Día de Europa
Anna Melekh, estudiante ucraniana: "El programa Erasmus ayuda mucho a crear la identidad común y es un mecanismo de paz"
La joven ucraniana Anna Melekh explica a EL PERIÓDICO su experiencia con el programa Erasmus+, que le abrió las puertas a un futuro profesional mucho más amplio a pesar de la guerra en la que está inmerso su país desde febrero de 2022
Este artículo forma parte de un proyecto ganador del Premi Talent Jove de Periodisme Europeu 2026, que otorga la APEC junto con la Fundació Catalunya Europa y EL PERIÓDICO

La ucraniana Anna Melekh, en una imagen cedida. / EL PERIÓDICO
Neus Aldeguer Turiera-Puigbò
Con 20 años, en 2024 Anna Melekh salió por primera vez de Ucrania para hacer un Erasmus+ en Iași, Rumanía. Estudiaba Filología Inglesa y Alemana en Ternopil y, aunque la guerra ya hacía dos años que había estallado, decidió marcharse para ver otras maneras de enseñar y descubrir a qué quería dedicarse. La experiencia le cambió la vida: después del Erasmus en Rumanía hizo otra estancia de movilidad en Polonia y desde entonces ha participado en varios programas internacionales para jóvenes europeos. Hace un año y medio entró a formar parte de la red de estudiantes más grande de Europa, la Erasmus Student Network (ESN), que le abrió las puertas a un futuro profesional mucho más amplio del que se había planteado. Pero también vivió el Erasmus+ con una carga emocional que la mayoría de estudiantes europeos no conocen: el miedo constante por los suyos, el contraste con la vida en paz y la presencia de la guerra en cada paso.
¿Qué te llevó a tomar la decisión de irte de Erasmus?
En mi casa no teníamos muchos recursos y de hecho yo podía ir a la universidad gracias a tener una beca. Quizá por eso no me había planteado nunca la opción de hacer un Erasmus. No pensaba que yo pudiera llegar a participar en un programa así. Pero en cuanto descubrí que tenía la posibilidad de conseguir una beca de la Unión Europea y con el plus de Inclusividad por la situación de guerra, no me lo pensé dos veces. Y qué suerte, porque mi vida cambió por completo.
¿Cuál fue el mayor choque al llegar a tu ciudad de destino en Rumanía?
El silencio. La ausencia de bombas, de sirenas, de drones sobrevolando la ciudad. En Ternopil, incluso en la parte occidental, las alarmas forman parte de la rutina. En la residencia de estudiantes donde vivía en Ucrania antes de irme, teníamos que bajar corriendo desde el décimo piso cada vez que sonaba la alarma. En Rumanía, en cambio, había calma. Y esa calma, al principio, me resultaba muy extraña.
¿Cómo viviste el hecho de marcharte de Ucrania en plena guerra para irte de Erasmus?
Aunque en 2021 ya me había ido a estudiar la carrera fuera de casa, antes del Erasmus nunca había salido de mi país. Cruzar la frontera por primera vez fue impactante. En Rumanía me sentí segura, pero no podía “desconectar” como lo hacían los otros estudiantes de Erasmus. Yo estaba pendiente de las noticias cada día, comprobando si había habido bombardeos cerca de casa. Echaba mucho de menos a mi familia y al principio fue bastante duro.
¿Cómo ha influido la guerra en tu manera de vivir los problemas cotidianos?
Cuando has vivido situaciones de crisis en un contexto de guerra, los problemas pequeños dejan de parecer problemas. En el Erasmus, algunos compañeros se quejaban de tener que ir a hacer la compra al supermercado, de gestiones con el alojamiento o con la documentación. Nosotros, por lo que más nos preocupábamos era por nuestra seguridad, lo demás no lo veíamos como problemas. Pero, al fin y al cabo, es normal, no puedo culparles, porque todo el mundo tiene sus preocupaciones según el contexto que le ha tocado vivir. Y yo, evidentemente, no le deseo a nadie nuestros problemas, la guerra.

