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Perfil

Mohamed bin Zayed, el jeque al frente de la 'pequeña Esparta' de Oriente Medio

Conocido como MBZ, el presidente de Emiratos Árabes Unidos y emir de Abu Dabi ha diseñado una estrategia para proyectar el poder emiratí más allá de sus fronteras

El príncipe heredero de Emiratos, Mohamed bin Zayed.

El príncipe heredero de Emiratos, Mohamed bin Zayed. / Hannah Mckay/PA Wire/dpa - Archivo

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María Mondéjar

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Barcelona
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El pasado marzo, tras los primeros ataques de Irán contra Emiratos Árabes Unidos, al presidente del país y emir de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, le bastó una frase para fijar su posición en el conflicto. "La piel de los Emiratos Árabes Unidos es gruesa y su carne es amarga; no nos pueden comer", afirmó durante una visita a un hospital. El príncipe bin Zayed cimentó su poder siguiendo la estela de Estados Unidos, pero ahora impulsa una agenda propia. A diferencia de otros líderes del Golfo, el mandatario emiratí ha encontrado en el conflicto con Irán un impulso para definirse más allá del paraguas de seguridad estadounidense y tomar sus propias decisiones en materia de defensa. Un movimiento que, en realidad, lleva décadas gestándose. 

Conocido por sus siglas, MBZ, el jeque ha moldeado un proyecto personal de Estado basado en la construcción de un oasis en Oriente Medio, y con la ambición de convertirse en un centro del poder financiero internacional, un reclamo para el turismo y un puente para el comercio entre continentes. A esos objetivos se suma una apuesta por la innovación y la tecnología, con la vista puesta en diversificar una economía todavía dependiente del petróleo, que aporta un 30% del PIB nacional. MBZ ha optado por replantear sus alianzas, lo que se ha traducido en un acercamiento creciente a Israel y ha contribuido a abrir una brecha con otros diregentes de la región.

Hijo de Zayed bin Sultán Al Nahyan, el primer presidente de los Emiratos Árabes Unidos, MBZ creció en el seno de una de las familias más poderosas del planeta. La dinastía Al Nahyan, cuya fortuna supera los 300.000 millones de dólares, gobierna Abu Dabi, el emirato más grande y rico de los siete que integran el país y que concentra cerca del 9% de las reservas mundiales de petróleo. Como muchos otros monarcas árabes, MBZ se formó en Reino Unido, en la Real Academia Militar de Sandhurst.

Lazos con Washington

Su proyecto de militarizar los Emiratos y convertirlos en una suerte de "pequeña Esparta" autoritaria, un término que emplean analistas para referirse al país, comenzó con su propia formación castrense. Desde entonces, ha impulsado una estrategia que va desde la compra masiva de armamento estadounidense, cuando aún era un joven príncipe heredero, hasta los recientes acuerdos con Israel y Ucrania para acceder a tecnología militar de última generación y reforzar su capacidad de disuasión frente a Irán.

La expansión del poder de MBZ y el inicio de su influencia en Washington tiene nombre y apellidos. En 1991, tras la invasión iraquí de Kuwait, el entonces príncipe viajó a Washington para cerrar contratos de armamento multimillonarios. Fue Richard A. Clarke, un alto funcionario del Departamento de Estado y que más tarde ocuparía el puesto de encargado de la oficina antiterrorista de Estados Unidos durante los atentados del 11-S, quien convenció al Congreso estadounidense de la fiabilidad del joven emiratí, de entonces 29 años. "Los Emiratos Árabes Unidos no son ahora, ni serán nunca, una amenaza para la estabilidad o la paz en la región", declaró Clarke ante el Congreso. "Eso es muy difícil de imaginar. De hecho, los Emiratos son una fuerza para la paz".

Una imagen distribuida por la Agencia de Noticias de Jordania muestra cazas F-16 de los Emiratos Árabes Unidos en una base aérea jordana, el 8 de febrero de 2015

Una imagen distribuida por la Agencia de Noticias de Jordania muestra cazas F-16 de los Emiratos Árabes Unidos en una base aérea jordana, el 8 de febrero de 2015 / JORDANIAN NEWS AGENCY/HANDOUT

El resultado de aquel viaje fue la adquisición de más de 80 cazas F-16 y 30 helicópteros de combate Apache. El príncipe incorporó a antiguos oficiales estadounidenses para la dirección de sus fuerzas armadas y a exagentes de inteligencia norteamericanos en sus servicios de seguridad. Con ese nuevo arsenal y tropas profesionalizadas, los Emiratos Árabes Unidos participaron junto a Estados Unidos en seis conflictos internacionales. En el proceso, Bin Zayed consolidó una capacidad poco habitual para un país de dimensiones reducidas en población y territorio: la de proyectar poder militar más allá de sus propias fronteras.

Sin embargo, la relación de MBZ con la Casa Blanca ha evolucionado con el tiempo y ha atravesado momentos de fricción, como el distanciamiento con la Administración Obama durante una visita del líder emiratí a Nueva York en 2020, en la que mantuvo conversaciones con Jared Kushner, yerno de Donald Trump y actual enviado especial en la región. En sus memorias, el expresidente estadounidense alude a las discrepancias con el líder emiratí en torno a las negociaciones con Irán y al apoyo a determinados movimientos democráticos. A partir de ese punto, Emiratos ha ido consolidando una línea más autónoma en la región, aunque sin perder su capacidad de influencia.

El presidente estadounidense, Donald Trump, despidiéndose del presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed Al Nahyan en el Aeropuerto Presidencial de Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, el 16 de mayo de 2025.

El presidente estadounidense, Donald Trump, despidiéndose del presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed Al Nahyan en el Aeropuerto Presidencial de Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, el 16 de mayo de 2025. / UAE PRESIDENTIAL COURT / HANDOUT

Autoridad y 'status quo'

Más allá de su poder militar, Mohamed bin Zayed Al Nahyan ha construido una amplia red de contactos internacionales. Su política exterior se basa en una diplomacia de equilibrios con Europa, los países del Golfo, Rusia e Israel. De hecho, Emiratos fue uno de los primeros firmantes de los Acuerdos de Abraham, clave en la normalización de las relaciones con Israel. La política del emir gira entorno a las alianzas de seguridad, la oposición a Irán y el refuerzo del autoritarismo, especialmente tras la Primavera Árabe y el auge de la Hermandad Musulmana.

En política doméstica, el presidente emiratí intensificó la represión a partir de 2011, pese a la ausencia de protestas relacionadas con las revueltas árabes. Las autoridades respondieron a demandas de reformas, como la petición de ampliar el sufragio y los poderes del Consejo Nacional Federal, con detenciones de activistas, académicos y abogados, el cierre de asociaciones civiles y procesos judiciales criticados por falta de garantías. Paralelamente, se aprobaron leyes de ciberdelitos que penalizaban la crítica a las instituciones.

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