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Dos vendedores de pañuelos y pashminas en el Gran Bazar de Estambul.

Dos vendedores de pañuelos y pashminas en el Gran Bazar de Estambul. / ADRIÀ ROCHA CUTILLER

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Adrià Rocha Cutiller

Adrià Rocha Cutiller

Estambul
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Como toda ciudad, Estambul tiene sus lugares obligatorios de visita. La lista es conocida por todos: Santa Sofía, la mezquita azul, las aguas subterráneas bizantinas e incluso un paseo en barco por el Bósforo, uno de los estrechos más transitados del mundo.

Todos los lugares están repletos, siempre abarrotados de gente y turistas. Otro de ellos también lo está, porque el Gran Bazar nunca está vacío, pero las posibilidades que da son inmensas, casi infinitas. Y es, también, uno de los lugares más antiguos de Estambul: este 2026, el Gran Bazar cumple 550 años de existencia ininterrumpida.

"Este lugar es donde la economía turca circula. Cada calle es el hogar de financieros, manufactureros, comerciantes varios. En Turquía, es aquí donde la economía avanza o retrocede. Donde primariamente el dinero cambia de manos", ha explicado en una entrevista reciente el director de la Cámara de Comercio del Gran Bazar, Ilhami Yazici.

En las callejuelas del lugar hay de todo: desde bolsos y sombreros reales a falsificados, marcas de ropa inventadas, marcas de ropa con parecidos semblantes o inverosímiles a marcas internacionales, pashminas, alfombras artesanales, oro, plata, joyería, luces, orfebrería, juegos de ajedrez, cafés, comida tradicional turca y un etcétera infinito.

Una de las galerías del Gran Bazar de Estambul.

Una de las galerías del Gran Bazar de Estambul. / ADRIÀ ROCHA CUTILLER

El Gran Bazar, además, también incluye 400.000 visitantes al día de media, y casi 50.000 trabajadores. "¡Hola, buenas! ¡Ven, ven! We have the best carpets in the world!", gritan muchos de ellos en un español e inglés casi perfectos. El dominio idiomático de estos trabajadores es de pura matemática. Muchos hablan de todo —francés, inglés, árabe, español, alemán, e incluso algo de catalán y euskera— pero lo hablan tan solo para vender y comerciar. Números y frases para convencer o engatusar a un comprador dubitativo.

"Dentro del bazar antiguo [la zona cubierta por el techo] tenemos 2.500 tiendas independientes. Si consideramos todo el complejo, entonces el número de tiendas es de 4.500. El ecosistema es algo enorme, y es algo que nos enorgullece. Si consideramos las familias de los trabajadores, es posible decir que la economía del Gran Bazar contribuye a la vida de cientos de miles de personas", explicaba Yazici.

Como James Bond


Como novedad por el 550 aniversario, la Cámara de Comercio del recinto ha empezado a organizar pequeñas subidas diarias —para grupos de pocas personas— al techo del Gran Bazar, que goza de vistas a toda la península histórica de Estambul y fue popularizado gracias a la película Skyfall (2012) de James Bond, en la que el actor Daniel Craig surca con una moto el techo histórico del lugar.

Los turistas que consiguen acceder al sitio, sin embargo, deben conformarse con sus propios pies y zapatos. Y aún así, poco pueden hacer. El techo del Gran Bazar está protegido, y pisarlo y caminar por él libremente no está permitido.

Parada de bolsos de imitación en el Gran Bazar.

Parada de bolsos de imitación en el Gran Bazar. / ADRIÀ ROCHA CUTILLER

Pero, por supuesto, la historia del bazar más icónico de Estambul no está tan solo vinculada al personaje británico ficticio. El Gran Bazar fue construido en 1456, apenas unos pocos años tras la conquista de Constantinopla por el sultán Murad II, que quiso tener a mano, cerca del palacio, un centro de comercio de textiles orientales y de oro.

500 años y varios brotes de peste negra después —algunos de ellos causados por piojos importados en ropa de segunda mano del lugar—, el Gran Bazar sigue fiel a su tradición: gran parte de lo comerciado son piezas de ropa, alfombras y, sobre todo oro. Y cada gremio, como antes, está separado en sus propias callejuelas y espacios, no vaya a ser que haya alguna confusión indeseada. Donde se venden abrigos de piel no habrá alfombras; y donde habrá alfombras será imposible encontrar ningún juego de brillantes.

En la actualidad, de hecho, el mercadeo de oro a peso se realiza sobre todo en una sección concreta dentro del recinto histórico, donde hombres —sobre todo hombres— se gritan precios de compra-venta del metal preciado. La práctica es frenética, seis días a la semana, y se ha quedado un poco anticuada, sobre todo porque la mayor parte de comercio del oro ya no se realiza aquí, sino en la bolsa. Pero la tradición es la tradición, y el lugar sigue activo, bullicioso y lleno de testosterona.

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