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Tras el doble terremoto

Un fuerte temblor sacude la "zona cero" de Venezuela mientras avanza inexorable el olor de la muerte

DIRECTO | Última hora del terremoto en Venezuela

El plano en 3D que muestra el alcance de la destrucción de edificios por el terremoto en Venezuela

Un nuevo temblor sacude Caracas tras el doble terremoto de la semana pasada

EFE / Ronald Peña R / EFE

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Abel Gilbert

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Buenos Aires
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Un seísmo de magnitud 4,2 hizo que la costa central de Venezuela volviera a temblar en la mañana de este lunes, muy cerca de La Guaira, la zona cero del doble terremoto del pasado miércoles, donde las esperanzas de encontrar supervivientes se adelgazan hasta convertirse en un hilo con la consistencia de los milagros. Eso es lo que sucedió con un hombre y su hijo adolescente, horas atrás y luego con Aarón Levi Cantillo, de 21 años, quien pudo ser salvado tras 43 horas de trabajos. Las excepciones no hacen más que confirmar la peor de las reglas de todo desastre.

La ciudad y sus alrededores exhiben heridas parecidas a las de una guerra lanzada desde el aire. El Caribe sur se mira en el espejo de Gaza, aunque en su caso, ha sido la tierra y no un ejército poderoso como el de Israel, el factor de la destrucción. Los edificios colapsaron como en un juego de dominó, uno detrás de otro. El denso polvo del derrumbe ha sido limpiado por el viento marítimo y lo que se cuela entre montañas de arena y escombros es el olor de la muerte. El calor extremo acelera la multiplicación bacteriana y intensidad de ese vaho con ese dulzor engañoso: la superficie biológica y química de una desgracia que se anuncia entre los bloques de cemento derrumbados. Los rescatistas y vecinos utilizan mascarillas. No es el recuerdo de la pandemia sino la señal de una urgencia. Deben trabajar soportando dolores de cabeza, mareos y náuseas causados por la fetidez, expuestos al peligro de las bacterias infecciosas que desprenden los cadáveres.

El aire se ha contaminado, una señal que el reloj avisa de otros modos: la llamada ventana crítica se cerró formalmente el domingo al haber transcurrido las 72 horas después del seísmo. Lo que ha comenzado a suceder horas después lleva la firma de un certificado de defunción, solo refutado por aquello que no estaba en las previsiones más osadas. Hasta el momento, las autoridades han contabilizado decesos 1.719 y la de heridos a 5.034 mientras en las redes sociales se habla de miles de desaparecidos. El madurismo y sus forzados herederos después de la intervención estadounidense del 3 de enero que terminó con el "presidente obrero", Nicolás Maduro, encerrado en una cárcel de Nueva York, no tienen una historia de apego a los números y esa inercia parece manifestarse después de la catástrofe. La distancia entre las cifras oficiales y la realidad material no solo se percibe a través de los ojos, es olfativa, especialmente en La Guaira. "Sabemos que están muertos, pero aquí estamos esperando la respuesta de las autoridades", dijo un vecino a AFP. "No tenemos esperanzas, lo que me quedan son los recuerdos".

Medidas de contención

El Gobierno interino ha instalado 10 campamentos temporales en el estado de La Guaira para brindar refugio y asistencia integral a las familias afectadas. Ha puesto en funcionamiento un Estado Mayor para asistir a los que perdieron sus hogares y que tienen pocas ilusiones de contar con uno nuevo en corto o medio plazo. También se ha activado un plan de contingencia sanitaria enfocado en la salud mental de una población traumatizada. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, hermano de la "presidenta encargada" y de profesión psiquiatra, ha reconocido que existen al menos un millón de personas afectadas por síntomas como ansiedad, duelo, tristeza profunda y el denominado trastorno de estrés postraumático (TEPT). A su vez, se ha activado una plataforma para las familias que intentan conocer el paradero de parientes con los que perdieron comunicación.

La "zona cero" concentra buena parte de los esfuerzos de un Estado que se encontraba en crisis estructural antes del doble terremoto y los 2.700 rescatistas de diversos países. A 30 kilómetros, en Carayaca, sus habitantes se sienten olvidados. Todavía esperan la atención mínima, sin servicios públicos y con los efectos crecientes de la escasez de alimentos. Todos se conocen en Carayaca, dadas sus escasas dimensiones, y esa experiencia, fruto de una cotidianeidad interrumpida, les permite saber cuántos murieron el miércoles pasado o los días siguientes.

En Carayaca, así como La Guaira y las manzanas afectadas de Caracas u otros lugares de Venezuela se hacen la misma pregunta: ¿qué pasa con las Fuerzas Armadas? Su papel, hasta el momento es secundario. La distancia entre las palabras y los hechos se hizo añicos el 3 de enero. Desde entonces, casi nadie se atreve a repetir la consigna sobre la "unión perfecta" entre militares, policías y la sociedad civil. La Guaira ha sido militarizada por orden de la "presidenta encargada", Delcy Rodríguez. Pero el papel protagonista se lo llevan los rescatistas, voluntarios y vecinos. Para el decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Criminológicas de la Universidad de Los Andes (ULA), José Antonio Rivas Leone, ha quedado de manifiesto la "limitada capacidad de respuesta del Estado" que las Fuerzas Armadas habían tenido. Su papel, añadió, "ha sido sumamente escaso por no decir nulo".

Un símbolo que se derrumba

El doble seísmo ha impactado a su vez en uno de los blasones que solía exhibir primero Hugo Chávez y luego su heredero: la llamada Misión Vivienda. El Gobierno consideró esas construcciones un acto de reparación social. Cada edificio llevaba el nombre de un prócer o líder político para quedar asociado al proceso de cambios históricos que se intentaba "edificar". Una de esas construcciones incluyó en su fachada los ojos de Chávez en calidad de vigilante de las conquistas y, también, a los adversarios. Las entregas fueron masivas, aunque los números de beneficiarios difieren de manera sustancial. "La gran Misión Vivienda vino a hacer una revolución de la arquitectura, la estética, la belleza, la ingeniería y el confort y la felicidad compartida de la familia venezolana. Nadie ni nada podrán con nosotros", se le escucha decir a Maduro en una de sus intervenciones en las redes sociales antes de ser capturado.

El Gobierno de Maduro había sostenido que se entregaron casi cinco millones de casas, incluso en medio de las sanciones económicas de EEUU. El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) pone en duda esos números. Más allá de una discusión previa al 24 de junio, el movimiento tectónico se ensañó con parte de esas construcciones. Los escombros irrumpen por estas horas como metáforas de una agonía política de otro alcance. Parte de esas viviendas, se recuerda por estas horas críticas, no solo tenían problemas de diseño y habían sido levantadas en espacios inapropiados: la supervisión técnica se había mostrado indulgente respecto al uso de ciertos materiales y, sobre todo, la capacidad para enfrentar temblores. La Guaira es también testigo de una demolición simbólica entre tantos dolientes.

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