Kabul como interlocutor
Alemania marca el paso a la UE con las deportaciones de afganos negociadas con los talibanes
El canciller Merz pretende acelerar las expulsiones en diálogo directo con Kabul, tras años de "goteo" de repatriaciones a través de Catar

El canciller alemán, Friedrich Merz. / CLEMENS BILAN / EFE

"No tendemos la mano al régimen talibán. Buscamos una colaboración técnica en interés de nuestro país": con estas palabras, ante el Bundestag (Parlamento federal), justificó esta semana el canciller alemán, Friedrich Merz, la negociación emprendida estos días con cuatro representantes del régimen de Afganistán. Su propósito es acelerar las deportaciones de afganos condenados por crímenes graves. La reunión tuvo lugar en Berlín, casi en paralelo a los contactos mantenidos en Bruselas a un nivel parecido, entre el estupor de ONG como Pro-Asyl, que denuncian la normalización de las relaciones con un régimen atroz, y la connivencia de otros estados miembros de la UE, defensores de la línea más dura en materia migratoria. Representan en su conjunto a un amplio espectro político que van del gobierno de la socialdemócrata Mette Frederiksen, en Dinamarca, a la ultraderechista italiana Giorgia Meloni.
El propósito de Berlín es organizar tres vuelos chárter al mes para entregar a Kabul a condenados por delitos graves cometidos en Alemania. La alianza de gobierno entre el conservador Merz y sus socios socialdemócratas lleva un considerable adelanto respecto a otros países de la UE en lo que se refiere a deportaciones de criminales afganos, además de sirios. Los primeros se materializaron en 2024, por contactos indirectos con el régimen talibán; ahora se pasó a negociar con representantes del régimen.
Del goteo de deportaciones a los tres chárter al mes
Los afectados son grupos reducidos entre el total de casi medio millón de refugiados o demás ciudadanos de origen afgano que viven en el país. Los vuelos de deportación se han materializado hasta ahora en formatos de entre una veintena o un máximo de 80 deportados. Se trata siempre, según Berlín, de afganos adultos condenados por delitos graves, en su mayoría por violencia sexual. Pero marcan un precedente peligroso, como denuncian las ONG y dos partidos de la oposición -Los Verdes y La Izquierda- por implicar un reconocimiento de facto del régimen talibán como interlocutor.
Merz aseguró en la última sesión de control del Bundestag que "no estamos normalizando al régimen". Recordó que las relaciones técnicas con Kabul nunca se han cortado. Sin ellas no se habría logrado sacar de ese país a los 48.000 afganos acogidos por Alemania desde el regreso de los talibanes al poder, en 2021. Entre ellos había 37.000 personas en situación de "alto riesgo" o amenazadas por el régimen afgano.
Insistió el canciller en que se trata de reuniones "técnicas, no políticas". Y respaldó a su ministro del Interior, el asimismo conservador Alexander Dobrindt, en cuyas competencias entra la ejecución de esas deportaciones.
Con 1.000 euros en el bolsillo
Lo cierto, recuerda la Izquierda, es que Berlín abrió la jaula de los truenos con las primeras expulsiones materializadas en 2024, aún con el gobierno del entonces canciller Olaf Scholz, una coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales. Tuvieron lugar bajo el impacto de una serie ataques a cuchilladas cometidos por refugiados sirios o afganos. Por primera vez desde el retorno de los talibanes al poder, hubo ese año un vuelo de deportación para 28 delincuentes convictos, con delitos como la violación en grupo de una menor de 14 años o multirreincidentes condenados por secuestro o robo con violencia.
Salían de Alemania con 1.000 euros a modo de "dinero de bolsillo" para gastos. No se producían por negociación directa con Kabul, sino que actuaba como intermediario Qatar. Hubo a continuación otros vuelos de deportación en condiciones similares, siempre en grupos reducidos. Cada uno de estos vuelos topó con obstáculos administrativos y recursos de última hora, que en ocasiones lograron detener alguna expulsión en el propio aeropuerto. Se generó asimismo cierta controversia en torno a esos 1.000 euros. Para medios sensacionalistas como Bild, eran un regalo de despedida a violadores con el que una familia afgana puede vivir medio año. Las ONG denunciaban, en cambio, que ese dinero se evaporaba literalmente a su llegada a Kabul, incautado por sus autoridades.
El propósito de Merz es agilizar estas deportaciones prescindiendo de un tercer país mediador. El marco en el que se apoya ahora el gobierno alemán para pasar de las deportaciones negociadas con Qatar a la vía directa es un acuerdo alcanzado recientemente con Kabul. En lo que va de año se habían practicado apenas 77 deportaciones repartidas en tres vuelos. Ahora el horizonte son los mencionados tres vuelos charter al mes.
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