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Cerco israelí

Gaza sigue siendo un infierno tras seis meses de alto el fuego: "Cada vez atendemos a más niños por mordedura de rata"

No hay empleos, ni materiales para reconstruir las casas bombardeadas; las basuras no se pueden recoger porque no hay combustible; Israel sigue impidiendo el libre flujo de ayuda humanitaria; y es más fácil encontrar un teléfono móvil que pescado o carne, apuntan a EL PERIÓDICO desde Médicos sin Fronteras y UNRWA

El plan de paz de Trump sigue estancado en su segunda fase. Hamás no entrega las armas mientras Israel sigue atacando y ha pasado de controlar el 50% al 62% de Gaza.

Unos niños palestinos caminan entre restos de basura junto al campo de refugiados de Yan Yunis.

Unos niños palestinos caminan entre restos de basura junto al campo de refugiados de Yan Yunis. / AFP

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Mario Saavedra

Mario Saavedra

Madrid
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Han pasado ya más de seis meses desde que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó la resolución 2803, por la que se formaba la "Junta de Paz" pergeñada por Donald Trump. Se oficializaba con ella un alto el fuego temporal entre Israel y Hamás. Se prometía un mayor volumen de entrada de ayuda humanitaria en Gaza. Se establecía un plan de 20 puntos que, por fases, debía consumar en la reconstrucción de la Franja, arrasada tras más de dos años de bombardeos israelíes. La milicia islamista debía desarmarse y traspasar el control del Gobierno a un comité tecnócrata palestino controlado por la Junta de Paz.

Nada de eso ha ocurrido.

800.000 personas malviven actualmente en tiendas de campaña y refugios improvisados en Gaza, con acceso limitado a la atención sanitaria, al agua y a los sistemas de saneamiento, informa Save The Children.

Los campamentos de desplazados están llenos de ratas. Hay plagas de chinches y piojos. Proliferan enfermedades nunca vistas en la Franja. Hay una epidemia de sarna.

Israel solo deja pasar camiones comerciales (productos para vender, en lugar de gratuitos y provistos por las agencias internacionales), por lo que se pueden encontrar teléfonos móviles en los mercados, pero no hay carne, ni tampoco pescado porque la Armada israelí no permite faenar en la costa gazatí. Escasean las verduras, porque las Fuerzas de Defensa de Israel arrasaron casi toda la tierra cultivable.

21 de mayo de 2026, Nusairat, Gaza.

21 de mayo de 2026, Nusairat, Gaza / Hassan al-Jedi / Zuma Press / Eu / Hassan al-Jedi / Zuma Press

Joan Tubau, coordinador general de la organización para Palestina de Médicos Sin Fronteras, resume en conversación telefónica con EL PERIÓDICO lo poco que ha cambiado en estos seis meses: "Desde el mal llamado alto el fuego, lo único que ha ido a mejor es que los bombardeos indiscriminados ya no son constantes, aunque continúan".

Al menos 880 palestinos han muerto y 2.605 han resultado heridos por ataques israelíes en Gaza desde la entrada en vigor del alto el fuego, el 10 de octubre de 2025, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.

"Si quieres poner una lona en la pared, no puedes porque no hay ni clavos", explica Raquel Martí de UNRWA

La tregua tampoco ha desbloqueado la ayuda en los términos previstos. "Ellos dicen que entran 600 camiones. Son camiones comerciales, no los productos que los niños, los mayores o los enfermos necesitan. En el mercado hay cigarrillos, Nocilla, pero no productos de primera necesidad". Cuesta encontrar pollo, los huevos son extremadamente caros. "No entran productos médicos, humanitarios ni gratuitos, que es lo que necesitan los gazatíes. Necesitan que podamos reponer medicamentos, piezas de los equipos médicos, piezas de las depuradoras de agua, aceite de motor para las ambulancias y motores para dar energía a los quirófanos".

Los comerciantes de uno y otro lado hacen negocio, y Hamás cobra impuestos por los productos. La gente pudiente o que se ha beneficiado del conflicto en Gaza vive algo mejor. Hay incluso cafés con ciertos productos de lujo. Pero los más necesitados, simplemente, sobreviven: buscan comida y agua suficiente para llegar al final del día. "El alto el fuego no ha dado a la gente la posibilidad de volver a sus vidas. No pueden volver a sus casas. No hay ningún atisbo de reconstrucción de nada, no hay materiales de reconstrucción en Gaza".

Ratas y epidemias de sarna

La situación sanitaria sigue siendo infernal, según la describen los consultados.

15/02/2026 February 15, 2026, Khan Yunis, Gaza Strip, Palestinian Territory: Palestinians bid farewell to the bodies of several citizens at Nasser Hospital, who were killed in an Israeli strike last night in Khan Younis, southern Gaza Strip. February 15, 2026 POLITICA Europa Press/Contacto/Tariq Mohammad

Jan Yunis, Franja de Gaza. Palestinos despiden en el hospital Nasser los cuerpos de varias personas que murieron anoche en un ataque israelí en Jan Yunis, en el sur de Gaza. / Europa Press/Contacto/Tariq Moha / Europa Press

Si en invierno el problema era el frío y las enfermedades cardiorrespiratorias, con el calor los problemas sanitarios provocados por la acumulación de basura, el hacinamiento y las aguas contaminadas se agravan. "Los camiones de basura no pueden funcionar porque no hay gasolina. Las basuras se acumulan. Eso, con el inicio del verano, genera una situación de plagas de insectos, piojos, pulgas, roedores. Vemos un número importante de mordeduras de roedores; no en números ingentes, pero empiezan a llegar a los hospitales. Y hay una epidemia de enfermedades cutáneas, como la sarna, producto de unas condiciones paupérrimas. El agua potable continúa siendo escasa, los hospitales no tienen los medicamentos necesarios", apunta el responsable de MSF.