Anna Melekh, en el Parlamento Europeo en Estrasburgo. / EL PERIÓDICO
¿En qué te sentías diferente del resto de estudiantes de Erasmus que conociste en Rumanía?
Si algo hemos conseguido los ucranianos 'gracias' a la guerra es una capacidad de adaptación muy rápida. Mi padre, por ejemplo, está en el frente desde que empezó el conflicto. Solo lo vemos dos veces al año, durante un máximo de 15 días. Y ha habido periodos en los que no hemos podido hablar con él durante meses, porque estaba en zonas sin cobertura. No me ha visto graduarme, no ha visto crecer a mi hermano, que tenía 13 años cuando se fue y ahora tiene 16. Es duro, pero es la realidad de casi todas las familias del país.
Hace unos días, por ejemplo, estuve en Croacia, en el Erasmus Generation Meeting (EGM), y una de nuestras delegadas ucranianas recibió una llamada de que en casa de sus padres había habido un ataque con misiles. Y mientras el resto de gente estaba feliz y bailando por la celebración, nosotras teníamos ese contraste al mismo tiempo, en el mismo lugar. Pero no podía culparlos, porque es su vida también, tienen derecho a hacerlo. Pero sí, el contraste es visible.
¿Crees que muchas veces la guerra es un tema tabú?
Yo siento que con estos años de guerra he perdido sensibilidad. Y no es algo solo mío, nos ha pasado a todos los ucranianos. Pero creo que es importante recordar que no estamos cerrados emocionalmente por gusto, sino porque vivimos en un contexto de conflicto. Hay mucha gente a la que le cuesta hablar del tema, pero creo que es importante que nos hagan preguntas. A mí, aunque sea una situación delicada, me gusta poder explicar lo que vivimos.
¿Te has sentido comprendida y acompañada por los otros estudiantes de Erasmus?
Generalmente, sí. La mayoría de gente te escucha, aunque no entienda tu situación. Pero también he encontrado personas que negaban directamente la guerra. Cuando alguien me decía que "Rusia no ha invadido Ucrania", yo solo podía responder: "Entonces, ¿qué hace mi padre en el frente?". Por eso creo que es importante escuchar y utilizar el pensamiento crítico.
¿Qué te dio el Erasmus más allá de los estudios y la experiencia de vivir en otro país?
Cuando digo que me cambió la vida, quiero decir que me hizo querer experimentar más cosas fuera, me abrió la mente. Después de mi estancia en Rumanía me uní como voluntaria a la Erasmus Student Network, y ahora soy coordinadora de Educación en la junta nacional de Ucrania. Nos dedicamos a ayudar a los estudiantes ucranianos que se van a estudiar fuera con todo lo que necesiten y explicamos la situación de nuestro país al mundo. Con ellos he participado en varios proyectos diferentes y también he hecho otras estancias dentro del programa Erasmus más cortas. De hecho, me ayudó mucho formar parte de esta comunidad cuando me fui de Rumanía, porque aunque volviera a estar en mi país, en plena guerra, y con la depresión post-Erasmus, sentía que tenía una familia de personas de todo el mundo que me apoyaban.

Encuentro de estudiantes de la Erasmus Student Network (ESN). / EL PERIÓDICO
Después de la experiencia Erasmus, ¿te planteas volver a irte para estudiar o trabajar fuera?
No niego la posibilidad de volver a irme para hacer unas prácticas o incluso para estudiar un segundo máster, pero tengo claro que quiero volver a Ucrania y ayudar a reconstruir la educación en el país una vez acabe la guerra. Desde ESN estamos trabajando de cerca con las universidades ucranianas preparándolas para los programas de movilidad después del conflicto. Queremos que Ucrania pueda llegar a ser un destino común para los estudiantes europeos, que jóvenes de todo el mundo vengan a formarse en nuestro país.
¿Cómo de difícil es empezar a preparar todo lo que queréis hacer de cara al futuro sin saber con certeza cuándo acabará la guerra?
Creo que eso es precisamente lo que nos motiva a seguir haciéndolo. De la misma manera que hemos continuado viviendo nuestra vida a pesar del conflicto. Tenemos esperanza de que acabará pronto y queremos hacer todo lo posible para que así sea, es lo que nos ayuda a seguir. Intentamos exponer nuestras necesidades y hacer contactos con la gente que podrá ayudar a reconstruir Ucrania en un futuro. Es precisamente el pensar que la guerra acabará lo que nos hace dar muchos pasos que ayudarán a que esta guerra termine. Si no, un día nos encontraremos con la paz de repente y no estaremos preparados para nada.
¿Cómo ha cambiado tu manera de ver Europa y la identidad europea?
Antes del Erasmus no me lo había planteado nunca. Pero después de estar en el extranjero y de dos años de voluntariado, siento que formo parte de algo mucho más grande, de una comunidad. Comparto valores con muchos jóvenes europeos, como el desarrollo, la educación, la libertad... Y creo que los intercambios ayudan mucho a crear esta identidad común y me atrevería a decir que son también un mecanismo de paz.
¿Qué te gustaría que los jóvenes europeos entendieran sobre la situación en Ucrania ahora mismo?
Que no hace falta saberlo todo, pero sí escuchar. Que la guerra es real y afecta diariamente cada aspecto de nuestra vida. Y que, a pesar del dolor, seguimos pensando en el futuro, reconstruyendo, estudiando y trabajando. Que la resiliencia es lo que nos mantiene vivos.
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