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Derechos humanos

Muere Taty Almeida, una de las últimas referentes de las Madres de Plaza de Mayo de Argentina

Hija de un coronel del ejército, Lydia Estela Mercedes Miy Uranga falleció a los 95 años sin encontrar a su hijo desaparecido

Fallece Taty Almeida, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo de Argentina

Fallece Taty Almeida, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo de Argentina

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Abel Gilbert

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Buenos Aires
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Lydia Estela Mercedes Miy Uranga, el último gran referente público de las Madres de Plaza de Mayo, ha muerto a los 95 años. Había nacido el 28 de junio de 1930. Se la conocía como Taty. "Tan inmensa que no hay manera de contarlo. Gracias por enseñarnos que amar es resistir", señaló la Línea Fundadora de esa organización fundada en 1977, en medio de los peores años de la dictadura militar. Taty buscaba a su hijo desde mediados de 1975, casi un año antes de la asonada que partió en dos la historia de este país. Era periodista e integrante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Nunca más supo de él y se sumó con el tiempo a las otras madres desesperadas que, hace 49 años, comenzaron a reunirse en la Plaza de Mayo, frente a la sede del Ejecutivo, entonces ocupado por el general Jorge Videla, para exigir información sobre el paradero de sus seres más queridos.

Taty era hija de un militar que había pasado a retiro con el grado de coronel. Sus hermanas se casaron con oficiales Ella, en cambio, decidió ser maestra. Tuvo tres hijos con Jorge Almeida. Alejandro Martín, el segundo, desapareció cuando tenía apenas 20 años. Lo secuestro un grupo paramilitar de ultraderecha que a partir de 1976 fue absorbido por la estructura represiva del régimen de facto. Taty conocía el mundo castrense, comenzó a presentarse en los cuarteles con la esperanza de que algún viejo conocido de su padre pudiera ofrecerle una respuesta. Eso no ocurrió, y entonces se volcó a las calles. Al principio, otras madres desconfiaron de ella por su linaje familiar. Temieron que se tratara de una espía. La líder, Azucena Villaflor, había sido secuestrada por un comando de la Armada gracias a la infiltración del teniente Alfredo Astiz, quien luego sería conocido como el "ángel de la muerte".

Con el retorno de la democracia, Almeida ofreció su testimonio a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que presidió el escritor Ernesto Sábato. Como muchísimas madres de Plaza de Mayo, a medida que se esfumaron las ilusiones de encontrar los restos de sus hijos desaparecidos, asumieron sus propios ideales. "Me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió".

Durante los años noventa, las Madres bifurcaron sus caminos por diferencias políticas. De un lado, Hebe de Bonafini, el liderazgo más intransigente y la voz que se alzó con más vehemencia en contra de las exhumaciones de cuerpos. Por el otro, Nora Cortiñas, quien encabezó la Línea Fundadora de la organización, a la que se sumó Almeyda.  Ambas fallecieron años atrás, al igual que otras madres que constituyeron la resistencia más decidida contra la dictadura, frente al silencio o la indiferencia de los partidos políticos tradicionales. Y las señoras del pañuelo blanco que aún están de pie son todas nonagenarias o se acercan a los 100 años. Una historia épica se va con ellas.

En abril pasado había sido distinguida con el doctorado honoris causa por la Universidad de Buenos Aires (UBA). "Le demostramos a (Javier) Milei que la resistencia continúa", dijo al recibir el galardón. Quería ser recordada por su carácter y la alegría de vivir, incluso en medio de la más absoluta desgracia. Sus familiares contaron a la prensa que en la noche del sábado se fue a dormir, muy tranquila, como si fuera una noche más, y que no se levantó.

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