Por supuesto, no hay una atención médica sostenida. "No podemos tratar a los diabéticos, porque hemos tenido que interrumpir el tratamiento a largo plazo de la insulina", explica Tubau. "Continuamos viendo unos niveles de malnutrición inéditos en la Franja. No son los de hace seis meses, pero no eran propios de Gaza. Nunca hubo ninguna necesidad. Ahora, continuamos teniendo mujeres y niños malnutridos".

Los datos de la oficina de coordinación humanitaria de la ONU OCHA apuntan en la misma dirección: en su informe del 15 de mayo registró más de 82.000 niños de entre seis y 59 meses examinados por malnutrición aguda; 2.923 fueron admitidos para tratamiento, incluidos 507 con malnutrición aguda severa. También fueron examinadas más de 64.000 mujeres embarazadas y lactantes, de las que 2.147 recibieron tratamiento por malnutrición.

Gaza tras medio año de alto el fuego

Raquel Martí, directora en España de la agencia de refugiados palestinos de Naciones Unidas UNRWA, coincide en que el alto el fuego ha reducido el riesgo de muerte inmediata, pero no ha abierto una salida. "No hay datos para el optimismo. Desde el alto el fuego ya no se asesina a cientos de personas diarias, solo se ha reducido el ritmo", afirma. "Por lo demás, no hay mejoras, sino todo lo contrario. No se ha empezado ningún plan de reconstrucción y siguen impidiendo la entrada de ayuda humanitaria. Se han cerrado cocinas comunitarias que alimentan a la población porque no entra suficiente comida".

Son muy pocos los que en Gaza tienen empleo y sueldo: los que trabajan para ONG internacionales o para el Gobierno.

La vida cotidiana se ha reducido a una suma de carencias. Quienes conservan una vivienda lo hacen muchas veces en edificios perforados por las bombas. "Tengo compañeros que están viviendo en sus casas con agujeros en el techo o en las paredes, sin cristales ni puertas, y no hay nada con lo que taparlo. Israel no ha permitido la entrada de materiales de construcción. Si quieres poner una lona en la pared, no puedes porque no hay ni clavos. Están expuestos a través de esos agujeros, no hay electricidad ni calefacción", cuenta Martí.

Como Tubau, Martí señala las plagas como una de las urgencias más visibles: "Ahora mismo hay una plaga descomunal de roedores y de insectos porque hay miles de toneladas de basura sin recoger y las aguas residuales se esparcen por la superficie. No hay suficientes letrinas ni duchas para la población. Conviven dentro de las tiendas de campaña con las ratas, que muerden a los niños".

Plan de paz estancado

El plan de paz sigue estancado en la segunda fase, la que debería suponer el desarme de Hamás y la retirada progresiva de Israel, así como la creación de una administración tecnocrática palestina y la reconstrucción de la Franja.

La semana pasada, en una rueda de prensa en Jerusalén, Nickolai Mladenov, enviado de la Junta de Paz para Gaza, advirtió de la urgencia de desbloquear el proceso y del riesgo de que el statu quo se enquiste sobre una población exhausta. "La gente de Gaza no puede esperar más", dijo.

Israel no solo mantiene el control de una amplia franja del territorio gazatí, sino que lo ha ampliado desde el inicio de la tregua del 50% al 62%. Mladenov advierte contra la posibilidad de que Israel decida levantar un muro en esa línea amarilla, encerrando a la población de Gaza en todavía menos territorio.

"Nos ha pasado con escuelas de UNRWA que de la noche a la mañana aparecen dentro de la zona amarilla y hay que trasladarlas", explica Raquel Martí. "La población vuelve a ser desplazada. Si tu tienda de campaña amanece dentro de la línea amarilla, te tienes que mover hacia el oeste. Cada vez queda menos territorio, en una de las zonas que ya era de las más densamente pobladas del mundo: una densidad altísima, entre ratas, insectos y sin saneamiento”.

La Junta de Paz ha señalado el rechazo de Hamás a entregar las armas como el principal obstáculo para avanzar, mientras Hamás acusa a Israel de incumplir la primera fase: restricciones en los pasos fronterizos, falta de entrada de materiales básicos y ataques casi diarios.

En ese paisaje, la expresión "alto el fuego" se vuelve una entelequia. Caen menos bombas, pero no entra lo necesario para reconstruir, curar, limpiar, alimentar. No se puede volver a un hogar. La fase dos del plan de paz no avanza. La línea amarilla se mueve. La ayuda humanitaria llega tarde, mal o convertida en mercancía. Y Gaza queda atrapada en una tregua que ha reducido el estruendo de la guerra, pero no ha devuelto a sus habitantes una vida decente.

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