Gigante asiático
Entra en vigor la polémica ley de unidad étnica en China en medio del temor de las minorías
La construcción de la identidad nacional en los últimos años ha erosionado los rasgos culturales, lingüísticos y religiosos de tibetanos, uigures o mongoles

Un hombre con la bandera uigur en una protesta en Alemania contra los crímenes en la región de Xinjiang / SACHELLE BABBAR / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

Animó años atrás Xi Jinping, presidente chino, a todas las minorías étnicas a abrazarse "tan juntas como las pepitas de una granada" y hoy ya cuenta con la ley adecuada. Se llama Ley de Unidad Étnica y Promoción del Progreso y, desde que fuera aprobada por el legislativo en marzo, ha generado la inquietud global. No sólo disuelve el mosaico cultural, pronostican sus críticos, sino que faculta la persecución más allá de las fronteras.
La ley prohíbe todo aquello que "mine la unidad étnica o provoque la división étnica". Las Administraciones públicas y colegios usarán el mandarín como primera lengua y "forjarán un fuerte sentimiento de la comunidad del pueblo chino"; los padres empujarán a sus hijos a "amar al Partido Comunista"; museos, librerías, bibliotecas y otras instituciones reflejarán la Historia china y la prosperidad nacional; los Gobiernos locales fomentarán la integridad étnica en sus políticas de alojamiento... El artículo 63 asegura que serán perseguidos los individuos y organizaciones situados fuera de China que violen la ley.
La mayoría 'han' comprende el 90 % de la población china y 54 grupos étnicos se reparten el resto. La construcción de la identidad nacional en los últimos años ha erosionado los rasgos culturales, lingüísticos y religiosos de tibetanos, uigures o mongoles. En ese contexto aparece una ley llamada a oficializar y acelerar el proceso: la identidad étnica, denuncian los críticos, será aceptable sólo si se subordina a la nacional. Expertos de la ONU en derechos humanos han alertado de las “serias implicaciones” para el patrimonio étnico y la puerta abierta a la “represión transnacional”. Amnistía Internacional teme que cualquier defensa pacífica en el mundo de los derechos de las minorías sea interpretado por China como un ataque a la “unidad étnica”. El presidente taiwanés, Lai Ching-te, aconsejó a sus ciudadanos que sean cautos en China y el resto del mundo y la UE anunció “serias consecuencias” en las relaciones bilaterales si la ley ataca a ciudadanos europeos y recomendó a los países miembros que reconsideren sus tratados de extradición.
Primacía del mandarín
Cabe preguntarse en este guirigay diplomático y periodístico qué cambiará esta ley. Es utópico que China detenga disidentes en el extranjero pero quizá desaconsejará el debate. No es raro que China hostigue a familiares de los críticos en el exilio. En 2024 detuvo a Gao Zhen por "difamar a los héroes nacionales y mártires" con sus satíricas esculturas de Mao. El artista vivía en Nueva York y estaba de visita familiar. Para castigar a los que ejercen la libertad de expresión fuera de China y otros atropellos no había sido necesaria ninguna ley.
En su ámbito interno tampoco se esperan cambios sustanciales. Tíbet, Mongolia Interior y Xinjiang ya contaban con leyes locales que relevaron el bilingüismo por la primacía del mandarín. No hay grandes novedades, confirman fuentes diplomáticas europeas. "China ha puesto negro sobre blanco con su primera ley de alcance nacional lo que ya ordenaba: la enseñanza oficial en mandarín, la homologación del sistema educativo... Ahora tiene un arma que da cobertura legal a muchas acciones que antes llevaba a cabo de forma asimétrica", opina.
El cuadro de las minorías étnicas en China es más complejo del que se suele presentar. Los que acusan a Pekín de perseguirlas tienen un problema con las cifras: los 'han' representan hoy el 90% de la población cuando décadas atrás alcanzaban el 95 %. Las etnias minoritarias quedaron exentas de la ley del hijo único y hoy disfrutan de cupos en la Administración y las universidades que soliviantan a los 'han'. El PIB en las cinco regiones autónomas, con grandes poblaciones de minorías étnicas, creció en el último lustro por encima de la media nacional. Pero el desarrollo y la pulsión uniformadora china ha pulido sus aristas y algunas de ellas sobreviven como elementos folclóricos para el consumo turístico.
China ha reivindicado su nueva ley como el vehículo para impedir la discriminación y asegurar el progreso en común. El mandarín es imprescindible para un horizonte laboral prometedor en el país, ha recordado Pekín, pero su atención única en la economía genera susceptibilidades identitarias comprensibles. No sólo en los mediáticos uigures y tibetanos, también en los mongoles. En 2020 hubo protestas fragorosas tras la medida que rebajaba la enseñanza en mongol a favor del mandarín.
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