás a ingresar en un centro sanitario.

El "tijeretazo" de fondos occidentales

Esta catástrofe estalla en medio de drásticos recortes presupuestarios a la ayuda humanitaria ejecutados por países donantes como Estados Unidos y el Reino Unido. La reducción de fondos ha desmantelado la vigilancia epidemiológica de rutina —crucial para detectar alertas a tiempo, recuerda Alía—, así como la atención básica, la nutrición y la salud sexual y reproductiva.

Un higienista desinfecta a un sanitario que ha estado en contacto con pacientes de ébola, en las instalaciones del centro de Elykia.

Un higienista desinfecta a un sanitario que ha estado en contacto con pacientes de ébola, en las instalaciones del centro de Elykia. / JULIEN DEWARICHET / MSF

Diversas organizaciones internacionales se han visto obligadas a reducir sus operaciones o abandonar el este del Congo, dejando a la población desprovista incluso de suministro de agua potable. Para mayor contradicción, Kivu del Norte se enfrenta al riesgo de quedar excluido del próximo ciclo de financiación de tres años del Fondo Mundial contra la Malaria, a pesar de que la malaria sigue siendo la principal causa de mortalidad en la región.

Por otro lado, desde MSF advierten del peligro de concentrar todos los recursos exclusivamente en el ébola, eclipsando otras crisis sanitarias en curso. Joshua Eckley, responsable de programas en Kivu Sur, insiste en que "cuando se interrumpe la atención básica, aumenta el riesgo de que más personas mueran por enfermedades prevenibles". Entre enero y julio de 2026, el país ha registrado más de 108.000 casos sospechosos de sarampión y más de 35.000 de cólera, concentrándose la mitad de ellos en Kivu Norte y Kivu Sur.

El desafío de la cepa Bundibugyo y las aulas cerradas

El reto médico es aún mayor dado que el brote está causado por la cepa Bundibugyo, para la cual no existe vacuna ni tratamiento específico aprobado (a diferencia de la cepa Zaire). Las autoridades están administrando experimentalmente 2.000 dosis de la vacuna Ervebo para evaluar si genera alguna protección cruzada, pero la contención recae hoy por completo en la sensibilización comunitaria y el aislamiento.

Ante el peligro inminente de contagio masivo, el Gobierno congoleño ha calificado de alto riesgo a 2.890 escuelas (18 distritos educativos). Para el inicio del curso escolar el próximo 1 de septiembre, la enseñanza presencial quedará suspendida temporalmente y será sustituida por cuadernillos de trabajo impresos e instrucción por radio y televisión.

El mensaje de los equipos médicos en primera línea es categórico: la respuesta médica internacional debe intensificarse sin demora. Cada día de retraso permite que el virus tome la delantera, cobrándose miles de vidas evitables en un país exhausto al borde del colapso.

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